12/04/2026
El criminólogo Rafael Salillas acuñó en 1898 el término “JUELGA”. No se trataba de una errata, sino de una mezcla entre la ‘JUERGA’ y la ‘HUELGA’. Y no servía para hablar algo así como de esa idea naif de rebeldía festiva que se popularizara hace algunos años (afortunadamente ya abandonada), sino para señalar un conglomerado de holgazanes, delincuentes, de hampa con humos nobiliarios y... flamencos. Una versión radical del antiflamenquismo de la que Samuel Llano extrae una sugerente lectura en clave política en su fundamental libro “Notas discordantes. Flamenquismo, músicas marginales y control social en Madrid, 1850-1930”.