20/07/2026
* NOS HEMOS HECHO CONSUMIDORES DE VIDAS AJENAS *
En esta nueva era de la tecnología, en pleno auge de las redes sociales, hemos normalizado el seguir y agregar a nuestro campo mental a personas que no conocemos.
Les abrimos, sin darnos cuenta, la puerta de nuestra intimidad diaria. Les entregamos nuestra atención, que es nuestro recurso más valioso, y dejamos que su visión del mundo entre a la nuestra.
Al inicio, el algoritmo nos muestra de todo, mucho ruido, contenido vacío que no aporta. Y si no somos conscientes, nos quedamos atrapados ahí, observando vidas que no tienen nada que ver con la nuestra, y que lejos de contribuir a una retroalimentación producen el efecto contrario.
Ahora, hay otro daño más sutil: LA INMEDIATEZ...el tenerlo todo a la mano, visualmente.
Esa inmediatez nos ha vuelto impacientes. Queremos entender, lograr y sentir todo rápido, programando al cerebro con placeres fugaces, efímeros y que lo único que generan es adición. Y es que la vida real no funciona así!!!. La vida real es lenta, es proceso, espera, es formar con conciencia lo que vale la pena.
Y ahí es donde la psique sufre. Porque una mente acostumbrada a la gratificación instantánea, al estímulo constante, luego se enfrenta a la realidad normal y no sabe qué hacer. Se frustra, se aburre, se siente insuficiente. Le cuesta sostener lo simple, lo que no brilla, lo que toma tiempo. Por eso es tan importante elegir con intención lo que vemos, oímos, que y a quién dejamos entrar.
Educar al algoritmo es también educar a la mente. Enseñarle cada día qué nos favorece y qué no, para que poco a poco nos acerque a personas más afines, más reales, cuyo contenido toque temas con más fondo, importantes y de beneficio para nuestro día a día.
Necesitamos rodearnos, incluso en lo digital, de gente de la que podamos aprender. Pero con medida. Porque incluso el contenido valioso, en exceso, satura y sobreestimula. Se trata de encontrar el equilibrio: poco, bueno y a nuestro ritmo.
Y en esa búsqueda, muchas veces nos damos cuenta de que las figuras más populares no siempre son la mejor elección. Hay mucho brillo pero a veces poca raíz. Muchos mensajes de autoestima que no nacen desde la plenitud, sino desde la carencia, desde una herida no sanada, desde el rechazo. Y se percibe la diferencia entre quien comparte desde lo que ha sanado, y quien aún habla desde lo que le duele.
Al final, se trata de eso: que lo que consumimos nos regrese a nosotros, no que nos aleje más. Que nuestro feed se parezca más a nuestro centro que al ruido del exterior. De mantener un equilibrio sin dejar que nos consuma, de tener actividades extra y fuera de una pantalla, de una red social. De que sea sólo un complemento, un recurso ligero de entretenimiento sano, no el pan 24/7 de cada día.
Key 🦅👌🏻✨📚💞