10/05/2026
En mateo 25:14-30
La parábola comienza con un acto de confianza: el señor entrega sus bienes a sus siervos. Es fundamental entender que el talento no te pertenece. Dios te ha otorgado una técnica, una flexibilidad, un sentido del ritmo o una capacidad de expresión emocional única.
No te compares: El señor dio a cada uno conforme a su capacidad. Tu responsabilidad no es tener el "talento de cinco" si recibiste el de dos; tu responsabilidad es ser fiel con lo que tienes hoy.
La danza es un encargo: Cada ensayo y cada rutina es una oportunidad de administrar un regalo que viene de arriba.🩰🙌🏻✨
El tercer siervo enterró su talento por miedo. En la danza cristiana, el miedo tiene muchos nombres:
"No soy tan profesional como los demás."
"Me da vergüenza que me vean ministrar."
"Prefiero quedarme en la última fila para no equivocarme."
Enterrar tu danza es privar a la congregación de ver la gloria de Dios a través de tu movimiento. El miedo paraliza, pero el amor por Aquel que nos dio el don nos impulsa a salir a la luz. Un talento guardado es una bendición desperdiciada.🩰🙌🏻✨
Los siervos que multiplicaron sus talentos lo hicieron trabajando. En el ministerio de danza, la multiplicación sucede en la disciplina:
Cuando perfeccionas un paso para que la distracción técnica desaparezca y solo quede el mensaje.
Cuando estudias la Palabra para que tu danza tenga fundamento bíblico.
Cuando cuidas tu cuerpo (tu instrumento) como templo del Espíritu Santo.🩰🙌🏻
La recompensa final no fue un trofeo ni el reconocimiento del público, sino las palabras: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".
Nuestra meta final como danzores no es una ovación al terminar la coreografía, sino que, al final de nuestra vida, podamos decir que gastamos cada gota de sudor y cada movimiento para extender Su Reino🩷🙌🏻🩰
¿Estás puliendo tu danza para que rinda frutos, o la tienes guardada en el suelo del conformismo?
¡Danza con libertad, porque tu Dueño confía en ti!