05/08/2020
𝐄𝐥 𝐦𝐚𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐜𝐞𝐜𝐡𝐚
𝑃𝑜𝑟 𝐽. 𝐹𝑟𝑎𝑛𝑘 𝐿. 𝑆.
En el mundo existen todo tipo de personas; están aquellas que no les importa mostrar a los demás su personalidad, también están los tímidos que prefieren apartarse de todos para evitar cualquier contacto que pueda comprometer su integridad emocional. Pero existen unos que son los que más admiro, esos que utilizan máscaras para cubrir su verdadera identidad y que vagan por el orbe fingiendo una sonrisa que no es reflejo de su alma, sino de lo que los demás quieren ver en él; esta persona es de la más valientes, porque, aunque tenga una bala ardiendo en el corazón, nunca lo va a demostrar, únicamente se limita a responder lo que le preguntan y a hacer cuestionamientos ocasionales.
Detrás de cada persona triste hay mil tras ella que lo discriminan por estar perpetuamente en ese estado, porque piensan que sus problemas son poca cosa a comparación de los de su propio criterio. Muchas veces, dentro de esas mil personas se encuentran los mismos padres y lo familiares.
Variedad de decepciones que acechan tus sentimientos y que parecen ir quitando a mordidas la poca esperanza que te queda. Ojalá los humanos fuéramos más como los animales, de esa forma sabríamos lo que gritan los ojos de todos aquellos a los que miramos y así podríamos ayudarles en lugar de perjudicarlos con burlas y comentarios que para cualquiera serían inofensivos; es por eso que los cuchillos tienen un mango y un filo.
A veces uno tiende a juzgar a alguien por cómo luce por fuera, pero muy contadas veces nos detenemos a analizar realmente a alguien para averiguar si nos oculta algo.
Es por eso que, en mi opinión, el humano se inventó máscaras que ocultaran su identidad, apuesto a que el 90% de las personas en el mundo desearían ser alguien más, alguien que sea más fuerte, más inteligente y que tenga la capacidad de resolver todos los problemas que afligen su interior.
Así que ahora me dirijo a ti amig@ que lees este monótono texto, si crees que tu descripción emocional concuerda con lo que he descrito anteriormente, no te sientas solo ni asustado por vivir en un mundo en el que todas las personas parecen ser infinitamente crueles; si crees en el amor, entonces existirá hasta en el lugar que menos te esperes. Porque mientras el sol salga cada mañana por el horizonte, siempre prevalecerá la esperanza de encontrar todo aquello que tu alma añora, porque recuerda que el cielo se aflige por ver la pena que cargas en tu interior. No importa si eres religioso o no, tú debes confiar en que alguien te escucha en los momentos que más lo necesitas, aunque ese alguien seas tú mismo.