13/12/2025
Acceso a la vivienda, ponderación de parámetros.
El acceso a la vivienda en América Latina puede medirse de muchas maneras, pero uno de los indicadores más ilustrativos es el número de años que una persona tendría que destinar íntegramente su salario mínimo para comprar una propiedad. El Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella utiliza este criterio para comparar distintas ciudades de la región. La metodología consiste en calcular cuántos años de ingreso equivalen al costo de un departamento de 100 metros cuadrados, tomando dos variables oficiales: el salario mínimo mensual vigente en cada país y el precio promedio del metro cuadrado publicado para cada ciudad.
Este método no incorpora créditos hipotecarios, ahorros previos, tasas de interés ni subsidios estatales. Es un cálculo directo que expresa la relación entre ingreso mínimo y valor inmobiliario, y sirve para comparar únicamente la presión relativa que ejerce el precio de la vivienda sobre el salario más bajo reconocido legalmente en cada país.
Con estos parámetros, Buenos Aires encabeza la lista con una brecha de 129 años, resultado de la combinación entre un salario mínimo muy reducido en términos reales y un mercado inmobiliario con precios elevados. En Río de Janeiro y Lima, los valores de 65 y 64 años se derivan de una estructura similar: diferencias marcadas entre los salarios mínimos locales y el costo del metro cuadrado en zonas urbanas demandadas.
La Ciudad de México registra 56 años bajo los mismos criterios, mientras que Montevideo y Ciudad de Panamá presentan 46 y 45 años respectivamente, ambos influenciados por un mercado inmobiliario consolidado y un salario mínimo que no compensa totalmente ese nivel de precios. Santiago aparece con 40 años debido a una relación más equilibrada entre ambas variables, aunque aún con un costo elevado de vivienda respecto al ingreso mínimo.
Bogotá muestra 31 años y Quito 22, los valores más bajos de la lista, reflejando un menor precio por metro cuadrado en comparación con otras capitales analizadas, además de un salario mínimo relativamente más competitivo dentro de este indicador específico.
Es fundamental aclarar que este cálculo no representa cuántos años tardaría realmente una persona en comprar una casa, ya que no considera gastos cotidianos, ahorros reales, financiamiento bancario ni políticas de vivienda. Su propósito es estrictamente comparativo: mostrar cuánto se estira el salario mínimo frente al precio de la vivienda en cada ciudad.
Estos datos permiten observar con claridad las diferencias estructurales entre los mercados inmobiliarios de América Latina y evidencian cómo el costo de una vivienda respecto al ingreso mínimo varía de forma significativa incluso entre países vecinos.