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 | Nunca, pero nunca, recojan muñecas o monos de la callePor Ana María Campos“Hola, soy Ana María Campos, y esto nos pas...
19/08/2026

| Nunca, pero nunca, recojan muñecas o monos de la calle

Por Ana María Campos

“Hola, soy Ana María Campos, y esto nos pasó a mi familia y a mí allá por el año 2014. Desde entonces tengo muy claro algo: nunca, pero nunca, recojan muñecas o monos que encuentren tirados en la calle.

En aquella ocasión fuimos entre semana al Callejón Lareño a pasar el rato y echarnos unas cervezas. Íbamos mi entonces esposo, una amiga, mi hermana y mis hijos. Mientras nosotros platicábamos, los niños se metieron a la acequia. De pronto, mi hija llegó con una muñeca de trapo que parecía muy vieja. “Mira, mamá, lo que me encontré”. Le dije inmediatamente que la tirara, pero ella se negó y me explicó que la había encontrado debajo del puente, amarrada con un cordón. La muñeca todavía llevaba algo alrededor del cuello. Cuando la revisé, descubrí que era un listón rojo y me pareció ver que tenía algunas letras. En ese momento no le di importancia. Tiré el listón al agua y dejé que mi hija se quedara con la muñeca.

Esa misma noche, ya en nuestra casa de la colonia Abraham González, ocurrió algo que todavía me pone la piel de gallina. Cerca de la una de la madrugada me levanté al baño y escuché claramente risas y voces. Fui al cuarto de los niños y encontré a mi hija despierta, jugando con la muñeca. Le pregunté qué hacía despierta a esas horas y me respondió que estaba jugando con su nueva amiga. Los días pasaron y la niña continuó jugando con aquella muñeca, a la que comenzó a llamar Tere. Una madrugada, alrededor de las cuatro, volví a escuchar que alguien jugaba en la sala. Pensé que mi hija seguía despierta y, molesta, fui por ella. Cuando le exigí que me entregara la muñeca porque ya estaba harta, mi hija me miró y me dijo: “A Tere no le caes bien”. Aquello me dio miedo. Tomé la muñeca y la tiré al bote de basura. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando salí a tirar la basura, la muñeca ya no estaba. Pensé que alguien la había sacado, pero poco después mi hija volvió a aparecer jugando con ella. Le pregunté de dónde la había sacado y aseguró que siempre había estado en su cuarto.

Lo peor ocurrió esa misma noche. Mientras mi hija veía televisión con la muñeca, me quedé observándola y, según mi recuerdo, la muñeca movió la cabeza para mirar a mi hija. Le pregunté entonces quién era Tere. La respuesta me dejó aterrada: “Es una señora, de tu edad”. Esa noche llevé a mi hija a dormir conmigo y dejamos la muñeca en el patio. Cerca de la medianoche escuchamos golpes en la puerta. Mi esposo tomó un bat y yo un cuchillo. Abrimos, pero no había nadie. La única cosa que encontramos era la muñeca colocada en el umbral. La recogí y nuevamente la tiré a la basura. No habían pasado ni 30 minutos cuando volvieron a tocar, esta vez desde la calle. Al abrir, nadie estaba ahí, pero la muñeca estaba nuevamente junto a la puerta. Fue entonces cuando le conté a mi esposo todo lo que había ocurrido. Él la metió a la casa y la colocó sobre el sillón, diciendo que había que averiguar qué estaba pasando.

Al día siguiente acudí con un pastor de una iglesia cristiana y le conté lo sucedido. Me dijo que quemara la muñeca, orara y posteriormente acudiría a bendecir la casa. Lo hice, pero, según mi experiencia, las cosas empeoraron. Comenzaron a escucharse ruidos, se movían objetos y los trastes llegaban a caer sin explicación. Meses después busqué ayuda con un sacerdote, quien me preguntó qué llevaba la muñeca cuando la encontramos. Le expliqué que únicamente recordaba el listón rojo y entonces recordé que había visto algunas letras. El sacerdote acudió a la casa, oró y realizó una bendición, pero los fenómenos continuaron. Finalmente comenzamos a escuchar una voz que nos decía que nos fuéramos, mientras mi hija también aseguraba que Tere quería que abandonáramos la casa. Terminamos por mudarnos. Era una vivienda rentada y, afortunadamente, aquello se quedó ahí. Desde entonces hemos vivido en otros lugares y jamás volvimos a experimentar algo parecido.

No sé qué era aquella muñeca ni qué ocurrió realmente, pero aquella experiencia me dejó una enseñanza que nunca he olvidado: si algún día encuentran una muñeca, un muñeco o cualquier objeto extraño tirado en la calle, piénsenlo dos veces antes de llevárselo a casa.

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Relato enviado por Ana María Campos.

  La mujer de blanco que flotaba en la carretera Camargo–San Francisco de ConchosBuenas noches, comunidad. Quiero contar...
18/08/2026

La mujer de blanco que flotaba en la carretera Camargo–San Francisco de Conchos

Buenas noches, comunidad. Quiero contarles algo que ocurrió hace tres fines de semana, pero durante todo este tiempo no sabía si compartirlo o no. Me daba miedo que se burlaran de mí o que simplemente no me creyeran. Sin embargo, finalmente me animé a contarlo porque, al cabo, esta publicación va de manera anónima.

Lo que nos ocurrió fue sobre la carretera Camargo–San Francisco de Conchos, pasando la conocida Curva de Chana o Doña Chana; no recuerdo exactamente cómo se llama, pero es algo relacionado con “Chana”.

Era más de la una de la madrugada. Íbamos varias amigas y unos muchachos que nos habían invitado a salir. Habíamos estado dando la vuelta por Camargo cuando uno de ellos recibió una llamada de un amigo que se encontraba en El Tigre y necesitaba que le pasaran corriente a su vehículo. Le pidió que le hiciera el paro. Nos preguntó si jalábamos. Como todavía queríamos seguir con el cotorreo, aceptamos y nos fuimos con ellos.

El trayecto transcurría con normalidad. Íbamos cantando, platicando y riéndonos, hasta que, al pasar por el lugar que mencioné anteriormente, vimos a una mujer vestida completamente de blanco caminando por la orilla de la carretera.

El conductor disminuyó la velocidad. Su amigo le dijo:

—¿Qué haces, güey? A lo mejor necesita ayuda.

Se fueron acercando y bajaron el vidrio del copiloto.

—Buenas noches, ¿necesita ayuda? —preguntaron.

La mujer no respondió. Ni siquiera volteó a mirar.

Volvieron a llamarla, pero continuó caminando sin detenerse, sin girar la cabeza y sin reaccionar ante nuestra presencia. Nosotras íbamos en la parte trasera, en silencio, observando aquella escena que poco a poco comenzó a sentirse extraña.

Entonces una de mis amigas dijo:

—Mira… trae sangre en el vestido.

—No inventes… si es cierto, marquen al 911 —dijo uno de los muchachos.

Tomaron los teléfonos para pedir ayuda, pero la llamada no entraba. No había línea. Intentamos varias veces; yo le pedí a mi amiga que también marcara, pero tampoco pudo. El copiloto hizo lo mismo y el resultado fue igual.

No sabíamos si era por la zona o algún problema con la red, pero en ese momento aquello comenzó a ponernos todavía más nerviosos.

La mujer seguía caminando.

El conductor frenó y decidió bajarse junto con el copiloto para acercarse a ella. Pero apenas unos instantes después regresaron rápidamente al vehículo.

Subieron prácticamente corriendo.

—¡No frieguen! ¡Está flotando! ¡Está flotando! —dijeron completamente aterrados.

Nosotras nos quedamos calladas. El miedo se convirtió en terror.

Esperamos a que la mujer se alejara a una distancia considerable y entonces volvimos a mirar hacia ella. Fue ahí cuando todos nosotros pudimos ver algo que todavía nos cuesta explicar: la mujer realmente estaba flotando sobre la carretera. Sus pies apenas tocaban el suelo.

Yo grité:

—¡Vámonos, vámonos de aquí!

El conductor puso reversa y nos dirigimos de inmediato de regreso a Camargo.

Durante el camino no dejábamos de hablar de lo que acabábamos de presenciar. Todos coincidíamos en lo mismo: habíamos visto a una mujer vestida de blanco que flotaba sobre la carretera, sin tocar completamente el suelo.

En ese momento entró una llamada al teléfono del conductor. Era su amigo, quien seguía esperando que fueran a pasarle corriente. Le explicó que no regresaría por nada del mundo y le contó lo que acababa de suceder.

Su amigo pensó que se trataba de una simple excusa para no ir a ayudarlo.

Pero no lo era.

Nosotros habíamos visto algo que hasta el día de hoy no podemos explicar: una mujer de blanco que flotaba sobre la carretera Camargo–San Francisco de Conchos.

Fue una experiencia que no le deseo a nadie.

Y hay algo que tengo muy claro después de aquella noche: jamás volveré a transitar por esa carretera de noche.

Derechos reservados: Portal Paranormal 648.

  LA ANCIANA DE LA GUARDA RAYA DE CHIHUAHUA-DURANGOBuenas noches, comunidad portalera. Lo que les voy a relatar no se me...
14/08/2026

LA ANCIANA DE LA GUARDA RAYA DE CHIHUAHUA-DURANGO

Buenas noches, comunidad portalera. Lo que les voy a relatar no se me apareció nada de brujería. No, nada de eso. Pero sí es una experiencia que me sucedió y que tiene que ver con el programa de La Mano Peluda, cuando estaba Juan Ramón. ¡Híjola! Esos relatos nos paraban los pelos de punta.

Yo estaba trabajando en Monterrey junto con mi suegro, el cual era cristiano. Un viernes, cuando ya habíamos acabado el trabajo, me dijo: “¿Sabes, Juan? Yo me voy a ir en avión a Chihuahua porque mañana tengo un examen para ser pastor y no he estudiado nada y tengo que estudiar. Tú te tendrás que ir en la camioneta, al cabo ya sabes el camino, no creo que estés tan tonto y te pierdas”.

Yo me emocioné porque en aquel entonces recién había aprendido a manejar. La emoción de irme manejando solo, escuchando mis canciones, era un éxtasis. Muy buena la sensación. Así fue, me fui y lo llevé.

Me dio para echar gasolina, viáticos y para una emergencia. Agarré camino.

Hay algo que aclarar: nosotros habíamos llegado de Chihuahua a Monterrey por el lado de Zacatecas, así que yo conocía ese camino. Pero cuando me tocó regresar de Monterrey hacia Chihuahua, en Saltillo miré una carretera que decía Torreón. Pensé que mejor me iba por ahí y acortaría camino.

Entonces así fue, empecé.

Después de un rato manejando me topé con una carretera que se dividía, pero no tenía ningún señalamiento. Me fui por el carril en el que iba y seguí manejando.

Pero yo no llegaba a ninguna parte.

Ya iban a ser las 6:00 de la tarde y yo había salido a las 3. Yo suponía que ya tenía que haber mirado civilización.

Chequé mi teléfono Nokia, de esos ladrillos que la pila les duraba siglos, pero yo solo tenía una raya y sin señal.

Volteé a ver la gasolina y ya estaba la aguja en un cuarto.

Me empecé a desesperar.

No sabía qué hacer.

Metí un CD al estéreo, pero este estaba chueco, así que ni lo tocó y se atoró. Prendí el radio y estaba una estación. Ahí la dejé.

Más adelante me topé a un trailero a un lado del camino. Detuve la marcha para pedir indicaciones. Al tocarle la puerta se bajó con un tubo y, con voz golpeada, me dijo:

—¿Qué chingado quieres?

Y yo le contesté:

—Calmado, calmado, es que estoy perdido.

Le dije lo que me había pasado, a dónde iba y que ya me estaba quedando sin gasolina.

Me dijo:

—No te preocupes. Te faltan unos 30 minutos para llegar a Saltillo. Te devolviste, agarraste mal la salida. Mira, dale. Yo todavía voy a durar un ratito aquí. Si te miro tirado, yo te llevo por gas y regreso a traerte a la troca.

Así fue.

No me van a creer, pero en cuanto llegué a la gasolinera, la camioneta se me apagó.

Le llené el tanque y seguí las indicaciones que me dijo el trailero.

Me agarró la noche.

Se suponía que me tenía que agarrar ya más avanzado, pero entre todo lo que había pasado ya se había hecho de noche.

Seguí las indicaciones y sí pasé por Torreón y Gómez Palacio, pero entre Durango y Chihuahua la estación que iba escuchando se le fue la señal.

Puse el estéreo a buscar señal y sí agarró una estación, la cual estaba en comerciales.

Cuando volvieron los comerciales, empezó el programa de La Mano Peluda.

Era la primera vez que escuchaba ese programa.

Lo dejé, pero al ver que era de historias de terror, porque así le decíamos, le quise cambiar. Pero para mi mala suerte era la única estación que se escuchaba.

Así lo dejé y seguí.

En eso, uno llama a la cabina y cuenta la aparición de una anciana cerca de la guarda raya entre Chihuahua y Durango, que pedía que la llevaran y que si la ignorabas se te subía. Y si te parabas, se desaparecía.

Yo todavía no pasaba por ahí.

Pero el miedo me invadió.

En medio de la nada, de noche, sin luna. Solo el negro del asfalto, yo y uno que otro trailero que me rebasaba.

Seguí.

En eso iba en una bajada. Yo no desaceleré. Iba que me llevaba el diablo.

En eso miré unas torretas.

Era una patrulla de la extinta Policía Federal.

Me paré.

Se bajó un oficial y me dijo:

—¿A dónde con tanta prisa?

Le expliqué la situación y todo lo que me había pasado.

Después de una revisión y demás interrogatorio, me dijo:

—Yo te ayudo a manejar hasta Jiménez. Mi pareja maneja la patrulla detrás de nosotros.

Yo acepté.

Así fue.

Me subí al asiento del copiloto y empezamos la plática.

Después de contarle ya bien mi aventura, o mi desgracia, que me pasó, le dije lo del estéreo y la estación que nada más agarraba y del programa de La Mano Peluda.

Le dije:

—Jefe, y todavía un güey habla y cuenta que una viejita se sube a los vehículos entre la guarda raya de Chihuahua y Durango.

El oficial se quedó serio.

—¿En serio?

—Sí, jefe. ¿A poco sí?

Me dijo:

—Sí.

Entonces tomó el radio que ellos cargan y le habló a su pareja:

—Compañero, compañero, adelante.

—Pareja, diga.

—Oiga, ¿qué sabe de una señora que se aparece entre la guarda raya de Chihuahua y Durango?

Él contestó:

—¿Una viejita?

—Sí.

—Se les sube a los automovilistas y traileros.

Ya entre nosotros me contó que a su compañero y a otro elemento ya se les había mirado que se detuvieron para ver si necesitaba ayuda.

Pero en cuanto abrieron la puerta, en sus narices se les desapareció.

Y hemos atendido accidentes viales en ese tramo donde los vehículos se voltean o salen del camino, porque los conductores afirman que esa señora se les subió.

—Así que es cierto lo que esa persona contó —me dijo.

Yo me quedé callado.

No dije nada.

Y cambiamos de tema.

Llegamos a Jiménez, a un paradero.

Me dijeron que ahí me quedara hasta la mañana y que siguiera mi camino.

Les quise dar dinero por el favor, pero me dijeron:

—No, no. Así déjalo. Es nuestro deber ayudar.

Me despedí de ellos.

Les agradecí demasiado.

Así fue.

Ahí me estuve hasta que salió el sol.

Cuando amaneció, me fui a Chihuahua.

Llegué aproximadamente al mediodía.

Cuando llegué, mi suegro me puso la regañada de mi vida.

Pensaba que me había pasado algo, porque yo tenía que haber llegado en la madrugada del sábado y no al mediodía.

Me marcaba, pero el celular estaba apagado porque estaba descargado.

Después de ahí…

jamás volví a manejar solo.


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  A mi abuelo se le apareció la gente de Francisco VillaBuenas noches. Me llamo Luis y, al igual que ustedes, también so...
12/08/2026

A mi abuelo se le apareció la gente de Francisco Villa

Buenas noches. Me llamo Luis y, al igual que ustedes, también soy parte de Portal Paranormal 648. Quiero compartir un relato que durante muchos años me contó mi abuelo Fidencio, quien aseguraba haber vivido una experiencia que jamás pudo explicar.

Mi abuelo tenía alrededor de 20 años y acababa de casarse con mi abuela cuando consiguió trabajo como vaquero en un rancho ubicado entre Camargo y Ojinaga. No recuerdo el nombre del lugar. Él se llevó a mi abuela para vivir en el rancho y todos los días tenía que trasladarse a caballo hasta los corrales, que se encontraban bastante retirados de la casa.

Una tarde, alrededor de las tres, descubrió que una parte de la cerca estaba suelta y que varias reses habían escapado. Regresó rápidamente por un rifle, municiones y otro caballo. Le dijo a mi abuela que probablemente regresaría tarde y que no se preocupara.

Siguió las huellas del ganado durante varias horas. Para cuando llegó a una zona de peñascos ya eran aproximadamente las seis de la tarde. Ahí observó una cueva, pero decidió no entrar y continuó siguiendo el rastro. Finalmente encontró las reses cerca de un arroyo. Eran alrededor de cinco vacas y, por fortuna, no faltaba ninguna.

Mientras intentaba regresar con el ganado, comenzó una fuerte tormenta. La lluvia se intensificó tanto que decidió refugiarse en la cueva que había visto anteriormente. Amarró su caballo y aseguró las vacas para evitar que volvieran a escapar.

La tormenta continuó durante horas. Ya había pasado la medianoche cuando mi abuelo encontró algunos troncos dentro de la cueva, encendió una fogata y decidió pasar ahí la noche. Cansado, terminó quedándose dormido.

Horas después, un ruido lo despertó.

Primero escuchó lo que parecía ser una carreta. Después comenzaron a escucharse cascos de caballos, pasos y voces de varios hombres.

—¡Arre, bonita! ¡Arre!

En medio de aquellos sonidos también escuchó una voz que decía:

—Capitán, aquí nos podemos refugiar.

Mi abuelo tomó inmediatamente su rifle y permaneció en silencio. La lluvia ya había terminado, pero los sonidos continuaban. Se escuchaban claramente caballos, carretas y varios hombres hablando dentro de la cueva.

Lo extraño era que, aunque podía escuchar todo perfectamente, al principio no lograba ver a nadie.

De pronto, varios hombres comenzaron a entrar en la cueva.

Mi abuelo aseguró que vestían con ropa de otra época. Permaneció completamente inmóvil, sin hacer ruido, mientras aquellos hombres hablaban de una batalla y daban instrucciones.

—Pon el parque aquí. Asegúralo bien.

Mi abuelo no comprendía todo lo que decían, pero estaba convencido de que hablaban sobre una batalla. Aquella noche permaneció inmóvil, sin atreverse a salir ni enfrentarlos.

Lo más extraño ocurrió al amanecer.

Con los primeros rayos del sol, aquellas personas simplemente desaparecieron.

Mi abuelo esperó unos momentos y después decidió continuar su camino. Sin embargo, antes de irse, la curiosidad pudo más y decidió explorar el interior de la cueva.

Tomó un palo encendido y avanzó aproximadamente diez metros. Encontró otra cámara y entró.

Lo que vio lo dejó completamente helado.

Aseguró que había alrededor de cinco cuerpos humanos, ya reducidos prácticamente a restos óseos.

Salió inmediatamente de la cueva, tomó su caballo y reunió nuevamente al ganado para regresar al rancho.

Cuando llegó, el patrón y otras personas estaban a punto de salir a buscarlo, ya que mi abuela les había dicho que mi abuelo no había regresado durante la noche.

Mi abuelo les contó lo ocurrido y habló también de los restos humanos que había encontrado dentro de la cueva.

Fue entonces cuando el patrón le dijo algo que hizo todavía más extraño aquel relato.

Según él, por la descripción de mi abuelo, quizá había visto a gente relacionada con las tropas de Francisco Villa.

El patrón le contó que, durante la época de la Revolución Mexicana, personas pertenecientes a aquellas tropas habían utilizado esa zona para refugiarse y que, según lo que le había contado su propio padre, varios hombres habrían mu**to en aquel lugar.

Posteriormente fueron hasta la cueva para buscar los restos que mi abuelo había descrito.

Pero no encontraron absolutamente nada.

Mi abuelo, sin embargo, siempre sostuvo que los cuerpos estaban ahí y que aquella noche había visto y escuchado a aquellos hombres.

El patrón incluso le comentó que quizá aquellas apariciones estaban relacionadas con algún tesoro escondido. Según se decía, en ocasiones se había observado una extraña luz verdosa salir de la zona de la cueva, lo que alimentaba la creencia de que podía existir algún tesoro oculto.

Mi abuelo nunca volvió a pasar por aquel lugar.

Si tenía que utilizar aquel camino, prefería rodear la zona de la cueva. Aseguraba que, en un par de ocasiones más, volvió a escuchar o ver a aquella misteriosa gente.

Hasta el final, mi abuelo juró que aquella noche no había sido un sueño y que lo que presenció en aquella cueva había sido una experiencia que jamás pudo explicar.

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11/08/2026

🐺🌙 ¿LOBO, NAHUAL… O ES IA?

Un extraño registro nocturno del Pantanal, en Brasil, comenzó a generar todo tipo de reacciones en redes sociales.

La peculiar silueta del animal, sus largas patas y la forma en que se desplaza hicieron que algunos usuarios se preguntaran si realmente se trata de un lobo guará o si el video fue creado con inteligencia artificial.

Otros incluso lo relacionaron con la leyenda del nahual. 👀

¿Tú qué opinas? ¿Es un lobo guará real, un nahual o un video generado con IA?

  🎎 LA MUÑECA QUE LLEGÓ DE NAVIDADYo tenía apenas 5 años. Era diciembre y faltaban pocos días para la llegada de Santa C...
11/08/2026

🎎 LA MUÑECA QUE LLEGÓ DE NAVIDAD

Yo tenía apenas 5 años. Era diciembre y faltaban pocos días para la llegada de Santa Claus. Como cualquier niña de mi edad, estaba muy ilusionada y decidí escribirle una carta.

En ella le pedí una muñeca muy grande, aproximadamente de mi tamaño, para poder tomarla de la mano y jugar con ella.

Finalmente llegó el día de Navidad. Me levanté muy emocionada y fui a ver lo que Santa me había dejado. Ahí estaba mi muñeca.

Pero mi emoción desapareció rápidamente.

La muñeca no era tan grande como yo se la había pedido.

—No la quiero, no es del tamaño que le pedí a Santa —dije.

La dejé dentro de su caja y prácticamente me olvidé de ella.

Pasó el tiempo y la muñeca permaneció nueva, guardada arriba del ropero.

Hasta que un día unas vecinas me invitaron a jugar. Ese día yo no tenía mis otras muñecas, porque las había dejado en casa de mi abuela. Entonces recordé aquella muñeca nueva que llevaba tanto tiempo guardada.

Le pedí a mi mamá que me la bajara del ropero.

Ella me preguntó:

—¿Ahora sí vas a jugar con ella? Si no te gusta…

Pero acepté.

Ese día jugué con la muñeca durante toda la tarde y parte de la noche.

Cuando llegó la hora de dormir, la senté en la cabecera de mi cama. Como la muñeca era de un material duro, dejé sus brazos estirados y me acomodé para dormir.

No imaginaba lo que ocurriría durante la madrugada.

Aproximadamente a las seis de la mañana, mi mamá entró a mi habitación. Al verme, se quedó sorprendida y me despertó inmediatamente.

—¿Qué te pasó? ¿Por qué estás así?

Yo no entendía lo que ocurría.

Cuando me vi, descubrí que tenía toda la cara cubierta de sangre.

Parecía como si alguien me hubiera golpeado mientras dormía.

Pero yo no me había caído. Tampoco me había golpeado con nada.

Hasta ese momento no sabía qué había sucedido.

Entonces mi mamá y yo nos dimos cuenta de algo todavía más extraño.

La muñeca ya no estaba sentada.

Yo recordaba perfectamente haberla dejado sentada en la cabecera de mi cama, pero ahora estaba parada.

Y había algo más.

El vestido de la muñeca también tenía sangre.

Sin saber qué hacer, fuimos con un padre y le contamos todo lo que había ocurrido.

Después de escucharnos, nos dijo que, según sus creencias, existen espíritus malos que pueden entrar en objetos como peluches y muñecas para intentar tener vida.

Nos recomendó que nos deshiciéramos de la muñeca y que la quemáramos.

Así lo hicimos.

Desde ese día, aquella muñeca desapareció de nuestra casa.

Pero hasta hoy recuerdo aquella mañana…

La sangre en mi rostro.

La sangre en el vestido.

Y, sobre todo, aquella muñeca que yo había dejado sentada…

y que apareció de pie.


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08/08/2026

👻 | Extraño hallazgo causa escalofríos en panteón de Camargo

Lo que parecía una visita común al panteón terminó convirtiéndose en un momento de terror. Visitantes aseguran haber encontrado objetos que aparentan formar parte de un ritual de brujería, en una zona cercana a la calle Esperanza, junto a una pila.

El hallazgo despertó todo tipo de teorías entre quienes conocen el lugar. ¿Un simple ritual o algo más oscuro? 😨🕯️⚰️

08/08/2026

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