05/08/2026
El Señor continuó hablando con Job y le dio la oportunidad de responder y reconocer su equivocación. Job había deseado comparecer delante de Dios para exponer su caso y reclamar por qué sufría tanto siendo, según él, inocente. Sin embargo, cuando el Señor comenzó a revelarle su grandeza, sabiduría y poder, Job comprendió lo limitado de su entendimiento.
Dios le preguntó: “¿Corregirá al Todopoderoso quien contiende con Él?”. Deslumbrado por la majestad divina, Job dejó de justificarse y solo pudo decir: “Soy indigno; mejor me callo”. Se postró humildemente delante del Señor y reconoció que no tenía nada más que decir en defensa propia.
El propósito de Dios no era avergonzarlo, sino conducirlo a una experiencia más profunda con Él. El Señor le preguntó: “¿Tienes un brazo tan poderoso como el mío? ¿Puede tu voz tronar como la mía?”. Luego le habló de Behemot, una de las grandes criaturas de la creación, mostrando una vez más el inmenso poder del Creador.
¿Es sabio contender con el Omnipotente? Con esta pregunta, Dios le dio a Job la oportunidad de reconocer su completa ignorancia y su incapacidad para comprender plenamente los caminos divinos.
Después de escuchar las profundas preguntas de Jehová, Job entendió que nadie puede instruir al Dios que creó la naturaleza y el universo entero. El ser humano, por más conocimiento que posea, siempre será limitado frente a la infinita sabiduría del Creador.
Dios también desafió a Job a revestirse de los atributos divinos. En este pasaje se mencionan cuatro: majestad, alteza, honra y hermosura. Le mostró que, si pudiera ejercer una justicia perfecta, humillar a los soberbios, abatir a los impíos y juzgar sin cometer ninguna injusticia, entonces podría salvarse por sí mismo. El mensaje era claro: solo Dios posee la autoridad, la justicia y el poder para gobernar con absoluta perfección.
Hoy, muchas personas —hombres y mujeres, instruidos e ignorantes, ricos y pobres— viven como si pudieran cuestionar a Dios o corregir la manera en que gobierna el mundo. Sin embargo, el libro de Job nos recuerda que nuestra mayor sabiduría no consiste en discutir con el Creador, sino en confiar en Él, aun cuando no comprendamos todas las circunstancias de la vida.
Mejor seamos humildes delante de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Reconozcamos hoy nuestras limitaciones, vivamos rectamente y permitamos que Él dirija cada uno de nuestros pasos con su infinita sabiduría y amor.