Relatos e Historias de Terror

Relatos e Historias de Terror Videos e historias de terror reales y algunos más ficticios

19/06/2026

19/06/2026

Obtuve más de 20 reacciones en una de mis publicaciones la semana pasada. ¡Gracias a todos por el apoyo! 🎉

Con Hector Lozada – ¡Me acaban de reconocer como uno de sus fans destacados! 🎉
19/06/2026

Con Hector Lozada – ¡Me acaban de reconocer como uno de sus fans destacados! 🎉

¡Un saludo a mis nuevos seguidores! ¡Estoy feliz de que me sigan! Jesus Rodriguez Hidalgo, Azucena Fresyta Gomez Romero,...
15/06/2026

¡Un saludo a mis nuevos seguidores! ¡Estoy feliz de que me sigan! Jesus Rodriguez Hidalgo, Azucena Fresyta Gomez Romero, Mar Puma, Junk Francescolli, Luis Pereira, Gabriel Thome, Nestor Alexander Jimenez, Alicia Susana Castro, Iracel Morales Villegas, Daiianah Ayeleen Roldan, Carmen Gonzalez Ortiz, Sandi Garcia A, Judith Hernandez, Manuel Vega Moya, Mariza Barerra, Karla Chaza, Silvana Varino, Cristina Balmont Morale, Ely Ortiz, Vianey Carbajal Sosa, Soledad Guillen, María Jesús Benitez, Jonathan Cornell Ayras Hoses, Aguila Blanca, Denissita Veba, Irma Rosaura Flores, Yolanda Molina, Fernanda Garzon Castaneda, Ofelia Martinez, Lili Salazar de Cabrejos, Rlga Slrm Mar, Arleen Mercado, Hector Lozada, Carol Trujillo, Deysita Bravo, Emilia Canales Fraire, Hector Manuel Chavez, Flor Ruiz, Martin Villagran, Francy Gil, Johana Jarquín Garcia, Julia Leonor Robledo, Graciela Castañeda, David Acevedo, Yamileth Sotillo, Esperansa Jimenes Avalos, Rocio Palos, Susy Sifuentes Rembao, Jorge Cermeño, Jose Luis Gomez

𝗘𝗟 𝗧𝗨𝗥𝗡𝗢 𝗡𝗢𝗖𝗧𝗨𝗥𝗡𝗢Trabajé durante casi un año en una pequeña tienda de conveniencia ubicada junto a una carretera federal...
13/06/2026

𝗘𝗟 𝗧𝗨𝗥𝗡𝗢 𝗡𝗢𝗖𝗧𝗨𝗥𝗡𝗢

Trabajé durante casi un año en una pequeña tienda de conveniencia ubicada junto a una carretera federal. Era el tipo de lugar donde los camioneros compraban café, los viajeros cargaban gasolina y los conductores cansados se detenían unos minutos antes de continuar su camino.
La tienda estaba aislada.
La población más cercana quedaba a unos veinte kilómetros.
De día era tranquila.
De noche era diferente.
Especialmente después de las tres de la madrugada.
Mi jefe siempre decía algo extraño:
—Si alguien entra después de las tres y no ves su vehículo afuera... no le hables demasiado.
Pensé que era una broma.
Hasta aquella noche.
Era un jueves lluvioso.
La tormenta había dejado la carretera prácticamente vacía.
Las cámaras de seguridad mostraban kilómetros de oscuridad en ambas direcciones.
A las 3:17 a.m. estaba acomodando mercancía cuando escuché la campanilla de la puerta.
Ding.
Miré hacia la entrada.
Un hombre acababa de entrar.
Llevaba una chamarra de cuero negra completamente empapada.
Su cabello estaba mojado.
Parecía haber caminado bajo la lluvia durante horas.
Lo extraño era que no había visto ningún vehículo detenerse.
Me acerqué al mostrador.
—Buenas noches.
El hombre simplemente me observó.
Tenía los ojos muy hundidos.
Como si no hubiera dormido en semanas.
Sin decir una palabra comenzó a caminar por los pasillos.
Tomó una botella de agua.
Después una bolsa de frituras.
Luego una barra de chocolate.
Finalmente llegó a la caja.
Cuando levanté los productos para escanearlos, noté algo raro.
Todos tenían fecha de caducidad de hacía más de diez años.
Pensé que era imposible.
Revisé nuevamente.
Las fechas eran reales.
Parpadeé.
Y cuando volví a mirar...
Las fechas habían vuelto a la normalidad.
Sentí un escalofrío.
El hombre pagó con un billete antiguo.
Muy antiguo.
Nunca había visto uno igual.
Antes de salir me preguntó:
—¿Sigue cerrado el puente?
—¿Cuál puente?
—El puente del kilómetro 86.
—No conozco ninguno por ahí.
Su expresión cambió.
Parecía confundido.
Luego simplemente salió.
Corrí hacia la ventana.
No había nadie.
Ni vehículo.
Ni huellas en el lodo.
Nada.
Como si jamás hubiera estado allí.
Pensé que el cansancio me estaba afectando.
Pero las cosas apenas comenzaban.
A las 3:46 a.m. las luces parpadearon.
Las cámaras dejaron de funcionar.
La lluvia aumentó.
Y entonces escuché golpes en la puerta principal.
TOC.
TOC.
TOC.
Miré hacia afuera.
Una mujer estaba parada bajo la tormenta.
Vestía ropa blanca.
Muy antigua.
Parecía salida de una fotografía de principios del siglo pasado.
Cuando entró, el aire dentro de la tienda se volvió helado.
La temperatura cayó de inmediato.
La mujer se acercó lentamente.
—¿Tiene teléfono?
—Sí.
—Necesito llamar a mi esposo.
Le señalé el teléfono de la tienda.
Ella tomó el auricular.
Marcó un número.
Esperó.
Después sonrió.
—Gracias.
Colgó.
Y salió.
Todo duró menos de un minuto.
Cuando revisé el teléfono para asegurarme de que funcionaba correctamente, vi algo imposible.
No había marcado ningún número.
El registro de llamadas estaba vacío.
Completamente vacío.
A las 4:10 a.m. decidí llamar a mi jefe.
Le conté todo.
Hubo varios segundos de silencio.
—¿La mujer vestía de blanco?
—Sí.
—¿Y el hombre de la chamarra negra apareció primero?
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿Cómo lo sabes?
Mi jefe suspiró.
—Porque aparecen siempre en ese orden.
Sentí que se me secaba la boca.
—¿De qué estás hablando?
—Escucha con atención. Si alguien entra después de las cuatro y te pide ayuda para llegar al kilómetro 86... no respondas.
La llamada se cortó.
Intenté devolverla.
Sin señal.
Entonces escuché nuevamente la campanilla.
Ding.
La puerta acababa de abrirse.
Un camionero entró apresuradamente.
Parecía aterrado.
Estaba cubierto de barro.
—¿Tienes gasolina?
—Sí.
—¿Puedes llamar a la policía?
—¿Qué ocurrió?
El hombre miró hacia las ventanas.
Como si alguien lo estuviera observando.
—Vi personas caminando sobre la carretera.
—¿Cuántas?
—Decenas.
Todos iban en la misma dirección.
—¿Hacia dónde?
—Hacia el puente del kilómetro 86.
Mi sangre se congeló.
—No existe ningún puente ahí.
El camionero me observó.
—Claro que existe.
Y entonces sacó una fotografía.
Era una imagen vieja y amarillenta.
Mostraba un enorme puente atravesando un barranco.
En la parte inferior podía leerse una fecha.
1962.
—Mi abuelo trabajó allí —dijo.
—¿Qué pasó?
El hombre tragó saliva.
—Colapsó.
Más de cuarenta personas murieron.
En ese momento todas las luces de la tienda se apagaron.
La oscuridad nos envolvió.
Escuchamos pasos afuera.
Muchos pasos.
Cientos.
Como una multitud caminando bajo la lluvia.
El camionero y yo nos acercamos lentamente a las ventanas.
Lo que vimos nos dejó paralizados.
Había personas caminando sobre la carretera.
Hombres.
Mujeres.
Niños.
Todos empapados.
Todos cubiertos de barro.
Todos avanzando en silencio.
Como si estuvieran siguiendo una procesión invisible.
Ninguno volteaba hacia la tienda.
Simplemente caminaban.
Y caminaban.
Y caminaban.
Hasta desaparecer en la oscuridad.
Las luces regresaron de golpe.
Los pasos cesaron.
La carretera volvió a quedar vacía.
El camionero estaba temblando.
Yo también.
Entonces escuchamos una voz detrás de nosotros.
—¿Me pueden decir cómo llegar al puente?
Nos giramos lentamente.
Un hombre estaba de pie junto a los refrigeradores.
No lo habíamos visto entrar.
Vestía ropa rota y cubierta de tierra.
Tenía una herida enorme en la frente.
Y sonreía.
Recordé la advertencia de mi jefe.
No respondí.
El camionero tampoco.
El hombre volvió a preguntar:
—¿Cómo llego al puente?
Silencio.
Su sonrisa desapareció.
Por primera vez parecía molesto.
—Necesito volver.
Seguimos sin responder.
Entonces las cámaras comenzaron a encenderse solas.
Una por una.
Los monitores mostraron algo imposible.
La cámara exterior enfocaba la carretera.
Y allí estaba el hombre.
Caminando bajo la lluvia.
Pero también estaba dentro de la tienda.
Al mismo tiempo.
El hombre observó las pantallas.
Luego nos observó a nosotros.
Y finalmente dijo:
—Todavía no encuentran el camino.
Las luces explotaron.
Todos los vidrios temblaron.
Y el hombre desapareció.
Simplemente desapareció.
Cuando llegó el amanecer, mi jefe apareció.
Escuchó todo sin sorprenderse.
Después me llevó a una pared detrás del almacén.
Allí había un periódico enmarcado.
El titular decía:
"Tragedia en el puente del kilómetro 86: 43 mu***os."
La fotografía mostraba a varias víctimas.
Reconocí de inmediato al hombre de la chamarra negra.
A la mujer vestida de blanco.
Y al hombre que preguntaba por el puente.
Todos habían mu**to más de sesenta años atrás.
Renuncié esa misma semana.
Nunca regresé.
Pero aún hoy, cuando conduzco por esa carretera durante la madrugada, veo algo extraño.
A veces, exactamente a las 4:10 a.m., aparecen luces a lo lejos entre la lluvia.
Parecen las luces de una multitud caminando.
Y por un instante...
puedo escuchar cientos de voces preguntando al mismo tiempo:
—¿Cómo llegamos al puente?

11/06/2026

El pasajero de la cuenta cancelada

Soy conductor de Uber desde hace más de seis años. He trabajado de noche casi todo ese tiempo. He recogido borrachos, parejas peleando, gente llorando después de una ruptura y personas que simplemente querían llegar a casa.
Pero hay un viaje que todavía me persigue.
Ocurrió una madrugada de noviembre.
Eran las 2:47 a.m. cuando recibí una solicitud. La ubicación estaba en una carretera secundaria, a las afueras de la ciudad. Me pareció extraño porque en esa zona casi no había casas ni negocios.
Estuve a punto de rechazar el viaje, pero necesitaba completar un bono de viajes nocturnos.
Conduje hasta el punto marcado.
La carretera estaba completamente vacía.
No había autos.
No había personas.
Nada.
Pensé que la aplicación estaba fallando.
Entonces vi a alguien.
Un hombre alto estaba parado bajo un árbol seco a unos metros de la carretera.
Vestía un traje negro antiguo y llevaba un sombrero.
No se movía.
Ni siquiera parecía respirar.
Mi teléfono indicó:
Esperando al usuario."
Las puertas se desbloquearon automáticamente.
El hombre abrió la puerta trasera y se sentó.
No dijo una sola palabra.
Yo tampoco.
Comencé el viaje.
Durante varios minutos solo escuché el ruido del motor.
Miré el espejo retrovisor.
El pasajero observaba por la ventana.
Su rostro estaba pálido.
Demasiado pálido.
Como si no hubiera visto el sol en años.
Intenté iniciar conversación.
—Buenas noches.
No respondió.
Seguí conduciendo.
A los diez minutos sentí un olor extraño.
Era como tierra mojada mezclada con flores marchitas.
El olor se volvió más intenso.
Miré nuevamente el espejo.
El hombre seguía inmóvil.
Entonces noté algo raro.
No podía ver sus ojos.
Todo su rostro parecía estar cubierto por una sombra.
Aunque la luz de los postes iluminaba el resto del vehículo.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Intenté ignorarlo.
Faltaban quince minutos para llegar.
La ruta nos llevó por un tramo de carretera rodeado de campos vacíos.
No había señal telefónica.
Ni luces.
Ni tráfico.
Solo oscuridad.
De repente el GPS se apagó.
La pantalla quedó negra.
Mi celular perdió señal.
La radio comenzó a emitir estática.
Y entonces escuché una voz detrás de mí.
—¿Cuánto falta para llegar?
Era la primera vez que hablaba.
Su voz sonaba profunda.
Como varias voces hablando al mismo tiempo.
—Unos quince minutos —respondí.
Hubo silencio.
Después dijo:
—Hace mucho tiempo que intento llegar.
Sentí un n**o en el estómago.
No pregunté nada más.
Quería terminar el viaje y olvidarlo.
Pero algo ocurrió.
Al revisar la aplicación noté que el destino había cambiado.
Ya no aparecía una dirección.
Solo aparecían unas coordenadas en medio de la nada.
Pensé que era un error.
Miré por el espejo.
El hombre sonreía.
Una sonrisa enorme.
Antinatural.
Demasiado amplia para un rostro humano.
Apreté el acelerador.
Quería salir de ahí.
Sin embargo, mientras avanzaba, empecé a ver figuras a los lados de la carretera.
Personas.
Decenas de personas.
Paradas entre los campos.
Todas inmóviles.
Todas observando mi automóvil.
No podía distinguir sus rostros.
Solo sus siluetas.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Miré nuevamente al pasajero.
—¿Quiénes son ellos?
No respondió.
Las figuras seguían apareciendo.
Una tras otra.
Como si estuvieran esperando algo.
Entonces el hombre habló.
—Llegamos.
Miré hacia adelante.
No había ninguna casa.
Ningún edificio.
Nada.
Solo un viejo cementerio abandonado.
El portón estaba abierto.
La aplicación marcó:
Finalizar Viaje."
Frené bruscamente.
—Creo que hay un error.
El hombre se inclinó hacia adelante.
Pude sentir su aliento helado en mi cuello.
—No hay error.
Y entonces vi su rostro por primera vez.
Sus ojos eran completamente negros.
No tenían pupilas.
No tenían iris.
Solo oscuridad.
Quise abrir la puerta y correr.
Pero mi cuerpo no respondía.
El hombre sonrió.
—Gracias por traerme de vuelta.
Las luces del automóvil se apagaron.
Todo quedó oscuro.
Escuché cómo la puerta trasera se abría.
Y después se cerraba.
Las luces regresaron.
Miré el espejo.
El asiento estaba vacío.
Respiré aliviado.
Tomé mi celular para reportar el incidente.
Pero la aplicación ya no mostraba el viaje.
Era como si nunca hubiera existido.
Sin embargo, había algo más.
En el asiento trasero encontré una fotografía antigua.
Mostraba a un hombre vestido exactamente igual que mi pasajero.
La imagen estaba fechada en 1954.
Detrás había una nota escrita a mano:
"Falleció en un accidente camino al cementerio. Nunca llegó a su entierro."
Al día siguiente fui al cementerio.
Necesitaba respuestas.
Busqué al cuidador y le mostré la fotografía.
El anciano la observó durante varios segundos.
Su rostro perdió el color.
—¿Dónde consiguió esto?
Le conté todo.
El hombre comenzó a temblar.
Luego señaló una lápida cercana.
La fotografía de la tumba era exactamente la misma.
Mismo traje.
Mismo sombrero.
Misma sonrisa.
Sentí que el mundo se detenía.
Antes de irme, el cuidador me dijo algo que jamás olvidaré:
—Usted es el cuarto conductor que viene a preguntar por él.
—¿Y los otros tres?
El anciano bajó la mirada.
—Desaparecieron una semana después.
Han pasado tres años desde aquella noche.
Sigo conduciendo Uber.
Pero cada vez que recibo una solicitud cerca de esa carretera...
La cancelo inmediatamente.
Porque algunas noches, exactamente a las 2:47 a.m., aparece una cuenta nueva solicitando un viaje.
Y la foto del pasajero...
Siempre es la misma.

11/06/2026
"La cámara de seguridad"Carlos instaló cámaras en toda su casa porque pensaba que alguien entraba mientras él trabajaba....
11/06/2026

"La cámara de seguridad"

Carlos instaló cámaras en toda su casa porque pensaba que alguien entraba mientras él trabajaba.
Una noche revisó las grabaciones.
Todo parecía normal.
Hasta que observó algo extraño.
Cada madrugada, exactamente a las 4:11 a.m., una mujer aparecía parada junto a su cama observándolo dormir.
No se movía.
No hacía nada.
Simplemente miraba.
Al día siguiente revisó la grabación más reciente.
La mujer ya no estaba junto a la cama.
Estaba frente a la cámara.
Sonriendo.
Y levantando un papel donde había escrito:
"Ya se dio cuenta de mí."

11/06/2026

El número desconocido
A las 3:03 a.m., Laura recibió una llamada de un número oculto.
Contestó.
Solo escuchó su propia respiración.
Colgó.
Un minuto después volvió a sonar.
—¿Quién eres? —preguntó.
Una voz respondió:
—No abras la puerta.
Laura sintió un escalofrío.
—¿Qué?
—No abras la puerta. Estoy escondida arriba. Ya entró.
La llamada se cortó.
En ese instante alguien tocó la puerta principal.
Y desde el segundo piso escuchó unos pasos corriendo.

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