14/11/2025
En mi casa, el invierno no se enfrenta: se acompaña.
Y mi botiquín no es de pastillas, sino de plantas que he ido recolectando a lo largo del año, cada una con su historia y su fuerza.
Aquí guardo pasiflora para calmar la mente inquieta, cola de caballo para fortalecer lo que el frío desgasta, ortiga que despierta la sangre, milenrama que ordena y protege, flores de saúco para cuando la garganta tiembla, helicriso que acaricia la piel, hinojo que alivia el vientre, árnica para los golpes del cuerpo y del alma.
Estás plantas me enseñan que el invierno también es un lugar fértil.
Este pequeño altar de frascos es mi forma de recordar que el cuerpo pide, la tierra sabe, y las plantas hablan cuando aprendemos a escucharlas.
Sanar con plantas no es un acto mágico, aunque a veces lo parezca, no es medicina alternativa, de hecho es la medicina tradicional.
Es un diálogo antiguo.
Un pacto.
Un volver al ritmo lento y honesto de lo esencial.
Tú también puedes encontrar tu propia medicina en la naturaleza.
En una infusión caliente, en un ungüento hecho a mano, en un paseo por el bosque donde todo, incluso lo dormido, sigue latiendo.
Os dejo el listado de las plantas que me cuidan recolectadas en mis bosques o como tributo de tierras lejanas porque quien me conoce sabe que traerme de sus viajes:
Lavanda, menta, Raiz de consuelda, raíz de bardana, corteza de saúco, corteza de roble, hojas de avellano, pulmonaria, violetas, madreselva, gordolobo, hipérico, flores de saúco, romero, tomillo, ortiga, cola de caballo, tila, milenrama, helicriso, espino blanco, hinojo, yopo, hoja de coca, cacao, ma*****na, raíz de eguzkilore.
Además de mieles caseras, aceites esenciales, palo santo, copal, incienso natural y sahumerios de los restos de las recolectas.
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