20/07/2026
Hay sueños que nacen en silencio… pero necesitan padres espirituales que crean en ellos para que puedan crecer.
Durante muchos años servimos con lo que teníamos, una bocina prestada, unas bolsas de dulces, muchísimas ganas de ayudar y un corazón dispuesto.
Nunca imaginé hasta dónde Dios llevaría aquel pequeño deseo que nació hace trece años.
Pero hace dos años, Dios escribió un capítulo completamente nuevo en mi vida.
Me permitió caminar bajo la cobertura del Apóstol Tito Greponne y la Pastora Paola de Greponne.
Y fue ahí donde ese sueño dejó de ser solamente una carga en mi corazón para convertirse en una visión compartida.
Así nació oficialmente Sembrando Fe.
Gracias, Apóstol, Gracias, Pastora. No solamente por respaldar un proyecto, gracias por creer en una persona, gracias por confiar en mí, gracias por abrirme espacios para servir.
Gracias por enseñarme que el Evangelio no solamente se predica desde un púlpito, sino también cuando alimentamos al hambriento, abrazamos al que llora, visitamos al olvidado y extendemos la mano al que siente que ya nadie cree en él.
Cada mochila entregada…
Cada juguete…
Cada despensa…
Cada sonrisa…
Cada niño abrazado…
Cada familia bendecida…
Lleva un pedacito del amor de Dios y también del respaldo que ustedes decidieron dar a este ministerio.
Y quiero agradecer también a cada voluntario.
A quienes han donado dinero.
A quienes han donado tiempo.
A quienes han cargado mesas bajo el sol.
A quienes han manejado kilómetros para llegar a un ejido.
A quienes han cocinado.
A quienes han limpiado.
A quienes han servido sin esperar que alguien los mencionara.
Porque Sembrando Fe no tiene un solo rostro.
Tiene el rostro de cada persona que un día decidió decir: “Aquí estoy, Señor. Úsame.”
Hoy miro hacia atrás y entiendo que Dios nunca me llamó solamente a ayudar personas, me llamó a sembrar esperanza.
Y una semilla sembrada en las manos correctas puede cambiar generaciones enteras.
Gracias, Apóstol Tito.
Gracias, Pastora Paola.
Gracias por creer en este llamado.
Y sobre todo…
Gracias, Dios, porque hace trece años pusiste una pequeña semilla en mi corazón, y hoy puedo ver un árbol dando sombra a muchas vidas.
Toda la gloria, la honra y el reconocimiento son para Ti.