11/08/2026
¿Cómo es posible que, todavía hoy, sigamos culpando a las víctimas de la violencia que ejercen los agresores?
Nos indigna profundamente leer comentarios donde se cuestiona qué amistades tenía una mujer, con quién se relacionaba, qué ambiente frecuentaba o qué decisiones tomó, como si alguna de esas circunstancias justificara que alguien decidiera agredirla.
Hace unas semanas, Samantha Rivas fue asesinada en su propio hogar. En nuestra rueda de prensa, incluso escuchamos comentarios que, aunque quizá pretendían ser recomendaciones para cuidarnos, terminaban colocando sobre nosotras la responsabilidad de evitar ser víctimas: “que nos acompañemos a casa”, “que cuidemos con quién nos relacionamos”, “que tengamos cuidado con las personas que nos rodean”.
Pero, ¿en qué momento dejamos de preguntarnos por qué existen personas capaces de asesinar o agredir a otra persona y comenzamos a preguntarnos qué hizo la víctima para que le ocurriera?
Hoy vemos nuevamente comentarios que responsabilizan a una joven que fue brutalmente agredida en su propio domicilio. Una mujer que afortunadamente sobrevivió, pero que hoy enfrenta las consecuencias físicas y emocionales de una violencia que ella no provocó y que jamás mereció.
No hay vestimenta que justifique una agresión.
No hay orientación sexual que justifique una agresión.
No hay identidad de género que justifique una agresión.
No hay amistad, pareja, ambiente, horario, lugar o decisión personal que convierta a una víctima en responsable de la violencia que alguien más decidió ejercer sobre ella.
La responsabilidad siempre es de quien agrede.
Y sí, nos indigna aún más que estos comentarios provengan también de mujeres. Porque seguimos sin comprender que todas las personas somos vulnerables a ser víctimas de violencia, aunque también debemos reconocer que existen comunidades y grupos que históricamente se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.
¿Cuándo vamos a dejar de preguntarle a la víctima “¿qué hiciste para que te pasara?” y vamos a comenzar a preguntarle al agresor “¿por qué decidiste hacerlo?”?
¿Cuándo, desde nuestros hogares, desde las escuelas y desde la crianza, vamos a enseñar que la vida y la integridad de las demás personas se respetan?
Que no se juzga a una persona por cómo viste.
Que no se juzga por a quién ama.
Que no se juzga por su orientación sexual.
Que no se juzga por su identidad o expresión de género.
Que no se justifica la violencia.
No necesitamos enseñarles a nuestras mujeres a vivir con miedo. Necesitamos enseñar a nuestra sociedad a no violentarlas.
Desde La Silla Vacía y desde nuestra comunidad, seguiremos señalando la violencia donde quiera que aparezca y, sobre todo, seguiremos defendiendo algo que debería ser incuestionable:
Nadie merece ser agredido. Nadie merece ser asesinado. Y ninguna víctima tiene la culpa de la violencia que otra persona decidió ejercer sobre ella.