22/03/2026
Bloque 25 — La espera mortal
Dentro del Bloque 25, las condiciones eran diseñadas para degradación máxima: ventanas con rejas, puertas selladas, sin letrinas ni agua, sin comida durante días. Mujeres, desnudas o con harapos, se acurrucaban en literas o en el suelo, sufriendo disentería, deshidratación y desesperación. Los gritos resonaban mientras algunas enloquecían o intentaban suicidarse. Era un “infierno de espera”, donde la esperanza titilaba y moría rápidamente. Al amanecer, los camiones llegaban: las condenadas eran cargadas como mercancía hacia los Crematorios II o III, donde debían desnudarse bajo golpes antes de entrar a las cámaras de gas. Después, el Sonderkommando retiraba los cuerpos; las cenizas se arrojaban al Vístula o en los campos cercanos.
Para mediados de 1944, el Bloque 25 —el “bloque de la muerte” en sector BIa—se convirtió en el centro de la exterminación diaria. Las selecciones hospitalarias en los barracones del Revier se intensificaron: médicos de las SS, apoyados por Aufseherinnen, inspeccionaban los pabellones enfermos varias veces a la semana, condenando a cualquiera con tifus, edema por hambre, fiebre persistente o simple fragilidad visible. Cientos, a menudo entre 400 y 800, eran desnudadas, rapadas y trasladadas bajo guardia hacia el Bloque 25.
Las mujeres restantes observaban en silencio mientras sus compañeras eran conducidas hacia la muerte. Cada mirada era un recordatorio de la indiferencia mecánica del régimen, y cada respiración, un acto de resistencia silenciosa. Permanecer viva se volvió un testimonio de supervivencia, y cada bloque, una memoria grabada de horror.