02/12/2025
Hay historias que no solo se cuentan… se sienten.
La de Araceli Ordaz “Gomita” es una de ellas.
Después de años bajo luces, cámaras, escándalos y opiniones, ella descubrió algo que ningún aplauso pudo darle: paz verdadera.
Y lo encontró donde todos podemos encontrarlo… en Dios.
Este fin de semana, Gomita compartió públicamente su bautismo por inmersión. No como un acto religioso, sino como una declaración valiente:
“Dios ha llenado cada vacío en mi vida. Aprendí a depender solo de Él.”
Con estas palabras, miles se detuvieron a leer. Otros lloraron.
Porque su mensaje nos recordó algo que nuestra alma a veces olvida:
nadie está demasiado lejos como para que Dios no lo alcance.
Ella dejó atrás lo que no la acercaba a su propósito.
Reconoció lo difícil del camino.
Dijo la verdad que pocos se atreven a decir viviendo frente a millones:
la lucha existe, pero Dios sostiene.
Su bautismo fue más que agua.
Fue renacer.
Fue decirle al mundo
“Sí, sigo a Cristo. Sí, quiero vida eterna. Sí, Él me transformó.”
Y quizá eso es lo más hermoso de todo este testimonio:
Que Dios sigue llamando.
Que Dios sigue restaurando.
Que Dios sigue abriendo caminos en vidas que parecían demasiado rotas, demasiado expuestas, demasiado señaladas.
Hoy, gracias a la valentía de Gomita, miles están recordando que Dios es lo más importante.
Que ningún pasado invalida un nuevo comienzo.
Que nadie está fuera del alcance del cielo.
Si su historia te tocó, compártela.
Tal vez alguien necesita recordar que sí…
todavía hay esperanza. ✨