Portal Paranormal 648+

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Portal Paranormal es una comunidad donde lo desconocido cobra vida: relatos reales de terror, encuentros sobrenaturales, investigaciones en lugares marcados por mitos y leyendas, y fenómenos inexplicables contados por quienes los vivieron.

19/06/2026
18/06/2026

👻🚨 Video que nos comparten desde los baños de CONTEC. Quienes lo grabaron aseguran que se aprecia la silueta de una niña en el lugar, un hecho que ha despertado inquietud y debate entre quienes han visto las imágenes.

¿Presencia paranormal, efecto de luz o una simple coincidencia? Juzgue usted mismo. 🎥👀

𝐋𝐚 𝐍𝐢𝐧̃𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐂: 𝐓𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐮́𝐧 𝐢𝐧𝐪𝐮𝐢𝐞𝐭𝐚𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬Desde hace años, entre los pasillos y áreas de...
18/06/2026

𝐋𝐚 𝐍𝐢𝐧̃𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐂: 𝐓𝐫𝐞𝐬 𝐭𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐮́𝐧 𝐢𝐧𝐪𝐮𝐢𝐞𝐭𝐚𝐧 𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬

Desde hace años, entre los pasillos y áreas de trabajo de CONTEC circulan historias sobre la aparición de una misteriosa niña. Algunos aseguran haber visto su silueta, otros afirman haber escuchado su voz y hay quienes han presenciado sucesos difíciles de explicar. Estos son tres testimonios compartidos por trabajadoras de la maquiladora.

𝗟𝗮 𝘀𝗶𝗹𝘂𝗲𝘁𝗮 𝗯𝗹𝗮𝗻𝗰𝗮

Relato de Hilda Ortega

Hilda Ortega recuerda que tenía apenas seis meses de haber ingresado a trabajar en CONTEC. En aquel tiempo todavía estaba la primera planta y ella se encontraba laborando en el área de Medios Procesos, en la parte superior del edificio.

Eran aproximadamente las 9:40 de la noche cuando sintió un fuerte escalofrío. Al comentárselo a una compañera, ésta le respondió que también había sentido algo extraño. Ambas voltearon hacia la parte de abajo y fue entonces cuando observaron una figura que las dejó paralizadas.

Según relata Hilda, se trataba de la silueta de una niña completamente blanca que parecía desplazarse por la maquiladora. Lo más inquietante era que no parecía tocar el suelo. Llamaron a otros compañeros para que también la vieran y así confirmar que no se trataba de una imaginación. Todos observaron cómo aquella figura recorría el lugar tranquilamente. Hilda asegura que aquella fue la primera vez que vio a la famosa niña de CONTEC.

𝐋𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐚́𝐪𝐮𝐢𝐧𝐚𝐬

Relato de Rocío Jáquez

Rocío Jáquez vivió una experiencia durante una madrugada mientras realizaba tiempo extra. El hecho ocurrió frente a una línea de producción que en ese momento no estaba funcionando.

Mientras caminaba escuchó un fuerte golpe metálico. Al voltear alcanzó a ver una mano que parecía ocultarse entre una clipera y una máquina eléctrica. Pensando que algún compañero estaba jugando, continuó avanzando unos pasos.

Sin embargo, al llegar al extremo de la línea decidió regresar para descubrir quién había provocado el ruido. Revisó ambos lados de las máquinas y hasta gritó para que dejaran de bromear. Nadie respondió. No encontró a ninguna persona en el lugar y el área permanecía completamente vacía. Hasta hoy, Rocío no logra explicar qué fue lo que vio aquella madrugada.

𝐋𝐚 𝐯𝐨𝐳 𝐝𝐞𝐭𝐫𝐚́𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐭𝐚𝐛𝐥𝐞𝐫𝐨

Relato de Marcela Aguirre

Marcela Aguirre se encontraba realizando tiempo extra durante la madrugada en el área de verificación. Mientras ponía al corriente papelería atrasada, escuchó claramente que alguien pronunciaba su nombre.

La voz provenía de detrás de un tablero que ya no estaba en funcionamiento. Lo que más le llamó la atención fue el tono: una voz suave y dulce, similar a la de una niña pequeña.

Marcela volteó de inmediato, pero no encontró a nadie cerca. Aunque sintió temor, decidió no investigar más. Simplemente dejó de darle la espalda a aquella dirección y continuó con su trabajo. Nunca volvió a escuchar la voz esa noche, pero asegura que jamás olvidará aquella extraña experiencia.

Tres testimonios distintos, tres experiencias ocurridas dentro de CONTEC y una misma figura que sigue formando parte de las historias más comentadas entre quienes han trabajado en la maquiladora: la misteriosa niña de CONTEC.

¿Leyenda, sugestión colectiva o algo que realmente recorre los pasillos de la empresa durante las noches? La respuesta sigue siendo un misterio.

¿Has visto a la niña de CONTEC? Comparte tu experiencia con Portal Paranormal 648.

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👻 ¡Gracias, comunidad!Hoy somos 4,000 seguidores en Portal Paranormal 648+. Gracias por cada relato, comentario y por se...
18/06/2026

👻 ¡Gracias, comunidad!

Hoy somos 4,000 seguidores en Portal Paranormal 648+. Gracias por cada relato, comentario y por ser parte de esta comunidad donde lo desconocido cobra vida.

¡Esto apenas comienza! 🔮✨🖤

𝐋𝐀 𝐍𝐈𝐍̃𝐀 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐂: 𝐋𝐀 𝐕𝐎𝐙 𝐃𝐄 𝐀𝐍𝐃𝐑𝐄𝐀Hola, buenas noches comunidad de Portal Paranormal 648. Mi nombre es Érica Estrada, ...
17/06/2026

𝐋𝐀 𝐍𝐈𝐍̃𝐀 𝐃𝐄 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐄𝐂: 𝐋𝐀 𝐕𝐎𝐙 𝐃𝐄 𝐀𝐍𝐃𝐑𝐄𝐀

Hola, buenas noches comunidad de Portal Paranormal 648. Mi nombre es Érica Estrada, soy de Saucillo y también quiero compartir mi experiencia relacionada con los relatos de la niña de Contec.

Trabajé algunos meses en esa maquiladora y, aunque parezca increíble, el motivo de mi renuncia fue precisamente esa niña fantasma.

Esto ocurrió hace aproximadamente siete años, por ahí del 2019. Recuerdo que era jueves y había muchísimo trabajo. Los supervisores preguntaron quiénes podían quedarse tiempo extra. En aquel entonces aún no me daban la planta y me urgía conservar mi empleo, ya que corría el rumor de que comenzarían los recortes por la situación del COVID.

Fui de las primeras en levantar la mano.

Avisé en mi casa que llegaría tarde y continué trabajando. Las horas transcurrieron rápido. Cuando me di cuenta ya eran cerca de las tres de la mañana y sentí la necesidad de ir al baño.

Al llegar me sorprendió verlo completamente vacío. No había nadie.

Entré a uno de los cubículos y comencé a revisar las notificaciones de mi celular. Contesté algunos mensajes y admito que me tardé bastante. Mientras estaba distraída, escuché claramente que alguien entraba a otro cubículo. Sin embargo, no recordaba haber oído abrir la puerta principal del baño.

Pensé que tal vez no había prestado atención.

De pronto, una de las puertas se azotó con fuerza.

—¿Pues qué traen? —pregunté.

Nadie respondió.

Segundos después, la puerta del cubículo donde yo estaba comenzó a moverse, como si alguien intentara abrirla desde afuera.

—Está ocupado —dije.

Me incliné para mirar por debajo de la puerta.

No había nadie.

Entonces escuché una risa.

Era la risa de una niña.

No era la voz de una mujer ni la de una compañera de trabajo. Era una risa infantil.

Sentí cómo se me erizaba la piel.

Me levanté lentamente y permanecí inmóvil, tratando de escuchar mejor.

La risa volvió.

Pero esta vez sonaba diferente… más oscura, más cruel, como si estuviera cargada de maldad.

Después vino un llanto.

Y luego una frase que me heló la sangre.

—Mamá… ayúdame…

En ese instante sentí que el corazón se me detenía.

Los vellos de mis brazos se erizaron por completo y un sudor helado recorrió mi espalda.

Porque esa voz…

Esa voz era la de mi hija Andrea.

Mi hija había fallecido más de diez años atrás. Tenía apenas ocho años cuando murió atropellada.

Volví a escucharla.

—Mamá… ayúdame…

No tenía ninguna duda.

Era Andrea.

O al menos eso parecía.

Reuniendo todo el valor que me quedaba, abrí la puerta y salí del cubículo.

No había nadie.

El baño seguía completamente vacío.

Comencé a caminar lentamente cuando, de repente, una de las puertas se abrió sola de forma violenta.

Grité.

Y entonces la voz regresó.

—Mamá, ayúdame… mamá, soy Andrea… ayúdame…

Aquellas palabras terminaron transformándose en una risa macabra.

Después escuché un grito desgarrador.

Y enseguida algo que jamás olvidaré.

El rechinar de unas llantas.

Tal vez fue mi mente relacionándolo con la muerte de mi hija, pero para mí fue tan real como todo lo demás.

No soporté más.

Salí corriendo del baño.

Cuando llegué al área de trabajo estaba completamente pálida. Me faltaba el aire y apenas podía hablar.

El encargado de mi área se acercó preocupado.

—¿Qué te pasó?

Intenté explicarle, pero antes de que pudiera decir una palabra me preguntó:

—No me digas que se te apareció la niña…

Solo asentí con la cabeza.

Comencé a llorar.

No podía sacar de mi mente la voz de Andrea llamándome.

La voz de mi hija, que ya no pertenecía a este mundo.

Terminé el turno como pude.

Al llegar a mi casa lo primero que hice fue encender una vela frente a la fotografía de Andrea.

Después busqué a un sacerdote y le conté todo lo ocurrido.

Cuando terminó de escucharme me dijo algo que jamás olvidaré.

—Esa no era tu hija. Andrea está en la gloria. Lo que escuchaste fue un espíritu, un ente o algo maligno intentando engañarte. Quiso hacerte daño utilizando el recuerdo más doloroso de tu vida.

Aquellas palabras me dejaron pensando durante mucho tiempo.

Pero hubo algo que tuve completamente claro desde ese día.

Esa tarde ya no regresé a trabajar.

Jamás volví a Contec.

Ni siquiera regresé por mi finiquito.

Porque algunas experiencias dejan marcas tan profundas… que ningún dinero vale la pena para volver a enfrentarlas.

Relato compartido por Érica Estrada, Saucillo, Chihuahua.

© Derechos Reservados Portal Paranormal 648

𝐋𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐢𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐣𝐮𝐠𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐢𝐧̃𝐨𝐬 𝐟𝐚𝐧𝐭𝐚𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥Los perros siempre han sido considerados animales capa...
16/06/2026

𝐋𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐫𝐢𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐣𝐮𝐠𝐚𝐛𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐧𝐢𝐧̃𝐨𝐬 𝐟𝐚𝐧𝐭𝐚𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥

Los perros siempre han sido considerados animales capaces de percibir cosas que los seres humanos no pueden ver. Existen innumerables historias sobre mascotas que ladran a la nada, siguen con la mirada presencias invisibles o reaccionan de forma extraña en determinados lugares. Sin embargo, jamás imaginé que presenciaría una escena que me haría recordar uno de los relatos más inquietantes publicados en Portal Paranormal: la historia de unos supuestos niños fantasmas que aparecían en un parque infantil. Lo que una amiga y yo observamos aquella noche sigue sin tener explicación.

La semana pasada, una amiga y yo decidimos detenernos en el malecóncito para tomar unas cervezas y platicar un rato. La tarde-noche transcurría tranquila cuando una perrita pintita, con una mancha oscura cubriéndole uno de sus ojos, se acercó moviendo la cola.

Parecía amistosa y en busca de atención. La acariciamos y le compartimos algunas papitas. La perrita permaneció cerca de nosotros durante un buen rato, acostada tranquilamente mientras seguíamos conversando.

Habían pasado alrededor de treinta minutos cuando algo llamó su atención.

De repente levantó la cabeza, se incorporó y fijó la mirada hacia el parque infantil que se encontraba a pocos metros. Sus orejas se pusieron rígidas y comenzó a mover la cola con entusiasmo, como si acabara de reconocer a alguien.

Pensé que tal vez alguna persona le había hablado. Volteé inmediatamente para ver quién era, pero no encontré a nadie. Observé los alrededores con detenimiento. No había niños, no había familias y tampoco vi al velador.

Aun así, la perrita salió corriendo hacia el parque.

Mi amiga y yo seguimos con nuestra conversación, aunque de vez en cuando volteábamos para observarla. Entre diez y quince minutos después la vimos cerca del estanque de peces, en una zona donde había varios montones de tierra.

Fue entonces cuando comenzó lo verdaderamente extraño.

La perrita corría de un lado a otro como si estuviera jugando con alguien. Ladraba alegremente, movía la cola y daba pequeños saltos. En ocasiones se echaba panza arriba, exactamente como hacen los perros cuando buscan que alguien los acaricie.

Después salía disparada varios metros, se detenía y regresaba a toda velocidad, como si estuviera persiguiendo algo que le lanzaban.

Mi atención quedó completamente atrapada por aquella escena.

En un momento me pareció verla levantarse sobre sus patas traseras y mantenerse así durante algunos segundos, como si estuviera apoyada en alguien invisible.

Le comenté a mi amiga lo que estaba observando.

—Creo que la cerveza ya te está haciendo efecto —me respondió riéndose.

Pero los minutos siguieron pasando.

Entonces noté que ella también había dejado de hablar y observaba fijamente a la perrita.

—Oye… sí parece que está jugando con alguien —me dijo finalmente.

Y era verdad.

Los dos podíamos verlo.

La perrita corría alrededor de los montones de tierra, se detenía como esperando una reacción, ladraba hacia espacios vacíos y volvía a salir disparada con una energía que no parecía tener explicación.

Fue en ese momento cuando recordé el relato de los niños fantasmas del parque infantil. Se lo conté a mi amiga mientras seguíamos observando.

Ella guardó silencio durante unos segundos y después respondió:

—Pues viendo cómo se comporta… quién sabe.

Durante todo el tiempo que permanecimos allí, nunca vimos a otra persona cerca de la perrita. Tampoco apareció ningún niño ni algún otro animal con el que pudiera estar interactuando.

Sin embargo, su comportamiento era exactamente el de un perro que juega felizmente con alguien de su confianza.

Finalmente, después de varios minutos, la perrita dejó de correr.

Se alejó caminando con total tranquilidad, como si su misterioso compañero hubiera decidido marcharse. La vimos desaparecer poco a poco entre la oscuridad y ya no volvió.

Hasta hoy sigo preguntándome qué era aquello que veía.

Tal vez había algo que nosotros no lográbamos percibir. Tal vez los animales realmente pueden detectar presencias que escapan a nuestros sentidos. O quizá, aquella noche, la perrita realmente estaba jugando con los niños fantasmas del parque infantil.

Lo único que sé es que durante varios minutos observamos a una perrita divertirse con una compañía completamente invisible para nosotros.

Derechos Reservados © Portal Paranormal 648

𝐋𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐨́ 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐚𝐭𝐢́𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞Existen experiencias que dejan una marca ...
15/06/2026

𝐋𝐚 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐧̃𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐨́ 𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐛𝐚𝐭𝐢́𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞

Existen experiencias que dejan una marca imposible de borrar. Situaciones que desafían toda explicación lógica y que cambian para siempre la forma en que vemos la vida… y la muerte. El siguiente testimonio fue enviado por un miembro de nuestra comunidad que, tras una emergencia médica que estuvo a punto de costarle la vida, asegura haber vivido algo que aún hoy lo persigue en sus recuerdos.

Lo que ocurrió durante aquellos días en el hospital lo llevó a alejarse por completo de todo aquello que antes tanto le apasionaba: lo paranormal.

Esta es su historia.

Buenas noches. Lo que les voy a contar es algo muy personal. No diré mi nombre, pero sí compartiré lo que me sucedió y cómo cambió por completo mi perspectiva sobre lo paranormal. Antes era muy fanático de estos temas; hoy ya no me gusta todo lo relacionado con lo paranormal a raíz de lo que me pasó y de la experiencia que viví.

La verdad, dudé mucho antes de contar esta historia. Durante años preferí guardármela para mí, pero sentí la necesidad de compartirla. Por eso decidí contársela a Juan; ya será él quien decida si la publica o no. Lo único que sé es que lo que viví marcó mi vida para siempre y me hizo ver la muerte de una forma muy distinta.

Un día me encontraba en mi casa realizando mis labores como cualquier otro. Todo parecía normal, hasta que de repente un coágulo de sangre se desprendió de una herida que tenía en una de mis manos. Aquel coágulo viajó por mi cuerpo y llegó hasta mi cerebro, provocándome una pérdida total del conocimiento.

Caí al suelo.

No sé cuánto tiempo permanecí ahí tirado, inmóvil, sin reaccionar. De no haber sido por una perrita que teníamos en casa, probablemente hoy no estaría contando esta historia. Ella comenzó a alertar desesperadamente a mi familia de que algo no estaba bien, y gracias a eso pudieron auxiliarme.

Mientras mi cuerpo permanecía inconsciente, viví algo que jamás podré olvidar.

Me vi caminando por un sendero cubierto de flores. Era un lugar extrañamente hermoso. Todo estaba en calma. No había miedo, dolor ni preocupación. Solo una sensación de tranquilidad que nunca había experimentado.

Mientras avanzaba, distinguí una figura a la distancia.

Al principio no pude reconocer quién era. Sin embargo, conforme nos acercábamos, aquella silueta comenzó a tomar forma.

Seguí caminando.

La persona también.

Hasta que finalmente quedamos frente a frente.

Fue entonces cuando sentí un escalofrío.

Era mi padre.

Su expresión era seria. No parecía feliz de verme allí. Más bien parecía preocupado… incluso molesto.

Con una voz firme, que sonó más como una orden que como un consejo, me dijo:

—¿Tú qué haces aquí? Vete. Todavía no es tu tiempo. Devuélvete.

Aquellas palabras me tomaron por sorpresa.

No pregunté nada.

No discutí.

Simplemente obedecí.

Me di la vuelta y regresé por donde había venido.

En ese instante desperté.

Abrí los ojos y me encontré en una cama de hospital, rodeado de máquinas, cables y aparatos médicos. Había sobrevivido, pero el peligro aún estaba lejos de terminar. Mi estado seguía siendo delicado y los médicos no podían asegurar que lograría recuperarme.

Fue entonces cuando comenzaron las visitas.

Cada noche, sin excepción, veía a una mujer.

Aparecía silenciosamente junto a mi cama.

Vestía completamente de blanco. Sobre su cabeza llevaba flores y una especie de resplandor la rodeaba. No sabría explicar cómo era aquella luz. No lastimaba la vista, pero tampoco parecía algo natural.

Lo más extraño era que siempre venía a preguntarme lo mismo.

—¿Qué número de cama tienes?

Yo respondía:

—La 54.

Ella asentía y desaparecía.

La noche siguiente regresaba.

Y volvía a preguntar:

—¿Qué número de cama tienes?

—La 54.

Y así una y otra vez.

Noche tras noche.

La escena comenzó a volverse inquietante. Ya esperaba su llegada. Sabía que aparecería en algún momento de la madrugada para hacer exactamente la misma pregunta.

Hasta que una noche mi estado empeoró.

Los médicos estaban preocupados. Mi familia también.

Y aquella mujer volvió.

Se acercó a mi cama como siempre y preguntó:

—¿Qué número de cama tienes?

Yo ya estaba cansado de escuchar la misma pregunta.

Molesto, le respondí:

—¡La 54! Ya le dije muchas veces. No esté dando lata.

Por primera vez, la mujer pareció reaccionar.

Me observó durante unos segundos y luego respondió:

—Busco la 64. Esa es la cama de enfrente.

Después agregó una sola palabra:

—Gracias.

Y desapareció.

Aquella fue la última vez que la vi.

Días después logré salir de gravedad.

Cuando mi condición mejoró y pude hablar con tranquilidad, le pregunté a mi esposa por el hombre que ocupaba la cama número 64.

Nunca olvidaré su respuesta.

Me dijo que había fallecido justamente la noche en que yo me encontraba más delicado.

Sentí un frío recorrerme el cuerpo al escuchar aquello. Sin embargo, la mujer de blanco no fue lo único extraño que vi durante mi estancia en el hospital.

En varias ocasiones también veía a un niño pequeño sentado sobre mi regazo. Lo observaba con total claridad. Incluso llegué a comentárselo a mi esposa.

—Mira el niño que tengo aquí —le decía.

Ella volteaba de inmediato, pero no veía absolutamente nada.

En ese momento pensé que quizá todo era consecuencia de mi estado de salud, de los medicamentos o de la gravedad de lo que estaba viviendo. Sin embargo, aquella imagen del niño permaneció grabada en mi memoria.

Tiempo después, cuando por fin me dieron de alta y regresé a casa, le conté todo lo ocurrido a una señora que nos ayudaba con el aseo. Escuchó mi historia con mucha atención y, cuando terminé, me hizo una pregunta inesperada.

—¿Tienes un álbum de fotos de cuando eras niño?

—Sí —le respondí.

—Vamos a verlo.

Saqué varios álbumes y comenzamos a revisarlos. Pasábamos una fotografía tras otra cuando de repente señalé una imagen.

—¡Este es el niño que veía en el hospital! Traía un traje azul muy llamativo. ¿Quién es él?

La mujer me observó fijamente durante unos segundos.

—¿Quién es? —volvió a preguntar.

—Pues soy yo —le respondí.

Su expresión cambió por completo.

—Entonces te estabas viendo a ti mismo cuando eras niño.

Aquella respuesta me dejó sin palabras.

—¿Y cómo sabe eso? —le pregunté.

La mujer guardó silencio unos instantes antes de responder.

—Porque algo muy parecido le pasó a mi hija. Ella sufrió un accidente muy grave y durante su recuperación veía constantemente a una niña pequeña. Siempre hablaba de ella y decía que la acompañaba.

Tiempo después, cuando regresó a casa, estaba viendo unas fotografías familiares y de pronto señaló una imagen.

—Mira, mamá. Esa es la niña que veía.

La fotografía era de ella misma cuando era pequeña.

Aquella conversación me hizo recordar al niño que aparecía sobre mi regazo en el hospital. Hasta el día de hoy no sé qué explicación tiene todo eso. No sé si fue algo relacionado con la cercanía de la muerte o si existe algo más allá que no alcanzamos a comprender.

Desde entonces mi vida cambió por completo.

Dejé de buscar explicaciones sobre lo paranormal. Dejé de investigar casos y de interesarme por muchas cosas que antes me apasionaban.

Estoy convencido de que aquella mujer que me visitaba cada noche era la muerte.

Tal vez algunos pensararán que todo fue producto de mi estado de salud. Quizá tengan razón.

O quizá no.

Lo único que sé es que aquella mujer buscaba la cama 64… y por alguna razón, primero llegó a la mía.

Y tampoco puedo olvidar al niño de traje azul que se sentaba sobre mi regazo y que, al final, descubrí que era yo mismo.

Quizá todo tenga una explicación.

Quizá no.

Pero después de vivir algo así, aprendí que existen cosas entre la vida y la muerte que simplemente escapan a nuestra comprensión.

Derechos Reservados © Portal Paranormal.

𝐋𝐚 𝐛𝐫𝐮𝐣𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐬𝐚𝐜𝐨́ 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚Hola comunidad de Portal Paranormal. Mi nombre es Silvia y los sigo desde hace mu...
14/06/2026

𝐋𝐚 𝐛𝐫𝐮𝐣𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐬𝐚𝐜𝐨́ 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚

Hola comunidad de Portal Paranormal. Mi nombre es Silvia y los sigo desde hace muchos años, incluso desde los tiempos de Impacto Paranormal y 648 Paranormal. Siempre me han gustado sus relatos e investigaciones, pero nunca imaginé que algún día sería yo quien les compartiría una experiencia tan aterradora.

Por respeto a las personas involucradas, omitiré algunos detalles. Lo que sí puedo decir es que todo ocurrió en Camargo, Chihuahua, hace varios años.

Yo estaba casada y vivía en Estados Unidos junto a mi esposo. Allá nacieron nuestros dos hijos y, después de mucho esfuerzo, logramos establecer una vida estable. Incluso ya habíamos conseguido la residencia y estábamos buscando la ciudadanía. Sin embargo, mi esposo comenzó a beber cada vez más. Lo detuvieron en varias ocasiones por distintos problemas relacionados con el alcohol, pero él no cambiaba. Finalmente fue deportado a México.

Yo me quedé en Estados Unidos con mis hijos, pero él insistió durante meses en que regresáramos. Me prometió que iba a trabajar, que iba a cambiar y que haría las cosas bien. Mis hijos también extrañaban a su padre, así que terminé convencida.

Regresamos a Camargo y nos instalamos en una casa de Fovissste que habíamos comprado con nuestros ahorros. También abrimos un negocio de ropa y muebles usados traídos de Estados Unidos. Durante aproximadamente un año todo pareció marchar bien. Mi esposo casi había dejado de beber y cuando lo hacía era de manera tranquila, sin causar problemas.

Pero poco a poco comenzó a cambiar. Se molestaba por cualquier cosa. Me gritaba constantemente y regañaba a nuestros hijos por motivos insignificantes. Con el tiempo incluso comenzó a golpearlos. Vivía irritado, enojado con el mundo entero. También empezó a llegar tarde a casa. Siempre tenía una excusa distinta para salir. Yo le preguntaba qué estaba pasando, pero él simplemente respondía que no era nada.

Cuando viajaba a Estados Unidos para conseguir mercancía para el negocio, comenzó a insistir en que lo acompañáramos todos. No importaba si los niños tenían clases o compromisos; él quería que fuéramos. Una de esas ocasiones cambió mi vida para siempre.

Yo iba rumbo a Estados Unidos cuando la camioneta se descompuso cerca de Ojinaga. Intenté comunicarme con él varias veces para pedir ayuda, pero no contestaba. Seguí llamando. Y fue entonces cuando escuché algo que jamás olvidaré. Al otro lado de la línea no estaba solo. Podía escuchar claramente que estaba teniendo relaciones con otra mujer.

Sentí que el mundo se me venía encima. No sabía qué hacer. Me quedé paralizada unos segundos. Después reuní valor, tomé un autobús y regresé a Camargo. Cuando llegué a la casa lo confronté. Al principio lo negó todo. Luego terminó aceptándolo. Poco después abandonó el hogar para irse con aquella mujer.

Mis hijos y yo continuamos con nuestras vidas mientras él iniciaba una nueva relación. Lo que más me dolía no era la traición, sino que parecía haberse olvidado por completo de sus propios hijos. Los veía en la calle y ni siquiera les dirigía la palabra. Actuaba como si fueran unos desconocidos.

Tiempo después decidí enfrentarlo por esa actitud. Él estaba acompañado por su nueva pareja. Mientras yo hablaba, aquella mujer se limitaba a burlarse. De pronto me escupió en la cara y después dijo unas palabras que no logré entender. Cuando me alejaba, escuché a mi ex decir algo que me heló la sangre.

Quiero que te salgas de la casa. Voy a vivir ahí.

Le respondí que eso era imposible. La casa era mía. La había comprado con mis ahorros. Pero él insistió y me dio una semana para abandonarla. No me fui.

Una semana después apareció nuevamente. Esta vez acompañado por aquella mujer. Me exigió otra vez que me marchara porque pensaban vivir ahí junto con el hijo de ella. Recuerdo que le pregunté cómo era posible que prefiriera a un niño que ni siquiera era suyo antes que a sus propios hijos. No respondió. Simplemente se fue.

Al día siguiente encontré algo extraño en la entrada de mi casa. Había aceites derramados alrededor de la puerta y por todo el porche. No les di importancia. Pensé que intentaban asustarme. Pero dos días después apareció una cabeza de gallina llena de alfileres clavados. Confieso que sentí miedo. Sin embargo, seguía convencida de que aquello era únicamente una amenaza.

La situación empeoró cuando sorprendí a aquella mujer derramando aceites y sangre de algún animal sobre la puerta y la cochera. La confronté. Nuevamente me escupió. Nuevamente dijo palabras extrañas. Esta vez reaccioné y le di una bofetada.

Ella sonrió.

Jamás olvidaré aquella sonrisa.

—Te vas a arrepentir —me dijo.

Y tenía razón.

Esa misma noche la casa se sintió diferente. El ambiente era pesado, asfixiante, como si algo invisible hubiera entrado y se negara a marcharse. Mis hijos también lo percibían. Ninguno de nosotros podía sentirse tranquilo.

Finalmente nos fuimos a dormir. No sé exactamente qué hora era cuando escuché un golpe seco proveniente de la sala. Me levanté para investigar y entonces la vi.

Dentro de mi propia casa había una anciana.

Estaba danzando entre los muebles mientras arrojaba objetos por toda la habitación. Sentí cómo el terror paralizaba cada parte de mi cuerpo. No entendía cómo había entrado. Todas las puertas y ventanas estaban cerradas.

Prendí la luz.

Y desapareció.

Corrí hacia la habitación de mis hijos. Pero al entrar sentí que el corazón dejaba de latirme. Aquella anciana estaba de pie junto a una de las camas. Murmuraba palabras incomprensibles. Parecía estar hablando con alguien que yo no podía ver.

—¿Qué quieres? ¡Vete de aquí! —grité.

La anciana giró lentamente. Entonces sonrió. Su rostro parecía imposible. Y cuando habló, su voz no sonaba humana.

—La que se tiene que ir es otra…

Comencé a orar. Soy cristiana y empecé a repetir las palabras que conocía. “La sangre de Cristo tiene poder”. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. La anciana soltó una carcajada espantosa y desapareció.

Al día siguiente pedí ayuda a un pastor para bendecir la casa. Pensé que eso resolvería todo. Me equivoqué.

La noche siguiente fue mucho peor.

Estaba acostada cuando sentí que algo sujetó uno de mis pies. De un tirón me arrancó de la cama. Comencé a deslizarme por el piso mientras algo invisible me arrastraba hacia la puerta principal. Gritaba, lloraba y oraba, pero aquella fuerza era demasiado poderosa.

Logré ponerme de pie y corrí hacia la habitación de mis hijos. Entonces sentí que algo me sujetó del cabello. Volví a ser arrastrada. Otra vez hacia la puerta.

Intenté avanzar.

Pero una enorme sombra apareció frente a mí.

Era altísima. Mucho más alta que cualquier persona. No podía distinguir su rostro. Solo era oscuridad. Oscuridad absoluta.

Aquella cosa me empujó de regreso y nuevamente me lanzó hacia la puerta. Fue entonces cuando entendí algo. Aquellas entidades no intentaban matarme. No querían lastimarme. Querían sacarme de la casa.

Como fuera.

Desesperada, les hablé.

—Está bien… me voy a ir. Pero déjenme sacar a mis hijos.

No sé si aquello me entendió, pero la presión desapareció. Caminé lentamente, sin correr y sin mirar atrás. Entré a la habitación de mis hijos, tomé algo de ropa, nuestros documentos y algunas pertenencias indispensables. Los desperté. No les expliqué nada. Solo les dije que debíamos irnos.

Esa misma noche abandonamos la casa.

Regresamos a Estados Unidos.

Y jamás volvimos.

Nunca más volví a ver a aquella anciana. Nunca más apareció aquella sombra. Perdí todo contacto con mi exesposo. Lo único que sé es que continúa viviendo en esa casa junto a la mujer por la que nos abandonó.

Muchos años han pasado desde entonces. Hoy veo las cosas de manera diferente. Tal vez aquella mujer utilizó brujería para sacarme de mi propia casa. Tal vez esas entidades fueron enviadas para expulsarme. Pero, al final, terminaron haciéndome un favor. Me alejaron de un hombre que no valoraba ni a sus propios hijos.

Con el tiempo me acerqué más a la iglesia cristiana. Conocí a una persona maravillosa. Actualmente estoy casada con un hombre que ama a mis hijos como si fueran su propia sangre. Vivimos felices, en paz y lejos de todo aquello.

Por eso decidí compartir mi historia. Porque a veces lo que parece una tragedia termina convirtiéndose en una bendición. Y porque, aunque aquella bruja logró sacarme de mi propia casa, jamás logró destruir mi vida.

Derechos de autor © Portal Paranormal. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del canal. Relato adaptado y publicado exclusivamente para la comunidad de Portal Paranormal.

𝐋𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐛𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐬𝐭𝐨𝐝𝐢𝐚 𝐞𝐥 𝐝𝐢𝐧𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐚𝐛𝐮𝐞𝐥𝐨Relato compartido por EsperanzaHay experienci...
12/06/2026

𝐋𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐛𝐥𝐚𝐧𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐬𝐭𝐨𝐝𝐢𝐚 𝐞𝐥 𝐝𝐢𝐧𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐚𝐛𝐮𝐞𝐥𝐨

Relato compartido por Esperanza

Hay experiencias que uno jamás logra olvidar, por más años que pasen. Hay recuerdos que permanecen vivos porque el miedo que sentimos en ese momento fue demasiado real. Lo que voy a contar ocurrió cuando yo tenía entre cinco y seis años de edad y sucedió en Parral, Chihuahua, en un terreno que pertenecía a mi abuelo por parte de mi papá.
Mi abuelo tenía una propiedad muy grande donde rentaba varios cuartos. Era un lugar enorme, con mucha gente viviendo ahí. En la parte trasera había corrales donde tenían gallinas, marranos y otros animales. Desde mucho antes de que yo llegara, ya existía una historia que todos conocían. Se decía que en el corral se aparecía una señora vestida de blanco. Yo era muy pequeña para entender aquellas historias. Escuchaba a los adultos hablar de eso, pero nunca imaginé que algún día me tocaría verla con mis propios ojos.
En aquel tiempo vivimos una temporada con mis abuelos. No fue mucho tiempo, pero recuerdo perfectamente cómo eran las cosas. Las costumbres eran distintas a las de ahora. Primero cenaban los niños y después los adultos. Aquella tarde nos dieron de cenar como a las ocho nueva de la noche y, cuando terminamos, nos sacaron al patio para que jugáramos un rato mientras los mayores seguían dentro de la casa. Éramos varios hermanos y primos. Recuerdo que una de las niñas que vivía ahí, hija de una vecina que le rentaba a mi abuelo, salió a jugar con nosotros. Su casa estaba justamente enfrente del corral donde decían que aparecía la mujer de blanco.
Mientras pensábamos a qué jugar, la niña dijo que tenía un lazo dentro de su casa y que iría por él para que todos jugáramos. Entró corriendo y nosotros nos quedamos afuera esperándola. Fue entonces cuando ocurrió.
Yo volteé hacia el corral.
No sé por qué lo hice.
Simplemente miré hacia allá.
Y la vi.
Al otro lado de la malla había una mujer completamente vestida de blanco. La recuerdo perfectamente. No era una sombra. No era una silueta extraña. Era una mujer. Podía distinguir su rostro, su cuerpo y su ropa blanca. Estaba ahí parada, observándonos en absoluto silencio. Pero había algo que me heló la sangre. No le veía los pies. Hasta el día de hoy sigo recordando ese detalle. La mujer estaba completa frente a mí, pero sus pies no se veían. Permanecía inmóvil, mirándonos, como si hubiera estado esperando ese momento.
Cuando nuestros ojos se encontraron sentí un terror que nunca había experimentado. Era apenas una niña. No entendía lo que estaba viendo. Lo único que sabía era que tenía que salir de ahí. Comencé a correr desesperadamente hacia donde estaban mis familiares. Corrí con todas mis fuerzas y mientras corría escuchaba voces. Una y otra vez. Como si alguien estuviera gritándome:
—¡Va atrás de ti!
—¡Va atrás de ti!
—¡Va atrás de ti!
Todavía recuerdo esas palabras. No sé quién las decía. No sé si realmente alguien me gritaba o si el miedo me estaba haciendo escuchar cosas. Pero yo las escuchaba claramente. Y eso hizo que corriera todavía más rápido. Sentía que aquella mujer venía detrás de mí. Sentía que si volteaba la cabeza la vería siguiéndome. El camino hasta la casa se me hizo eterno.
Cuando finalmente llegué a la puerta donde estaba mi tía Jovita, rompí en llanto. Lloraba sin poder controlarme. Intentaba decir lo que había visto, pero estaba completamente aterrada. Lo siguiente que recuerdo es oscuridad. Me desmayé. Perdí el conocimiento ahí mismo.
Cuando desperté ya me habían llevado al pequeño espacio donde dormíamos los niños. Era un lugar muy reducido y recuerdo perfectamente que después de aquello ya no quería salir para nada. Tenía miedo. Muchísimo miedo. Porque yo sabía lo que había visto. Había visto a la mujer de blanco.
Con los años escuché más historias sobre aquella aparición. Mi abuelo siempre decía que la mujer estaba relacionada con un dinero enterrado dentro del terreno. Recuerdo que me decía:
—No te asustes, mija. Es que el dinero es suyo.
Pero yo era apenas una niña. ¿Qué me iba a importar un dinero enterrado? Yo no quería riquezas. No quería tesoros. No quería nada de eso. Solo quería olvidar lo que había visto.
Con el paso del tiempo seguí escuchando historias relacionadas con el supuesto tesoro. Mis primos me contaron que incluso llegaron a escarbar muy profundo buscando ese dinero del que tanto se hablaba. Buscaron durante días. Abrieron hoyos enormes. Pero nunca encontraron absolutamente nada. Después comenzaron a decir que aquel dinero no era para cualquiera. Que solamente la persona que veía a la mujer podía encontrarlo. Que ella misma elegía a quién mostrarse.
Yo nunca quise averiguar si eso era verdad. Después de lo que viví, jamás me interesó buscar nada. Muchos años después regresé a Parral junto con mi esposo Martín. En esa ocasión también ocurrieron cosas extrañas en ese mismo lugar. Ya no fui la única que las vio o las sintió. Otras personas también fueron testigos de situaciones difíciles de explicar. Incluso cuando mi hijo estaba muy pequeño viví otra experiencia muy fuerte relacionada con fenómenos paranormales.
Por eso estoy convencida de que existen cosas que no comprendemos. Así como existe lo bueno, también existe lo malo. Entre la vida y la muerte hay apenas un velo muy delgado y, algunas veces, por razones que desconocemos, algo logra atravesarlo.
Hasta el día de hoy sigo recordando aquella tarde en el terreno de mi abuelo. Sigo recordando la malla del corral, el silencio que había alrededor y la figura de aquella mujer completamente vestida de blanco observándome desde la distancia. Tal vez todavía siga ahí. Custodiando aquello que permanece oculto bajo la tierra. Esperando a que algún día aparezca la persona destinada a encontrarlo. O quizás simplemente esperando a que alguien vuelva a mirarla.
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