05/07/2026
CUANDO INFORMAR CUESTA LA VIDA: ALEX SERNA Y EL
PRECIO DE DECIR LA VERDAD
Por Mary Louie Doblado
La noticia que hoy enluta a la Costa Grande no solo confirma la muerte de un hombre. Confirma la pérdida de una de las voces más persistentes, incómodas y valientes en la defensa del medio ambiente y del derecho ciudadano a estar informado.
Tras catorce días de permanecer en calidad de desconocido en el Servicio Médico Forense de Zihuatanejo, este domingo fue identificado el cuerpo de Manuel Alejandro Moreno Serna, conocido públicamente como Álex Serna, periodista y activista ambiental, cuyo cadáver fue localizado desde el pasado 22 de junio dentro de un tambo abandonado a un costado de la carretera, entre las comunidades de Arroyo Seco y Coyuquilla, en el municipio de Petatlán.
La identificación fue realizada por un familiar, quien acudió al Ministerio Público para reconocer el cuerpo y realizar los trámites necesarios para darle sepultura en su comunidad natal de San Luis, municipio de Tecpan de Galeana.
-El periodista que eligió ser independiente-
Hace aproximadamente diez años conocí el trabajo de Álex Serna. Nunca tuve la oportunidad de colaborar con él porque eligió el camino del periodismo independiente, mientras muchos de nosotros trabajamos desde distintos medios de comunicación. Sin embargo, esa independencia jamás disminuyó el impacto ni la credibilidad de su trabajo. Al contrario, fue precisamente esa libertad la que convirtió su voz en un referente para cientos de ciudadanos que encontraban en él un espacio donde las denuncias no eran ignoradas.
Su página en redes sociales se convirtió en un archivo ciudadano de denuncias ambientales. Documentó afectaciones a playas, contaminación de cuerpos de agua, tala de árboles, presuntos daños ecológicos, privatización de accesos públicos, proyectos inmobiliarios y desarrollos que, desde su perspectiva, vulneraban la legislación ambiental.
No hablaba desde la especulación. Sus reportajes estaban acompañados de documentos, legislación, fotografías, videos y evidencia que sustentaban sus denuncias. Entendía que defender el medio ambiente también significaba defender el derecho de las futuras generaciones a heredar un territorio digno.
Uno de los temas que siguió con mayor insistencia fue el rescate de Playa Manzanillo y la defensa de los accesos públicos a las playas de Zihuatanejo. También denunció presuntas irregularidades relacionadas con contaminación, extracción de recursos naturales y afectaciones al patrimonio ambiental de la Costa Grande.
Su última publicación, realizada el mismo día de su desaparición, denunciaba la presunta contaminación provocada por una empresa en la comunidad de La Saladita.
Hoy esa publicación adquiere un significado profundamente doloroso.
-Una pérdida que trasciende a una familia-
Hoy su nombre se suma a la larga lista de periodistas asesinados en un país donde muchas veces las carpetas de investigación avanzan con lentitud. Es profundamente doloroso que, una vez más, un periodista pierda la vida por ejercer su profesión.
No corresponde anticipar las conclusiones de la investigación ni señalar responsables sin pruebas. Esa tarea le corresponde a las autoridades. Pero sí corresponde exigir que este crimen sea investigado con absoluta independencia, transparencia y sin espacio para la impunidad. Porque cuando un periodista es asesinado, no solo se pierde una vida, se intenta intimidar a quienes investigan, se trata de callar a quienes denuncian, se intenta sembrar miedo entre quienes todavía creen que la verdad importa y cuando el miedo sustituye a la verdad, toda la sociedad pierde.
Después llegan los comunicados oficiales, los mensajes de condolencias y las promesas de justicia. Pero ninguna declaración devolverá la vida de un hombre que dedicó años a defender aquello que muchos preferían ignorar.
-Un legado que permanecerá-
Álex Serna demostró que el periodismo independiente puede tener el mismo rigor, impacto y la misma credibilidad que cualquier gran medio de comunicación. Su trabajo trascendió porque nació del compromiso con la ciudadanía y con el medio ambiente. Ese será su verdadero legado, no la forma en que murió. Sino la manera en que decidió vivir: investigando, documentando y defendiendo aquello en lo que creía. Hoy no solo exigimos justicia para Álex Serna, exigimos que su caso no quede impune, que se esclarezca qué ocurrió. Exigimos que quienes ejercen el periodismo y defienden causas sociales puedan hacerlo sin temor a perder la vida. Porque informar no es un delito y defender el medio ambiente no debería costar la vida.