26/05/2026
Cuando un Pueblo Mágico se convierte en cantina, deja de ser mágico
Tlayacapan ha sido, durante años, uno de los destinos más representativos de Morelos. Sus calles empedradas, sus tradiciones, el Ex Convento de San Juan Bautista, las capillas de barrio y la tranquilidad que se respira en sus calles le dieron el reconocimiento de Pueblo Mágico y lo convirtieron en un lugar atractivo para visitantes nacionales y extranjeros. Sin embargo, hoy esa identidad comienza a verse amenazada por el crecimiento descontrolado de bares, establecimientos nocturnos y comercios que operan hasta altas horas de la madrugada.
El problema ya no es solamente la apertura de nuevos negocios. El verdadero riesgo es que Tlayacapan empiece a perder aquello que lo hacía diferente. Un pueblo que antes era visitado por su historia, su cultura y su ambiente familiar, poco a poco comienza a asociarse con ruido, saturación de calles, venta excesiva de alcohol y desorden nocturno.
Aunque existen reglamentos municipales que establecen horarios de funcionamiento y normas para la venta de bebidas alcohólicas, en la práctica es común encontrar establecimientos trabajando fuera de horario o comercios sin permisos visibles operando durante fines de semana y temporadas vacacionales. Esto genera una sensación de falta de control que termina afectando tanto a habitantes como a turistas.
Cuando un Pueblo Mágico se llena de bares, deja de atraer al turismo cultural y comienza a atraer únicamente consumo nocturno. Y eso cambia completamente la esencia del lugar. Las familias dejan de sentirse cómodas caminando por el centro en la noche, los visitantes buscan destinos más tranquilos y los espacios históricos quedan opacados por la música a alto volumen y el comercio desordenado.
Lo más preocupante es que Tlayacapan sí tiene alternativas para fortalecer su turismo sin depender de la vida nocturna. El municipio cuenta con una riqueza cultural enorme: el Museo de Arte Sacro, la fábrica artesanal de velas, las rutas hacia el cerro, las festividades tradicionales y una de las arquitecturas coloniales más importantes del estado. Ese debería ser el centro de la experiencia turística.
No se trata de estar en contra de los bares o de la actividad económica. El turismo necesita comercio y entretenimiento. El problema aparece cuando no existe regulación y cuando el crecimiento de estos negocios comienza a afectar la identidad del municipio. Un Pueblo Mágico no puede sostener su atractivo únicamente en la venta de alcohol.
Por eso, autoridades y ciudadanos deben actuar antes de que el problema sea irreversible. Aplicar los reglamentos existentes, supervisar horarios, regular permisos y proteger los espacios históricos no debería verse como un obstáculo para el turismo, sino como una forma de conservarlo.
Porque si Tlayacapan pierde su esencia, perderá también aquello que durante años hizo que miles de personas quisieran visitarlo.
Imagen de autor: Cruz Rodolfo
Articulo por: Cruz Rodolfo