21/06/2026
El Eco del Caldero:
-El viento de la llanura soplaba con fuerza, agitando el largo cabello de Eleanor bajo la fría luz de una luna creciente.
- Esa noche, la silueta de Eleanor se recortaba contra la niebla como una sombra eterna, pero en su corazón solo había un deseo ferviente: renunciar a la brujería.
-Anhelaba una vida común, el calor de un hogar sencillo y el olvido de los susurros ancestrales que llenaban su mente.
-Decidida a escapar de su destino, Eleanor enterró su grimorio, quemó sus hierbas rituales y huyó hacia un pequeño pueblo costero donde nadie conocía su pasado.
- Adoptó el nombre de Elena, consiguió un empleo en la panadería local y comenzó a tejer una rutina ordinaria.
-Durante los primeros meses, la paz pareció abrazarla; disfrutaba del olor a pan fresco y de las conversaciones triviales con los vecinos sobre el clima o las mareas.
-Sin embargo, el destino de una bruja no se borra con un cambio de nombre.
-El primer indicio se presentó en el invierno, cuando la panadera sufrió una terrible quemadura; Elena, por puro instinto, sopló sobre la herida y la piel se curó instantáneamente, dejando a su jefa mirándola con una mezcla de gratitud y sospecha.
-Luego vinieron los sueños: la luna creciente la perseguía en sus noches de insomnio, y el viento en las ventanas parecía pronunciar su verdadero nombre con insistencia.
-El horror definitivo se desató un año después de su llegada, cuando una extraña peste comenzó a marchitar los cultivos y a enfermar a los niños del pueblo.
-Los lugareños, consumidos por la paranoia y el miedo, empezaron a buscar culpables en las sombras, y las miradas acusadoras no tardaron en posarse sobre la misteriosa mujer que nunca hablaba de su procedencia.
-Elena intentó ignorar el llamado de la magia que bullía en sus venas, negándose a intervenir para proteger su fachada de normalidad.
-La culpa y el terror la asfixiaron una noche de tormenta, al escuchar los llantos de agonía que provenían de las casas vecinas.
-Al mirarse al espejo, vio que sus ojos reflejaban la misma luz plateada de la luna y comprendió, con horror, que su negativa a usar su poder solo estaba alimentando la maldición del pueblo, como un castigo por dar la espalda a su linaje.
-No había escape posible; la vida común que tanto había deseado era una ilusión que se desmoronaba ante la fuerza implacable de su naturaleza.
-Aceptando finalmente su oscuro llamado, Eleanor caminó descalza hacia la llanura envuelta en la niebla, recuperando la silueta que alguna vez intentó borrar.
- Al levantar las manos hacia la luna creciente, la peste cesó de inmediato, pero el pueblo jamás volvió a ver a la panadera Elena.
-En su lugar, supieron que en los límites de la civilización habitaba una presencia eterna, una bruja que pagó el precio de recordar que el destino no se puede enterrar.
Sultan del terror CH