13/09/2026
🔥 OVIEDO, 48 HORAS QUE DEBERÍAN HACERNOS PENSAR
El viernes vimos algo que jamás debería normalizarse en una democracia.
Dos personas acabaron agredidas en pleno Oviedo.
Insultos.
«Rojos de mierda».
«Arriba España».
Un saludo n**i.
Ayer, miles de personas salieron a la calle para decir BASTA.
Y hoy empieza el siguiente capítulo: desde Vox en Asturias denuncian que quieren «demonizar», «amedrentar» y hacer callar a su partido después de que aparecieran pegatinas alrededor de su sede.
Perfecto.
Toda intimidación debe condenarse. También esa.
Pero precisamente por eso conviene hacerse una pregunta incómoda:
¿QUIÉN ESTÁ AYUDANDO A CONVERTIR LA POLÍTICA EN UNA GUERRA?
Porque apenas unas horas antes de todo esto habíamos escuchado en la Junta General hablar de «mafias», «ultraizquierdistas», personas enviadas para «coaccionar», «inmigrantes ilegales», «MENAS» y hasta de que el PSOE había cambiado a «los nietos de los obreros asturianos» por «los nuevos nietos de su partido».
Y después, cuando la tensión explota en la calle, parece que nadie conoce de dónde salió tanta gasolina.
No.
Nadie puede responsabilizar a un político de un puñetazo que no ha dado.
Pero tampoco podemos fingir que las palabras pronunciadas desde una tribuna pública desaparecen en el aire.
Durante años hemos normalizado llamar:
«traidor» al presidente.
«mafia» al adversario.
«enemigo» al que piensa diferente.
«rojo» a uno.
«facha» al otro.
Quemamos figuras de políticos. Los insultamos. Los deshumanizamos. Convertimos cada debate en una guerra entre dos Españas.
Y luego nos sorprendemos cuando un joven entiende que al adversario político ya no hay que discutirle: hay que enfrentarse a él.
Esto no empezó el viernes en Oviedo.
Llevamos demasiado tiempo sembrándolo.
Porque hay una diferencia enorme entre ser de derechas y ser fascista. Millones de españoles votan a la derecha y respetan perfectamente la democracia y a quien piensa distinto.
Precisamente por ellos tampoco deberíamos permitir que el extremismo convierta toda la derecha en un griterío permanente.
Hoy desde Vox se pide que no se demonice a su formación.
De acuerdo.
Pero entonces exijamos el mismo principio para todos.
Que no se demonice al inmigrante.
Que no se demonice al socialista.
Que no se demonice al que protesta.
Que no se demonice al que discrepa.
Porque la libertad de expresión no consiste en exigir respeto solo cuando el insulto llega a tu puerta.
Consiste también en practicarlo cuando tienes un micrófono delante.
🇪🇸 Y esta es la pregunta que dejamos hoy abierta:
¿LOS POLÍTICOS SON SOLO RESPONSABLES DE SUS ACTOS… O TAMBIÉN DE LAS CONSECUENCIAS DEL CLIMA QUE AYUDAN A CREAR CON SUS PALABRAS?
Os leo.
Pero intentemos demostrar precisamente aquello que parece que estamos perdiendo:
se puede discutir sin odiarse.