27/05/2026
El gato de los ojos dorados – Parte 2
Me quedé congelado.
La fotografía temblaba entre mis manos mientras observaba al gato negro sentado junto a mi abuelo. No había duda. Eran los mismos ojos dorados, la misma mancha diminuta junto a la nariz y la misma mirada imposible de olvidar.
Pero la foto tenía cuarenta años.
Eso no tenía sentido.
Revisé el resto de la caja con desesperación. Había cartas, recortes de periódico y un pequeño diario de tapas desgastadas. En la primera página encontré una frase escrita por mi abuelo:
“Si el gato vuelve, significa que alguien necesita encontrar la verdad.”
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Comencé a pasar las páginas.
Las primeras hablaban de su vida cotidiana, pero después todo cambiaba. Mencionaba apariciones extrañas, sueños repetidos y encuentros con aquel gato negro.
Según el diario, el animal aparecía siempre antes de que ocurriera algo importante.
Y nunca envejecía.
Las últimas páginas estaban arrancadas.
Solo quedaba una.
La más reciente.
En ella había una dirección escrita con tinta negra y una advertencia:
“No vayas solo.”
Miré alrededor. La casa abandonada estaba completamente en silencio. El viento se colaba por las ventanas rotas haciendo crujir la madera.
Y entonces escuché un maullido.
Detrás de mí.
Giré de golpe.
El gato había regresado.
Estaba sentado al final del pasillo, observándome.
Sus ojos parecían brillar más que nunca.
—¿Qué quieres de mí? —pregunté.
Por supuesto, no respondió.
Pero se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia una puerta cerrada que hasta ese momento no había notado.
Cuando llegó frente a ella, se detuvo.
Esperó.
Como si supiera que debía abrirla.
Empujé lentamente la puerta.
El olor a humedad llenó el aire.
Dentro había una habitación pequeña y vacía… o eso creí al principio.
Porque en una esquina encontré un viejo espejo cubierto por una sábana.
Y sobre el cristal, escrito con algo que parecía tinta fresca, había un mensaje:
“Te estaba esperando.”
No entendí nada.
Hasta que vi el reflejo.
Porque detrás de mí no aparecía la habitación.
Ni la pared.
Ni siquiera el gato.
Lo que mostraba el espejo era otra cosa.
Un lugar completamente distinto.
Y en medio de aquel reflejo imposible había una persona observándome.
Alguien que tenía exactamente mi mismo rostro.
(Continuará…) 👁️🐈⬛✨