08/07/2025
Cristianismo y posmodernidad: Ser iglesia en tiempos difíciles.
En las últimas décadas, el concepto de posmodernidad ha sido objeto de numerosos debates, especialmente en lo que respecta a su vigencia y aplicabilidad en el análisis del presente. Para algunos autores, la posmodernidad fue una etapa transicional marcada por el relativismo, la fragmentación del sujeto, la crisis de los grandes relatos y una reconfiguración radical de las formas culturales y sociales. Sin embargo, es importante reconocer que este término ha sido también empleado de forma ambigua o excesivamente amplia, lo que ha llevado a ciertos sectores académicos a cuestionar su capacidad explicativa para los tiempos actuales.
A pesar de estas observaciones críticas, en este libro se opta por conservar el término posmodernidad como marco histórico y cultural de referencia, especialmente para describir el impacto que las transformaciones del pensamiento contemporáneo han tenido sobre la iglesia y la experiencia de fe. No se trata de una afirmación acrítica o definitiva sobre el estado del mundo, sino del reconocimiento de una etapa en la que muchas de las certezas tradicionales, incluyendo las de orden moral, epistemológico y espiritual, fueron puestas en entredicho, afectando profundamente la vida eclesial.
Autores como Zygmunt Bauman, al proponer la noción de modernidad líquida, no descartaron del todo la categoría de posmodernidad, sino que sugirieron su reformulación como una fase fluida y volátil de la modernidad, caracterizada por el debilitamiento de los vínculos sólidos y la constante transformación de la identidad. De modo semejante, Gilles Lipovetsky y Ulrich Beck han hablado de una segunda modernidad o hipermodernidad, donde la individualización, la incertidumbre global y la autorreflexividad social ya no se explican exclusivamente desde los términos posmodernos.
Por otro lado, el análisis de fenómenos emergentes como el dominio de los datos, la manipulación algorítmica del comportamiento y la economía de la vigilancia —descritos por Shoshana Zuboff— abre horizontes críticos que superan el relativismo posmoderno y obligan a la iglesia a replantear su presencia ética y espiritual en un mundo cada vez más gobernado por la tecnopolítica.
Asimismo, teorías como el metamodernismo, propuestas por Timotheus Vermeulen y Robin van den Akker, reivindican una nueva sensibilidad cultural que oscila entre el desencanto posmoderno y el anhelo moderno de sentido, recuperando formas de compromiso, esperanza y búsqueda, aunque con plena conciencia de su provisionalidad. Esta oscilación metamoderna también interpela a la fe cristiana, que no puede permanecer ni en la negación ingenua de la modernidad ni en el escepticismo paralizante de la posmodernidad.
En este sentido, la elección del término no es nostalgia ni fijación conceptual, sino una herramienta crítica para interpretar cómo la fe cristiana y la vida de la iglesia han debido posicionarse en un mundo marcado por la incertidumbre, el pluralismo y la pérdida de referentes sólidos, sin desconocer las nuevas dinámicas culturales que ya están configurando una etapa posterior o paralela al horizonte posmoderno.