19/08/2026
| Nunca, pero nunca, recojan muñecas o monos de la calle
Por Ana María Campos
“Hola, soy Ana María Campos, y esto nos pasó a mi familia y a mí allá por el año 2014. Desde entonces tengo muy claro algo: nunca, pero nunca, recojan muñecas o monos que encuentren tirados en la calle.
En aquella ocasión fuimos entre semana al Callejón Lareño a pasar el rato y echarnos unas cervezas. Íbamos mi entonces esposo, una amiga, mi hermana y mis hijos. Mientras nosotros platicábamos, los niños se metieron a la acequia. De pronto, mi hija llegó con una muñeca de trapo que parecía muy vieja. “Mira, mamá, lo que me encontré”. Le dije inmediatamente que la tirara, pero ella se negó y me explicó que la había encontrado debajo del puente, amarrada con un cordón. La muñeca todavía llevaba algo alrededor del cuello. Cuando la revisé, descubrí que era un listón rojo y me pareció ver que tenía algunas letras. En ese momento no le di importancia. Tiré el listón al agua y dejé que mi hija se quedara con la muñeca.
Esa misma noche, ya en nuestra casa de la colonia Abraham González, ocurrió algo que todavía me pone la piel de gallina. Cerca de la una de la madrugada me levanté al baño y escuché claramente risas y voces. Fui al cuarto de los niños y encontré a mi hija despierta, jugando con la muñeca. Le pregunté qué hacía despierta a esas horas y me respondió que estaba jugando con su nueva amiga. Los días pasaron y la niña continuó jugando con aquella muñeca, a la que comenzó a llamar Tere. Una madrugada, alrededor de las cuatro, volví a escuchar que alguien jugaba en la sala. Pensé que mi hija seguía despierta y, molesta, fui por ella. Cuando le exigí que me entregara la muñeca porque ya estaba harta, mi hija me miró y me dijo: “A Tere no le caes bien”. Aquello me dio miedo. Tomé la muñeca y la tiré al bote de basura. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando salí a tirar la basura, la muñeca ya no estaba. Pensé que alguien la había sacado, pero poco después mi hija volvió a aparecer jugando con ella. Le pregunté de dónde la había sacado y aseguró que siempre había estado en su cuarto.
Lo peor ocurrió esa misma noche. Mientras mi hija veía televisión con la muñeca, me quedé observándola y, según mi recuerdo, la muñeca movió la cabeza para mirar a mi hija. Le pregunté entonces quién era Tere. La respuesta me dejó aterrada: “Es una señora, de tu edad”. Esa noche llevé a mi hija a dormir conmigo y dejamos la muñeca en el patio. Cerca de la medianoche escuchamos golpes en la puerta. Mi esposo tomó un bat y yo un cuchillo. Abrimos, pero no había nadie. La única cosa que encontramos era la muñeca colocada en el umbral. La recogí y nuevamente la tiré a la basura. No habían pasado ni 30 minutos cuando volvieron a tocar, esta vez desde la calle. Al abrir, nadie estaba ahí, pero la muñeca estaba nuevamente junto a la puerta. Fue entonces cuando le conté a mi esposo todo lo que había ocurrido. Él la metió a la casa y la colocó sobre el sillón, diciendo que había que averiguar qué estaba pasando.
Al día siguiente acudí con un pastor de una iglesia cristiana y le conté lo sucedido. Me dijo que quemara la muñeca, orara y posteriormente acudiría a bendecir la casa. Lo hice, pero, según mi experiencia, las cosas empeoraron. Comenzaron a escucharse ruidos, se movían objetos y los trastes llegaban a caer sin explicación. Meses después busqué ayuda con un sacerdote, quien me preguntó qué llevaba la muñeca cuando la encontramos. Le expliqué que únicamente recordaba el listón rojo y entonces recordé que había visto algunas letras. El sacerdote acudió a la casa, oró y realizó una bendición, pero los fenómenos continuaron. Finalmente comenzamos a escuchar una voz que nos decía que nos fuéramos, mientras mi hija también aseguraba que Tere quería que abandonáramos la casa. Terminamos por mudarnos. Era una vivienda rentada y, afortunadamente, aquello se quedó ahí. Desde entonces hemos vivido en otros lugares y jamás volvimos a experimentar algo parecido.
No sé qué era aquella muñeca ni qué ocurrió realmente, pero aquella experiencia me dejó una enseñanza que nunca he olvidado: si algún día encuentran una muñeca, un muñeco o cualquier objeto extraño tirado en la calle, piénsenlo dos veces antes de llevárselo a casa.
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Relato enviado por Ana María Campos.