23/04/2026
Un hombre con ropa sencilla y zapatos sucios entró a una lujosa tienda de cosméticos.
—Disculpe, quisiera ver ese set de maquillaje. Es para mi hija, hoy cumple 15 años.
La dueña se rio con desprecio:
—Ese set es muy caro. Mejor vaya a la tienda barata de la esquina.
Pero María, la vendedora, se acercó con una sonrisa amable:
—Yo le ayudo con gusto, señor. ¿Cómo se llama su hija?
Preparó el set con cariño, lo envolvió con cinta de satén y añadió un toque de perfume.
El hombre le dijo emocionado:
—Usted es la primera persona hoy que no miró mis zapatos sucios, sino mi corazón.
Luego le entregó un sobre:
—Aquí hay 5.000 dólares. Soy el dueño de la gran plantación de soja a la entrada de la ciudad. Hoy vine vestido así para ver quién aún tiene un corazón puro.
En casa, María abrazó a sus hijos con lágrimas:
—¡Hay carne, fruta y yogur! Dios escuchó nuestra oración.
El mundo juzga por tu apariencia.
Dios honra tu corazón.
¿Crees que Dios puede cambiar tu historia hoy como cambió la de María?
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