23/09/2026
EL NARCOTRÁFICO SIGUE GANANDO TERRENO EN MÁLAGA, SEGUNDO TIROTEO EN MENOS DE UNA SEMANA.
Dos tiroteos en apenas unos días en Málaga capital deberían servir para algo más que para ocupar durante unas horas las páginas de sucesos. Deberían encender todas las alarmas.
El pasado viernes, un joven de 20 años fue tiroteado a plena luz del día en la zona de Barcenillas y murió posteriormente en el hospital. Tres personas fueron detenidas y la investigación quedó en manos de unidades especializadas en dr**as y crimen organizado.
Apenas unos días después, un hombre de 47 años resultó herido de bala en una terraza de un restaurante del Muelle Uno.
Y esto ocurre después de que ya se hubiera investigado otro tiroteo en Monte Pavero, a finales de agosto, donde aparecieron impactos de bala en un vehículo.
¿Son todos estos casos consecuencia directa del narcotráfico? No sería serio afirmarlo sin que las investigaciones lo determinen. Pero tampoco sería responsable contemplarlos como simples hechos aislados y pasar página.
Durante años, cuando se hablaba de violencia vinculada al crimen organizado y al narcotráfico en la provincia, la mirada se dirigía principalmente hacia Marbella, Estepona, la Costa del Sol Occidental o el entorno del Campo de Gibraltar. Sin embargo, la realidad demuestra que el fenómeno no entiende de límites municipales.
La propia Fiscalía ha advertido de la presencia en Málaga de organizaciones criminales cada vez más violentas y sofisticadas, relacionadas con grandes operaciones de narcotráfico, blanqueo de capitales y tráfico de dr**as.
Mientras tanto, las armas aparecen cada vez más cerca de espacios cotidianos, calles, barrios y zonas donde cualquier ciudadano puede encontrarse en medio de una situación violenta.
La inseguridad no empieza cuando una ciudad se convierte en un territorio dominado por bandas. Empieza cuando los vecinos empiezan a asumir los disparos, las persecuciones y la presencia de organizaciones criminales como algo que forma parte de la normalidad.
Málaga no puede permitirse llegar a ese punto. La respuesta no puede limitarse a detener a los responsables después de cada tiroteo. Hace falta prevención, investigación, medios policiales suficientes y una estrategia específica contra las organizaciones criminales que operan en la provincia.
Porque si el narcotráfico y el crimen organizado consiguen ampliar su radio de acción desde determinados puntos de la Costa del Sol hasta el corazón de Málaga capital, el problema ya no es exclusivamente policial. Es un problema de seguridad ciudadana.
Y mirar hacia otro lado esperando que cada tiroteo sea un caso aislado no hará que desaparezcan. Málaga merece que las autoridades actúen antes de que la violencia termine convirtiéndose en algo natural de nuestro paisaje.