01/06/2026
¿VENADOS FC: HÉROE O VILLANO?
Aquí hay una novela que ya se está poniendo buena… y el protagonista incómodo se llama Venados FC.
Resulta que Club Deportiva Venados está a nada de llegar a la Liga de Expansión. Según lo que se ha señalado, el club ya tendría cerca del 90% de los requisitos cumplidos para jugar en la llamada liga de plata del futbol mexicano.
Pero falta una pieza clave: acreditar un estadio adecuado para la categoría.
Y ahí es donde entra el problema.
El estadio que podría abrirles la puerta es el Carlos Iturralde Rivero, inmueble ubicado en la colonia Morelos, utilizado actualmente por Venados FC bajo la figura de comodato. Deportiva Venados necesitaría una carta donde se declare que ambos equipos podrían compartir el estadio.
Suena sencillo, ¿no?
Pues no.
Al parecer, la respuesta de Venados FC no ha llegado, o simplemente no ha sido favorable. Y esa negativa hoy tiene en la lona las aspiraciones de Deportiva Venados de jugar en la Liga de Expansión.
Pero aquí viene lo interesante: si el estadio es propiedad del Estado, como se ha señalado, ¿por qué un equipo tendría el poder de cerrarle la puerta a otro proyecto yucateco?
Peor aún: según versiones relacionadas con Deportiva Venados, el famoso comodato no aparece con claridad en archivos públicos. No se encuentra fácilmente el documento que explique bajo qué condiciones Venados FC utiliza ese inmueble.
Y cuando no hay claridad, aparece la sospecha.
La disputa por el estadio también revivió viejas rencillas entre ambos proyectos, incluyendo aquella pelea por el nombre de Venados de Yucatán. Las aficiones, que de por sí nunca han sido precisamente hermanas, ahora están más divididas que nunca.
Y siendo sinceros: Yucatán no parece tener hoy una afición futbolera suficientemente fuerte como para sostener dos proyectos profesionales compitiendo por el mismo público.
El Carlos Iturralde tiene capacidad para más de 15 mil personas, pero en los últimos años Venados FC ha jugado ante entradas muy bajas. En los últimos dos años, el promedio apenas rondaría los 3,500 asistentes por partido. Muy lejos de aquellos años donde se reportaban promedios cercanos a los 6,400 aficionados, como en la temporada 2015-2016.
Es decir: Venados FC juega cada 15 días con apenas una fracción del estadio ocupado.
Ahora, la gran pregunta es: si Deportiva Venados juega ahí, ¿llenaría más?
La respuesta incómoda probablemente es no.
Y no porque sea mal equipo. Deportiva Venados ha hecho méritos deportivos, ha trabajado fuerzas básicas, ha ganado en la cancha y tiene un proyecto serio. Pero también hay que decirlo: al venir de Liga Premier, todavía no tiene un arraigo masivo en la afición yucateca.
Su estadio en Tamanché tiene capacidad aproximada para 2,500 personas y tampoco se llena cada partido. En 2026, sus entradas habrían estado entre 500 y 1,000 asistentes, además de que muchos de esos accesos no representan una taquilla como la de Venados FC, donde los boletos suelen rondar entre los 100 y 150 pesos.
Entonces sí: la lucha de Deportiva Venados es legítima.
Pero también queda una pregunta dura: si año con año estaban buscando ascender, ¿por qué no se resolvió antes el tema del estadio?
Porque adaptar el Alonso Diego Molina a los requisitos de la Liga de Expansión sería una inversión enorme. Se habla de una capacidad cercana a los 15 mil lugares, y eso no se improvisa de un torneo a otro.
Pero también es cierto: ¿cómo construyes un proyecto con la esperanza de que te presten un estadio que ya está prestado a otro equipo?
Ahí hay responsabilidad de ambos lados.
Por un lado, Deportiva Venados necesita más afición, más empuje, más estructura comercial y una base social más grande. No basta con ganar en la cancha. Para estar en la liga de plata se necesita más que una franquicia, más que jugadores, más que un campeonato y más que ilusión.
Pero por el otro lado, la negativa de Venados FC deja una imagen complicada.
Porque parece miedo.
Miedo a la competencia.
Miedo a compartir taquilla.
Miedo a que llegue un vecino con hambre, con historia reciente de ascenso y con ganas de quitarle la poca afición fiel que todavía acompaña al equipo cada 15 días.
O quizá el problema no sea el miedo.
Quizá el verdadero problema sea la opacidad del comodato.
Muchos medios han dicho que el estadio es de todos los yucatecos, pero ahí también habría que matizar. Porque si realmente fuera de todos, tendría mantenimiento digno, inversión constante y condiciones adecuadas para una categoría superior.
Pero la realidad es otra.
El Carlos Iturralde cada año recibe apenas una pintada, algunos ajustes menores y poco más. Ningún gobierno ha querido hacerse cargo en serio de modernizarlo. Nadie ha querido invertir de verdad en el inmueble que hoy se convirtió en la manzana de la discordia.
Entonces, ¿de quién es realmente el estadio?
¿Del Estado?
¿De Venados FC?
¿De los yucatecos?
¿O de nadie, porque nadie se hace responsable?
Deportiva Venados tiene hasta el miércoles para presentar la documentación faltante. Si no lo logra, podría quedarse fuera del siguiente torneo de la Liga de Expansión.
Y si eso pasa, la pregunta será inevitable:
¿Venados FC será visto como el equipo que defendió su casa… o como el club que no quiso compartir la pelota?
Porque una cosa es cuidar tu proyecto.
Y otra muy distinta es cerrar la puerta cuando otro equipo yucateco también se ganó en la cancha el derecho de tocarla.
¿Ustedes cómo lo ven: Venados FC está en su derecho o está quedando como el villano de esta historia?