El León Negro

El León Negro "La oscuridad en el corazón no es más que el eco de las penas que no supimos soltar... heridas del ayer que aún piden ser sanadas."🖤

Todo lo que no se puede decir normalmente por que pocos lo pueden entender, toda esa poesía que nos vuelve sutilmente débiles ante el mundo, es lo que se refleja en este rincón, el león poeta es esa parte de mi ser que oculto pero al mismo tiempo quiero que sea libre.

ANTES DE SER PAPÁ Y MAMÁ, FUIMOS PAREJA.Y quizá deberíamos recordarlo más seguido.Porque un día llegan los hijos y, sin ...
23/08/2026

ANTES DE SER PAPÁ Y MAMÁ, FUIMOS PAREJA.
Y quizá deberíamos recordarlo más seguido.

Porque un día llegan los hijos y, sin darnos cuenta, toda la vida empieza a girar alrededor de ellos.
Las comidas. Los horarios. Las tareas. Las desveladas. Los gastos. Las preocupaciones. Los pendientes.

Y entre pañales, juguetes, escuela, trabajo y cansancio… a veces dejamos de mirarnos como antes.
Ya no somos “tú y yo”.
Somos mamá y papá.

Y sí, los hijos necesitan nuestra atención, nuestro tiempo y nuestro amor.
Pero también necesitan algo que pocas veces se dice: ver que sus padres se siguen queriendo.

Que todavía se abrazan.
Que todavía se ríen juntos.
Que pueden sentarse a tomar un café sin hablar solamente de los hijos.
Que todavía existe un “¿cómo estuvo tu día?” que no tiene que ver con tareas ni problemas.

Que mamá también puede ser mujer.
Que papá también puede ser hombre.
Que antes de convertirse en padres, fueron dos personas que se encontraron, se eligieron y decidieron caminar juntas.

Porque los hijos crecen.
Un día dejan los juguetes.
Después dejan la casa.
Y llega ese momento en el que vuelven a quedar solamente ustedes dos.

Y entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Todavía sabemos quiénes somos el uno para el otro?

Por eso no esperen a que los hijos crezcan para volver a encontrarse.
Cuídense ahora.
Búsquense ahora.
Dense un beso sin motivo.
Abrácense aunque estén cansados.
Tengan una cita aunque sea en casa.
Ríanse de cualquier pendejada.
Háganse espacio.

No necesitan grandes viajes ni cenas costosas.
A veces basta con apagar el teléfono, sentarse juntos y recordar:
“Antes de ser una familia, éramos nosotros.”

Y seguir siendo pareja no significa amar menos a los hijos.
Al contrario.
Una relación cuidada también construye un hogar más fuerte.

Porque una familia no se sostiene únicamente con sacrificios.
También se sostiene con cariño.
Con complicidad.
Con respeto.
Con deseo.
Con paciencia.

Con esos pequeños momentos en los que dos personas cansadas se miran y, a pesar de todo lo que llevan encima, todavía pueden decir:
“Aquí seguimos.”

No permitan que la responsabilidad de ser padres termine enterrando la relación que hizo posible que esa familia existiera.

Los hijos necesitan padres.
Pero también necesitan ver que el amor no solamente sirve para traer personas al mundo.
También sirve para quedarse, cuidarse y elegirse mientras la vida pasa.

🖤🦁
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23/08/2026

Muchas gracias a Francisco Treviño, Erén González, Virginia Pereda Peña, Maria Veneruzzo, Laura Sandoval, Santiago Avila, Rosco Hernández, Ferchynando Garcia, Leandro Leandro, Marina Otero, Ana Itzel Calderón, Sergio Diaz, Silvana Cufre, Alex Canche, Raúl Perez, Alicia Delafuente, Odalis Nuñez Bandera, Leo King, Antonio Reina, Rosita Aguilar, William Benítez, Gerardo Cortez, Ada Cardozo, Alberto Barcenas, Miriam Suarez, Victor Hernández

por todo el apoyo. ¡Felicitaciones a mis fans destacados que están en racha 🔥!

NO TE PREOCUPES POR ALGO QUE NO TIENE QUE VER CONTIGO.Hay una cantidad absurda de energía que gastamos intentando entend...
22/08/2026

NO TE PREOCUPES POR ALGO QUE NO TIENE QUE VER CONTIGO.

Hay una cantidad absurda de energía que gastamos intentando entender cosas que no nos corresponden.

¿Por qué no me escribió?
¿Por qué cambió conmigo?
¿Qué estará pensando?
¿Por qué hizo eso?
¿Por qué no me tomó en cuenta?
¿Qué estarán diciendo de mí?

Y mientras buscas respuestas afuera… te vas desgastando por dentro.

Tu mente empieza a llenar los silencios con historias. Un mensaje que no llegó se convierte en rechazo. Una mirada se convierte en desprecio. Una decisión ajena se convierte en algo personal. Y terminas cargando problemas que quizá nunca fueron tuyos.

Aprende algo: no todo tiene que ver contigo.

Hay personas que se alejan porque están luchando con sus propios demonios. Personas que cambian porque están viviendo procesos que desconoces. Personas que no saben querer. Personas que no saben comunicarse. Personas que simplemente toman decisiones diferentes a las que tú hubieras tomado.

Y sí, algunas veces vas a resultar herido. Pero no necesitas convertir cada comportamiento ajeno en un juicio sobre tu valor. Porque si intentas encontrar tu valor en la manera en que los demás te tratan, vas a vivir emocionalmente a merced de personas que ni siquiera saben lo que quieren.

No puedes controlar lo que alguien piensa de ti.
No puedes controlar si alguien se queda.
No puedes controlar si alguien te entiende.
No puedes controlar si alguien reconoce lo que hiciste por él.

Puedes explicar tus intenciones. Puedes actuar con honestidad. Puedes hacer las cosas bien. Y después… soltar.

Porque también existe una forma de perder la paz: querer tener respuestas para todo. A veces la respuesta simplemente es: “No lo sé.” Y está bien.

No todo silencio necesita una explicación.
No toda distancia necesita una persecución.
No toda ausencia necesita que corras detrás.
No todo problema necesita convertirse en tu problema.
Y no toda persona merece ocupar espacio permanente en tu cabeza.

Cuida tu energía. Porque cada minuto que pasas obsesionado con algo que no puedes controlar es un minuto que le estás quitando a algo que sí depende de ti: tu vida.

Así que deja que algunos hagan lo que quieran. Deja que algunos piensen lo que quieran. Deja que algunos se vayan. Deja que algunas historias terminen sin que tengas que entender cada ma***to detalle.

No porque no te importe. Sino porque finalmente entendiste que tu paz también tiene límites.

Hay cosas que merecen tu atención. Y hay otras que solamente merecen que respires profundo… y sigas caminando.


🖤🦁
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LA PAREJA CORRECTA NO TE QUITA EL PESO. LO CARGA CONTIGO.Nadie entra a una relación con una mochila vacía. Cada uno lleg...
21/08/2026

LA PAREJA CORRECTA NO TE QUITA EL PESO. LO CARGA CONTIGO.

Nadie entra a una relación con una mochila vacía. Cada uno llega con su historia: con deudas, con problemas familiares, con inseguridades, con heridas que todavía duelen, con días buenos y días donde simplemente no sabes cómo seguir.

Y tarde o temprano la vida mete más cosas en esa mochila. Problemas económicos, enfermedades, pérdidas, cambios, fracasos, preocupaciones, miedos. Y ahí es donde muchas relaciones se rompen.

Porque mientras todo está bien, cualquiera puede decir: “Siempre voy a estar contigo.” La verdadera prueba aparece cuando la mochila se vuelve demasiado pesada. Cuando ya no hay dinero suficiente. Cuando uno de los dos está cansado. Cuando llegan los problemas que nadie esperaba. Cuando el s**o pasa a segundo plano porque hay preocupaciones más grandes. Cuando uno necesita llorar en lugar de sonreír. Ahí descubres con quién estás realmente.

Porque la pareja correcta no es la que promete que nunca tendrás problemas. Es la que se sienta contigo en medio del problema y dice: “A ver… ¿cómo le hacemos?”

No importa si hoy cargas tú. Mañana quizá me toque a mí. No importa quién gane más. No importa quién tenga más fuerza. No importa quién esté acostumbrado a resolverlo todo. Hay días en los que uno será el fuerte y el otro necesitará ser sostenido. Y habrá otros días en los que los papeles se invertirán. Eso también es amor.

No competir para ver quién carga menos. Sino preguntarse quién necesita una mano. Porque amar no es solamente compartir viajes, cenas, películas, besos y fotografías bonitas. Amar también es sentarse a hacer cuentas cuando no alcanza. Es acompañar al otro al médico. Es levantarse cuando ambos están cansados. Es decir “yo me encargo de esto” cuando sabes que el otro ya no puede más. Es abrazarse después de una discusión y recordar que el problema está enfrente… no uno contra el otro.

Y ojo: estar juntos no significa aguantarlo todo. Una relación sana no consiste en soportar maltrato, humillaciones o traiciones con la excusa de “juntos podemos”. No. Significa que cuando la vida golpea, ambos están dispuestos a enfrentarla como equipo.

Porque una pareja no se demuestra cuando todo sobra. Se demuestra cuando falta. Cuando duele. Cuando pesa. Cuando nadie sabe exactamente qué hacer. Ahí se descubre si tienes una pareja… o solamente alguien que estaba contigo mientras la vida era cómoda.

Así que si tienes a alguien que, en medio del caos, no te pregunta: “¿Qué puedes hacer por mí?” sino: “¿Qué puedo hacer por ti?” Cuídalo. Y si tú eres esa persona para alguien… sigue siéndolo. Porque quizá no puedas quitarle todos los problemas. Pero puedes hacer algo que vale muchísimo: hacerle saber que no tiene que enfrentarlos solo.

Al final, la mochila seguirá pesando. La vida no va a dejar de poner cosas dentro. Pero cuando dos personas realmente se aman… el peso sigue siendo grande, pero ya no lo carga una sola persona. Y a veces eso es lo que salva una relación.

No encontrar a alguien que te haga la vida fácil. Encontrar a alguien con quien la vida difícil siga valiendo la pena.

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Prefiero ser el villano en tu historia que el tonto en la mía.Durante mucho tiempo nos enseñaron a cuidar demasiado la i...
21/08/2026

Prefiero ser el villano en tu historia que el tonto en la mía.

Durante mucho tiempo nos enseñaron a cuidar demasiado la imagen que dejamos en los demás. A no decir que no. A no alejarnos. A explicar cada decisión. A soportar cosas que nos lastimaban para que nadie pudiera decir: “Qué mala persona.”

Y terminamos haciendo algo terrible: traicionarnos a nosotros mismos para no decepcionar a los demás.

Pero llega un momento en el que tienes que dejar de vivir preocupado por el papel que alguien decidió darte en su historia. Porque cuando empiezas a poner límites, algunos van a llamarte egoísta. Cuando dejas de permitir ciertas cosas, dirán que cambiaste. Cuando ya no corres detrás de quien se aleja, dirán que nunca te importó. Cuando eliges tu tranquilidad, alguien puede convertirte en el villano de su versión de los hechos.

¿Y sabes qué? Que lo haga.

No puedes controlar la historia que alguien cuenta sobre ti. Solo puedes controlar las decisiones que tomas contigo. Y a veces ser el “malo” para alguien significa simplemente que dejaste de hacer lo que esa persona esperaba de ti.

Dejaste de contestar siempre.
Dejaste de perdonar lo imperdonable.
Dejaste de aceptar migajas.
Dejaste de justificar faltas de respeto.
Dejaste de rescatar a quien nunca estuvo cuando tú necesitabas ser rescatado.

Y quizá sí… para alguien vas a ser el villano. Pero pregúntate algo: ¿De qué sirve quedar como una buena persona ante todos si para conseguirlo tienes que convertirte en una persona miserable contigo mismo?

No necesitas que todos comprendan tus decisiones. No necesitas que todos estén de acuerdo. No necesitas escribir un ensayo explicando por qué decidiste marcharte. Hay puertas que se cierran sin discursos. Hay personas que se dejan atrás sin odio. Y hay historias que terminan simplemente porque seguir en ellas significa perderte.

Prefiero que alguien piense que fui frío… a seguir calentando con mi propia vida una relación que ya me estaba quemando.
Prefiero que digan que cambié… a seguir siendo la misma persona que permitía que todos pasaran por encima de mí.
Prefiero que me recuerden como el villano de una historia… antes que volver a ser el id**ta que se abandonaba a sí mismo para que otros estuvieran cómodos.

Porque al final, no viniste a este mundo para caerle bien a todo el mundo. Viniste a vivir. A aprender. A equivocarte. A poner límites. A elegir. Y también… a dejar de pedir permiso para salvarte.

Si para hacerlo alguien necesita convertirte en el malo de su película… que apaguen las luces.
Tú ya no estás actuando para ellos.

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Aprendes a vivir, poniendo en pausa el tiempo en tus ojosHay una edad en la que comienzas a entender que el tiempo no so...
21/08/2026

Aprendes a vivir, poniendo en pausa el tiempo en tus ojos

Hay una edad en la que comienzas a entender que el tiempo no solamente pasa en el calendario. También pasa dentro de ti. Pasa en las fotografías que ya no representan quién eres. En las canciones que te llevan de regreso a una etapa que creías superada. En las personas que alguna vez fueron parte de tu vida y hoy solamente existen en tus recuerdos.

Y quizá lo más extraño es que el reloj nunca se detiene, pero nuestra mente sí puede quedarse atrapada en algún momento del pasado. Puedes estar sentado en tu casa y, sin embargo, estar viviendo aquella conversación que ocurrió hace diez años. Puedes estar abrazando a alguien que amas y, al mismo tiempo, sentir miedo de perderlo. Puedes tener una vida completamente distinta y seguir castigándote por una decisión que tomaste cuando todavía no sabías lo que hoy sabes.

Eso hace la mente cuando no encuentra la manera de soltar. Regresa. Repite. Analiza. Busca explicaciones. Construye escenarios que nunca ocurrieron. Y vuelve a preguntarte: “¿Qué habría pasado si…?”. El problema es que esa pregunta no tiene final. Porque siempre podrás imaginar otra decisión, otra oportunidad, otra respuesta, otro camino. Y mientras intentas modificar mentalmente una historia que ya terminó, estás dejando de escribir la que está ocurriendo ahora.

También existe la otra trampa: la de vivir esperando. Esperar a tener más dinero. Esperar a sentirte mejor. Esperar a encontrar a la persona correcta. Esperar a que desaparezcan los problemas. Esperar las vacaciones. Esperar el momento perfecto. Esperar a convertirte en una versión de ti mismo que todavía no existe. Y así pasan meses. Después años. Y un día descubres algo incómodo: estabas tan ocupado esperando que comenzara tu vida que no te diste cuenta de que ya estaba sucediendo.

Nuestra mente puede llevarnos constantemente a lugares donde el cuerpo no está. Puede convertir el pasado en una habitación donde seguimos entrando para castigarnos. Y puede convertir el futuro en una película que proyectamos una y otra vez para prepararnos para dolores que quizá jamás ocurran. Mientras tanto, el presente queda abandonado. Ese momento que no parece importante. Ese café. Esa conversación. Ese abrazo. Esa carcajada inesperada. Ese camino de regreso a casa. Ese día aparentemente ordinario que, sin saberlo, algún día vas a extrañar.

Porque así funciona la vida. Mientras está ocurriendo, muchas veces queremos que pase rápido. Y cuando finalmente pasó, daríamos cualquier cosa por regresar cinco minutos. Por eso quizá aprender a vivir no consiste en olvidar el pasado ni en dejar de pensar en el futuro. Consiste en aprender a visitarlos sin mudarte a ellos. Puedes recordar sin regresar. Puedes aprender sin castigarte. Puedes planear sin obsesionarte. Puedes tener miedo del mañana sin sacrificar el día de hoy. Y puedes aceptar que algunas cosas no tuvieron el final que querías sin permitir que ese final decida cómo vivirás el resto de tu historia.

Pon el tiempo en pausa en tus ojos. No detengas el reloj. Eso es imposible. Detén, por un instante, esa necesidad de correr mentalmente hacia lo que ya pasó o hacia lo que todavía no llega. Mira. Respira. Escucha. Quédate. Observa a las personas que todavía están. Disfruta lo que todavía tienes. Y si hoy la vida no es perfecta, tampoco necesitas que lo sea para vivirla.

Porque quizá algún día mirarás hacia atrás y entenderás que aquellos momentos que considerabas pequeños eran precisamente los que estaban construyendo tu vida. No esperes a perder algo para descubrir su valor. No esperes a que una etapa termine para darte permiso de disfrutarla. No esperes a que todo esté resuelto para sentir que tienes derecho a estar en paz.

La vida no ocurre cuando finalmente desaparecen todos tus problemas. Ocurre mientras los estás atravesando. Y tal vez vivir de verdad sea eso: dejar de exigirle al tiempo que te devuelva lo que se llevó y dejar de pedirle al futuro que te garantice lo que todavía no existe. Mirar el presente con suficiente atención para darte cuenta de que, aunque no tengas todo lo que quieres… todavía estás aquí. Y mientras estés aquí, todavía hay vida ocurriendo frente a tus ojos.

No la mires pasar.
Vívela.

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A VECES NO NECESITAS QUE TE DIGAN “ÉCHALE GANAS”.A veces necesitas que alguien se siente a tu lado y simplemente diga: “...
21/08/2026

A VECES NO NECESITAS QUE TE DIGAN “ÉCHALE GANAS”.

A veces necesitas que alguien se siente a tu lado y simplemente diga: “Háblame. Te escucho.”

Porque hay días en los que ya sabes que tienes que seguir. Sabes que la vida no se va a detener porque estés cansado. Sabes que mañana tendrás que levantarte, trabajar, cumplir y probablemente volver a sonreír. Lo que no siempre sabes es qué hacer con todo lo que llevas dentro.

Y cuando por fin te atreves a decir “no estoy bien”, alguien responde: “Échale ganas”, “hay gente peor”, “tú eres fuerte”, “no pienses así”. Quizá lo digan con cariño. Pero a veces, sin querer, acaban de enseñarte a guardar silencio.

Porque cuando muestras una herida y te responden como si fuera una exageración, aprendes algo muy peligroso: que es mejor no volver a mostrarla. Entonces dices “estoy bien”. Sonríes. Sigues trabajando. Contestas mensajes. Haces bromas. Y nadie se da cuenta de que por dentro llevas meses intentando no romperte.

Por eso, cuando alguien confíe en ti y te diga que no está bien, no tengas tanta prisa por darle una solución. Primero escucha. No compares su dolor con el de nadie. Que exista alguien sufriendo más no convierte en mentira lo que esa persona está sintiendo. El dolor no es una competencia.

A veces alguien no necesita que le arregles la vida. Necesita saber que puede hablar sin ser juzgado, sin sentirse una carga y sin tener que pedir perdón por sentirse mal. Y si no sabes qué decir, no pasa nada. Puedes decir: “No sé cómo ayudarte, pero aquí estoy.”

Quizá parezca poco. Para alguien que lleva demasiado tiempo sintiéndose solo, puede ser muchísimo. Porque hay personas que no dejaron de sufrir. Simplemente dejaron de contarle a los demás que estaban sufriendo. Y esa diferencia importa.

Así que si eres tú quien está cargando demasiado, no esperes a estar completamente destruido para pedir ayuda. Puedes ser fuerte y aun así necesitar que alguien te escuche. Puedes amar tu vida y aun así estar cansado de ella por momentos. Puedes tener motivos para agradecer y, al mismo tiempo, estar atravesando una tormenta.

No tienes que demostrarle a nadie que puedes con todo. A veces la verdadera fortaleza no está en apretar los dientes y seguir caminando. Está en tener el valor de decir:
“Necesito hablar.” Y hablar también es una forma de seguir.

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Hay personas que jamás te tocaron… y aun así consiguieron meterse debajo de tu piel.No necesitaron abrazarte, besarte ni...
20/08/2026

Hay personas que jamás te tocaron… y aun así consiguieron meterse debajo de tu piel.

No necesitaron abrazarte, besarte ni tenerte cerca. Les bastaron unas cuantas palabras en el momento exacto. Un “buenos días” cuando nadie preguntaba por ti. Un “descansa” cuando estabas cansado de todo. Un “yo sí te entiendo” cuando llevabas demasiado tiempo sintiéndote solo.

Y cuidado con eso.

Porque a veces no nos enamoramos de una persona. Nos enamoramos de cómo nos hace sentir cuando escribe. De la atención. De la ilusión. De esa sensación de ser importante para alguien.

Y mientras más heridas llevas, más fácil puede ser confundir una palabra bonita con una intención bonita.

Hay quienes escriben para expresar lo que sienten… y hay quienes aprendieron a escribir exactamente lo que quieres leer.

La diferencia puede costarte el corazón.

Por eso no te enamores solamente de lo que alguien te dice cuando tiene el teclado enfrente. Mira cómo te trata cuando no hay palabras que lo salven. Observa sus actos, sus silencios, su manera de estar cuando las cosas se complican.

Porque cualquiera puede escribir “te quiero”.

Pero sostener ese “te quiero” cuando llega la realidad… ahí es donde empieza la verdad.

No te enamores de un mensaje.

Enamórate de la coherencia entre lo que alguien escribe, lo que dice y, sobre todo, lo que hace.

Porque las palabras pueden tocar el alma.

Pero solo los hechos demuestran si alguien realmente merece quedarse en ella.

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NO NACISTE PARA SER EL SALVAVIDAS DE NADIE.Hay personas que aparecen en tu vida solamente cuando se están hundiendo.Cuan...
20/08/2026

NO NACISTE PARA SER EL SALVAVIDAS DE NADIE.

Hay personas que aparecen en tu vida solamente cuando se están hundiendo.

Cuando están solas, te buscan.
Cuando tienen miedo, te llaman.
Cuando todo se les viene abajo, recuerdan que existes.

Y tú estás ahí.

Escuchas.
Abrazas.
Resuelves.
Acompañas.
Das tiempo, atención, cariño y hasta partes de ti que nadie te pidió.

Hasta que la tormenta pasa.

Entonces desaparecen.

Y tú te quedas preguntándote qué hiciste mal.

Quizá nada.

Quizá simplemente confundiste ser necesario con ser querido.

Y esa confusión puede salir carísima.

Porque alguien puede necesitarte muchísimo y, aun así, no valorarte.
Puede buscar tu compañía sin querer construir una relación contigo.
Puede recurrir a ti cuando está roto y olvidarte cuando vuelve a sentirse completo.

Y eso duele, porque mientras tú estabas construyendo un vínculo…
la otra persona solamente estaba buscando un lugar donde descansar su dolor.

No significa que ayudar esté mal.
Ayudar habla de quién eres.

El problema empieza cuando conviertes tu vida en una sala de urgencias para personas que solamente aparecen cuando necesitan atención.

No eres ambulancia emocional.
No eres refugio de emergencia.
No eres el hombro disponible las veinticuatro horas mientras nadie se pregunta quién sostiene el tuyo.

Y tampoco tienes que ganarte un lugar en la vida de alguien demostrando cuánto puedes soportar.

El amor, la amistad y el cariño no deberían funcionar por temporadas.
No deberían aparecer únicamente cuando alguien necesita algo de ti.

La persona que realmente te valora también quiere saber cómo estás cuando no estás roto.
Quiere compartir contigo cuando no hay problemas.
Quiere escucharte aunque no tengas nada que ofrecer.
Quiere estar en tus días buenos, no solamente en tus noches oscuras.

Porque ahí está la diferencia:

Hay quienes buscan tu presencia.
Y hay quienes valoran tu existencia.

No es lo mismo.

Así que deja de sentirte culpable cuando alguien se aleja después de haber obtenido de ti lo que necesitaba.

No corras detrás.
No intentes demostrarle tu valor.
No te conviertas en una versión más útil de ti mismo para conseguir que se quede.

Porque tu valor no depende de cuánto puedas reparar en los demás.

Tú vales incluso cuando no estás solucionándole la vida a nadie.

Y si alguien solamente sabe encontrarte cuando está perdido…
quizá ya sea momento de dejar de ser su mapa.

No porque seas cruel.
Sino porque también tienes una vida que cuidar.
También tienes heridas.
También necesitas que alguien pregunte:
“¿Y tú cómo estás?”

No permitas que te quieran solamente cuando eres útil.
No aceptes ser importante únicamente cuando alguien está roto.

Quédate cerca de quienes sepan disfrutar de tu compañía cuando todo está en calma.
De quienes no solamente te busquen por lo que haces por ellos…
sino por quien eres.

Porque tú no eres un remedio de emergencia.
No eres un parche.
No eres algo que se utiliza, se despega y se tira cuando deja de hacer falta.

Eres una persona.
Y mereces vínculos donde no tengas que romperte para demostrar que vales.

🖤🦁
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El amor propio duele.  Y duele un chingo.  Porque no siempre se siente como paz.  A veces se siente como irte de donde t...
20/08/2026

El amor propio duele.
Y duele un chingo.

Porque no siempre se siente como paz.
A veces se siente como irte de donde todavía quieres quedarte.
Como dejar de escribirle a alguien a quien extrañas todos los días.
Como decir “no” cuando toda tu vida aprendiste a complacer a los demás.
Como aceptar que esa persona que tanto querías no te estaba haciendo bien.
Como dejar de justificar comportamientos que llevabas demasiado tiempo perdonando.
Como cerrar una puerta aunque una parte de ti siga esperando que alguien la abra.

Eso también es amor propio.
Y quizá por eso cuesta tanto.

Porque elegirte no siempre significa sentirte bien inmediatamente.
A veces primero te rompe.
Te deja con dudas.
Te hace preguntarte si exageraste, si pudiste aguantar un poco más, si quizá las cosas habrían cambiado.

Y ahí es donde mucha gente regresa.
No porque aquello haya mejorado.
Sino porque extrañar duele menos que aprender a vivir sin algo conocido.

Pero escucha esto:

No todo lo que extrañas merece regresar a tu vida.
Puedes extrañar a una persona y aun así saber que necesitas distancia.
Puedes amar a alguien y entender que no puedes seguir a su lado.
Puedes perdonar y decidir que no quieres volver.
Puedes tener buenos recuerdos y reconocer que el presente ya no te hace bien.

Eso no es contradicción. Es madurez.

El amor propio también consiste en dejar de abandonarte para que alguien más se quede.
Y esa parte casi nadie te la cuenta.

Porque habrá días en los que vas a querer volver.
Días en los que vas a sentirte solo.
Días en los que vas a mirar el teléfono esperando un mensaje que sabes que probablemente no llegará.
Días en los que vas a preguntarte si tomaste la decisión correcta.

Y aun así tendrás que recordar por qué te fuiste.

Porque cuando el corazón extraña, suele recordar los abrazos y olvidar las heridas.

Por eso no confundas nostalgia con amor.
Ni costumbre con felicidad.
Ni miedo a estar solo con necesidad de estar acompañado.

Tal vez hoy necesitas dejar de preguntarte:
“¿Por qué no puedo dejarlo ir?”

Y empezar a preguntarte:
“¿Cuánto tiempo más estoy dispuesto a seguir perdiéndome a mí mismo para no perder a alguien?”

Porque llega un momento en el que tienes que elegir.

Y sí…
va a doler.
Vas a llorar.
Vas a extrañar.
Vas a tener días de mi**da.

Pero algún día vas a despertar y entender algo que hoy quizá todavía no puedes ver:

No estabas perdiendo a esa persona.
Estabas recuperándote a ti.

Y entonces vas a comprender que aquel dolor no era el precio de perder un amor.
Era el precio de dejar de traicionarte.

🖤🦁
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