11/08/2026
Te presentamos una colección de imágenes antiguas de la Cabecera Municipal de Tonalá, centro las cuales han sido cuidadosamente restauradas y mejoradas con el uso de inteligencia artificial, permitiendo rescatar y revivir los momentos valiosos de su pasado.
Hablar de historia es hablar de un pueblo que ha visto pasar los siglos, las generaciones, las culturas y las transformaciones de nuestra tierra, Tonalá proviene del vocablo náhuatl Tonallan, que significa lugar por donde el sol sale y quizá no existe un significado más hermoso para definir a esta tierra porque Tonalá ha sido, desde sus orígenes, un lugar donde nace la historia, donde despiertan las tradiciones y donde cada generación recibe el compromiso de mantener viva la memoria de quienes estuvieron aquí antes que nosotros.
Mucho antes de la llegada de los españoles, estas tierras fueron habitadas por pueblos indígenas, entre ellos los zapotecas, que con el paso del tiempo se mezclaron con otras culturas como los toltecas y posteriormente con grupos nahualtecas. Aquí se hablaban lenguas como el coca y el tecuexe.
Sus habitantes vivían de la caza y de la pesca en el río Chicnahua, hoy conocido como río Santiago, y tenían sus propias creencias, sus propios dioses y una manera particular de comprender el mundo. Adoraban a Teopilzintli, el Dios niño, relacionado con los buenos temporales; a Heri, divinidad de las ciencias; y a Nayarit, Dios de la guerra. También eran especialmente reverenciados Tenaguachi y Tezcatlipoca.
Pero la historia de Tonalá también está marcada por la valentía. Hacia 1510, durante la llamada Guerra del Salitre, los purépechas invadieron tierras del reino tonalteca. La monarca de Tonalá reunió un poderoso ejército para defender su territorio. Y fue entonces cuando hombres como Coyotl, Pitláloc, Copaya y Pilili demostraron su valor.
Tres de ellos, hijos de Oxatac, fueron reconocidos por su participación en aquella victoria y, como muestra de agradecimiento, recibieron las tierras de Tlajomulco porque defender la tierra donde uno nace no es solamente luchar por un territorio es defender la memoria, la familia, las raíces y aquello que nos identifica.
Entonces llegó uno de los momentos que cambiaría para siempre la historia de Tonalá. En 1530 llegaron los españoles. Tonallán estaba gobernada por una mujer: Cihualpilli Tzapotzinco. Una mujer que encabezaba un territorio importante y que tenía bajo su influencia a numerosos señoríos de la región. Ante la llegada de los extranjeros, el pueblo se dividió. Algunos consideraban que era mejor recibirlos pacíficamente ante el poder militar que representaban, otros, en cambio, decidieron resistir entre quienes se opusieron estaban los caciques de Coyolán, Ichcatán, Tzalatitán y Tetlán. Los pueblos originarios se prepararon para defender sus tierras.
Mientras unos ofrecían alimentos y obsequios como muestra de paz, otros se reunían para hacer frente a los conquistadores. La tensión aumentó. Y finalmente llegó el enfrentamiento. Los españoles exigieron obediencia al rey de España. La respuesta fueron gritos… y una lluvia de flechas. Comenzó entonces una batalla que duró varias horas. Los conquistadores encontraron una resistencia fuerte, decidida y valerosa por parte de los habitantes originarios. Finalmente, la superioridad militar española se impuso y el 25 de marzo de 1530, Nuño de Guzmán tomó posesión de la región de Tonallán.
Aquel momento marcó el comienzo de una nueva etapa. Cihualpilli fue bautizada con el nombre de Juana Bautista, mientras que su hijo Sangengui Xochitla recibió el nombre de Santiago Vázquez Palacio en aquel cerro donde los habitantes habían defendido su tierra, los españoles levantaron una enramada a la que llamaron “Victoria de la Cruz”, colocando en lo alto una gran cruz cristiana. Y así, poco a poco, Tonallán comenzó a transformarse.
Durante la época colonial recibió el nombre de Santiago de Tonalá y llegó a formar parte del reino de la Nueva Galicia. Pero Tonalá también fue testigo de otro momento fundamental: durante aproximadamente 18 meses, fue el segundo asentamiento de la trashumante Guadalajara. Entre el 8 de agosto de 1533 y febrero de 1535, aquella villa estuvo asentada en estas tierras. Imaginarlo hoy resulta impresionante. Caminar por Tonalá es caminar sobre un territorio que alguna vez fue escenario de decisiones que cambiaron el rumbo de la región.
Y la historia continuó. Los censos, las comunidades, las parroquias, los pueblos y las instituciones fueron dando forma al Tonalá que conocemos actualmente. En 1548, el pueblo de Tonalá contaba con 185 casas y 1,791 personas en su cabecera, además de habitantes en lugares como Cuyutlán, hoy conocido como Coyula, Juanacatlán y Tengo. Con el paso de los años llegaron también los frailes franciscanos y agustinos. Y Tonalá continuó creciendo.
Incluso sus aguas termales eran conocidas desde aquella época. Los llamados Baños de Tonalá eran visitados por personas que buscaban alivio para distintas enfermedades y eran reconocidos como un lugar de descanso y bienestar y mientras los siglos avanzaban, Tonalá continuó escribiendo su propia historia.
En 1824 recibió el título de villa y se convirtió en uno de los departamentos en que se dividió la entidad. Posteriormente experimentó diferentes cambios administrativos y territoriales. En 1825 ya contaba con Ayuntamiento y comprendía pueblos como Santa Cruz, Coyula y Tololotlán, además de las congregaciones de Tateposco y Huertas. Y con el paso de las décadas, Tonalá continuó consolidándose como municipalidad.
Pero quizá lo más importante de toda esta historia no está solamente en las fechas. No está únicamente en los nombres de los gobernantes, en las batallas, en los decretos o en los censos. Está en la gente. En quienes nacieron aquí. En quienes caminaron estas calles antes que nosotros. En quienes defendieron su tierra. En quienes conservaron sus costumbres. En quienes transmitieron de padres a hijos sus historias, sus tradiciones, sus creencias y su manera de entender la vida.
Porque Tonalá no es solamente un municipio. Tonalá es memoria. Es identidad. Es cultura. Es tradición. Es el recuerdo de nuestros pueblos originarios y también la historia de todas las generaciones que han contribuido a construir el lugar que hoy conocemos.
Por eso, cuando pronunciamos su nombre, no estamos diciendo solamente “Tonalá”. Estamos diciendo Tonallan. Estamos diciendo… “Lugar por donde el sol sale”. Y quizá esa sea la mayor enseñanza que nos deja nuestra historia: que aunque los tiempos cambien, aunque las generaciones pasen y aunque el mundo se transforme… las raíces permanecen.
Porque un pueblo que conoce su historia sabe quién es y un pueblo que ama sus raíces tiene la responsabilidad de mantenerlas vivas. Hoy nos toca a nosotros contar esta historia. Recordarla. Compartirla. Y hacer que las nuevas generaciones sepan que antes de nosotros hubo hombres y mujeres que caminaron esta tierra, que lucharon por ella, que soñaron con ella y que dejaron una huella que todavía permanece.
Porque mientras exista alguien dispuesto a contar la historia de Tonalá… Tonalá seguirá viviendo. Y mientras salga el sol sobre esta tierra… seguirá siendo, como desde sus orígenes, el lugar donde el sol sale.
TUS PUEBLOS HISTÓRICOS
Nazareno Studios ✍🏼