04/03/2026
Haciendo camino entre pueblos y leyendas, decidí detenerme un momento en Capula, Michoacán, donde se alza una dama que no pasa desapercibida.
Seis metros de elegancia, sombrero ancho y sonrisa eterna.
La llaman la Catrina monumental, y créanme… cuando uno la mira de cerca, entiende que en México hasta la muerte sabe vestirse con estilo.
Me acerqué con el debido respeto, incliné el sombrero y la saludé como corresponde entre gente decente… aunque estemos un poco descarnados.
Ella no dijo palabra —las grandes damas no suelen hacerlo—, pero su sonrisa parecía decir:
“Bienvenido, cronista… aquí también viven las historias”.
Y yo, que llevo tiempo conversando con fantasmas, puedo asegurarles algo: Capula no solo fabrica catrinas… también guarda recuerdos.
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