28/01/2026
El objeto fuera de tiempo
La campanilla de la puerta sonó con un tintineo oxidado cuando entré, huyendo de la lluvia repentina que azotaba la ciudad. La tienda, "Antigüedades Cronos", olía a papel viejo, cera de velas derretidas y tiempo estancado.
No había nadie en el mostrador. Solo el sonido rítmico y casi hipnótico de cientos de relojes de péndulo marcando segundos distintos. El polvo flotaba en el aire, denso, atrapado en los pocos rayos de sol que lograban atravesar el escaparate sucio.
Empecé a caminar entre los pasillos estrechos, esquivando muebles victorianos y estatuas de bronce con ojos vacíos. Todo allí parecía llevar mu**to al menos un siglo. Todo, menos una cosa.
En el centro de una mesa de roble, rodeado de brújulas marítimas rotas, había algo que no encajaba. Era un error en la realidad.
Un teléfono inteligente.
No era un modelo antiguo. Parecía tecnología de dentro de diez años. Su pantalla, sin biseles ni grietas, estaba encendida con un brillo azulado que cortaba la penumbra de la tienda. Me acerqué, sintiendo una atracción magnética.
La pantalla mostraba una aplicación de mapas, tipo GPS. Pero el mapa no era de esta ciudad. Las calles formaban espirales imposibles, los nombres de las avenidas estaban escritos en un alfabeto que mi cerebro no lograba descifrar, y el punto azul que indicaba "Tu Ubicación" parpadeaba frenéticamente justo en el centro de la tienda.
Levanté la mano para tocarlo. El cristal estaba frío, mucho más frío que el aire de la tienda. Justo antes de que mi dedo rozara la pantalla, una notificación emergió en la parte superior.
Decía simplemente: Recalculando ruta hacia el año 2035. Por favor, espere.
El suelo bajo mis pies tembló ligeramente. Y entonces, todos los cientos de relojes de la tienda dejaron de hacer tictac al mismo tiempo. El silencio fue ensordecedor.
Miré hacia la puerta por la que había entrado. A través del cristal sucio, la lluvia se había detenido en el aire. Las gotas estaban congeladas, suspendidas a mitad de caída.
El anciano dueño de la tienda salió de la trastienda, limpiándose las gafas con un pañuelo. Me miró, luego miró el teléfono, y suspiró con cansancio.
—Le dije al último viajero que no olvidara sus cosas —murmuró el anciano—. Ahora tendré que reiniciar el martes. Disculpe las molestias, joven.
Y antes de que pudiera preguntar nada, el anciano chasqueó los dedos.
👇 ¿Si pudieras viajar en el tiempo usando ese celular, irías al pasado para arreglar algo o al futuro para ver qué pasa? Te leo en los comentarios.