30/12/2025
Relato de un seguidor
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El túnel de Nuevo Madero
Cuando la colonia Nuevo Madero apenas comenzaba a tomar forma,
no había calles pavimentadas,
no había luces,
y el monte todavía reclamaba lo que hoy llamamos hogar.
Aquella noche, cerca de la iglesia que marca la entrada de la colonia,
un grupo de amigos escuchó un ruido extraño entre la maleza.
No era viento.
No era un ave.
Era un quejido.
Al acercarse, vieron a un perrito forcejeando en lo que parecía un pozo antiguo,
cubierto de hierba y lodo, como si la tierra misma hubiera intentado ocultarlo.
Intentaron sacarlo,
pero el animal no quería subir.
Corría hacia adentro.
Ahí se dieron cuenta de la verdad:
no era un pozo…
era un túnel.
El interior estaba húmedo, oscuro,
con agua estancada y raíces colgando del techo.
Aun así, avanzaron unos metros hasta que lograron atrapar al perro y sacarlo.
Pero algo no cuadraba.
El túnel seguía…
y seguía…
perdiéndose en la oscuridad.
Tiempo después, un hombre mayor les confirmó el rumor:
ese túnel recorría gran parte del subsuelo
y salía más adelante, cerca del corredor urbano.
Nadie supo quién lo había construido.
Nadie supo para qué.
Solo se decía que, años atrás,
ahí habían encontrado armas antiguas
y monedas viejas,
como si alguien hubiera escondido algo…
o a alguien.
Desde entonces, hay quienes aseguran que, en noches silenciosas,
se escuchan pasos bajo la tierra,
y un perro que llora…
no para que lo rescaten,
sino para atraer a quien quiera seguirlo.
Porque el túnel sigue ahí.
Y no todos los que entran
regresan completos