10/06/2025
Leer a Mario Vargas Llosa:
En esa primera etapa como lector, que pasaba de novela en novela, tanto de Vargas Llosa como de otros autores, el estilo variaba bastante más en las suyas que en las del resto: las voces narrativas, las estructuras, el tono y también los temas. Vargas Llosa parecía el mago con más conejos en la chistera en ese de concurso de magos en lengua española. El autor desaparecía, se borraba, de modo que la acción, los personajes, los escenarios y los contextos cobraban relieve. Quizá la novela en la que más patente quedó todo esto fue La casa verde. Desde el arranque plantea una gran dificultad, que con esfuerzo (releyendo líneas, a veces párrafos o capítulos enteros —el primero lo he leído por puro placer muchas veces—, regresando a buscar datos, o a apuntar nombres de personajes y de lugares) poco a poco, se va despejando hasta que en determinado momento nos hemos hecho con los recursos, con los saltos temporales, con el discurso indirecto libre, con los diálogos intercalados, etc.
El lenguaje da la impresión de representar mejor que nada la jungla, una en la que al principio nos adentramos con aprensión y que, sin imaginárnoslo, empezamos a entender, a descifrar, para finalmente convertirnos en parte de ella. El esfuerzo ha dado paso a la fluidez de un río. Si bien el enjambre de personajes y acciones que tienen lugar pueden dejar con el tiempo una idea borrosa, la intensidad de lo narrado ha quedado para siempre en nuestra memoria, la sensación de haber penetrado una realidad compleja, llena de injusticias e iniquidades, que a través de la ficción hemos vivido de manera vicaria, arrogándonos la calidad de testigos.
Ernesto Escobar Ulloa. Perú.