11/02/2026
AVISO DE UN CHINGO DE TEXTO, NO SEAN FLOJOS Y LEAN TANTITO.
Hablemos sobre 3 Marías y la comunidad biker en México.
Esa carretera que todos los domingos, sin falta, se llena de bikers de todo tipo. Algunos van a disfrutar el camino para llegar a desayunar a 3M, otros van a ver las demás motos, tomar fotos… y otros a echar carreras en la autopista como si fuera un autódromo. Esa misma carretera que recientemente volvió a ser tema polémico por otro accidente más.
No llevo mucho manejando, apenas cumplí un año. Sin embargo, llevo en el mundo de las motos desde muy pequeño, gracias a mi papá. Él siempre tuvo un amor enorme por las motos; me llevaba a rodar con él y, lógicamente, me heredó esa pasión por las dos ruedas.
Siempre me cuenta cómo ha cambiado la comunidad biker, al menos en México. Antes había menos motos; no era tan accesible tener una, o al menos no como hoy en día.
También parece que antes había más respeto: respeto por uno mismo, por la máquina y por las vidas ajenas. Antes, 3 Marías era un lugar donde los bikers se reunían a convivir de forma sana y con respeto. Con el tiempo eso fue cambiando. Ahora, muchas veces es un lugar al que se va a consumir alcohol, a farolear y a hacer desmadre. Un lugar donde parece que cada domingo alguien termina en la lista de accidentados… o de fallecidos.
Amo el motociclismo. Me alegra que hoy en día sea algo más accesible para todos. Comprar una moto ya no tiene que ser necesariamente caro. Ni se diga de las deportivas: antes era raro encontrarlas por debajo de los 90 o 100 mil pesos; ahora puedes comprar una por 60 mil, o al menos una que luzca como deportiva.
Que el motociclismo sea más accesible es algo bueno, pero también trae consecuencias. Más motos en la calle significa, inevitablemente, más gente imprudente. Los famosos “moto simios”: los que van a 160 km/h o más, rebasando como si fueran inmortales. Como si estuvieran en un videojuego donde, si mueren, simplemente reaparecen.
Los que van sin casco por la avenida principal. Los que suben a una chica sin darle protección solo para impresionarla. Los que creen que cualquier avenida es una pista y que el semáforo es el punto de salida. Monocilíndricas con escapes que suenan como licuadoras, manejadas por personas que dicen amar las motos, cuando en realidad solo aman la imagen que creen que les da.
Ser biker no es solo comprarte una moto. No es solo ir rápido. No es presumir si es 200 o 600.
Ser biker es disfrutar el camino en dos ruedas. Es disfrutar la libertad que te da una moto. Es sentir el aire, el frío, el calor, los paisajes. Y, sobre todo, respetarte a ti mismo, respetar a tus hermanos bikers y respetar las vidas ajenas: peatones, automovilistas, quien sea.
Ser biker siempre fue sinónimo de hermandad, de familia. Pero parece que eso se está perdiendo.
Parte de ser biker es mentalizarte y saber que, quizá, en alguna rodada, en alguna salida, podrías no volver. Y muchas veces no por tu culpa. Por más a la defensiva que manejes, no puedes evitar todo. No puedes evitar al enlatado que te avienta el coche solo porque eres biker. No puedes evitar al borracho que viene regresando de 3M. Y a veces no puedes evitar al que se cree Rossi.
La mayoría de accidentes, tanto en auto como en moto, involucran a alguien que iba manejando tranquilo y terminó en tragedia por culpa de un imprudente.
En la moto estamos completamente expuestos. No tenemos la defensa de un coche. Nosotros somos parte de la máquina. Y en un accidente a altas velocidades casi siempre hay dos caminos: lesión grave… o muerte.
¿Cuántos bikers han perdido una extremidad por irse contra el muro en 3M?
¿Cuántos han mu**to por intentar un rebase imprudente?
No hay día que no vea en las noticias de mi ciudad un accidente donde un motociclista esté involucrado.
Hoy invito a todos los bikers que lean esto a manejar con precaución. Recuerden que siempre hay alguien en casa esperando que regresemos. Y ahora que estoy más metido en este mundo, entiendo ese miedo. Personalmente, no hay día que no tema que el siguiente nombre en las noticias sea el de un amigo… o un familiar.
Y si eres de esos bikers imprudentes, te quiero pedir algo.
Tal vez tu vida no te importe tanto, pero la de los demás sí debería. Ten empatía. Ponte en los zapatos del biker que tiene una hija esperándolo. Del que tiene una familia en casa. Del que ahorró años para comprarse su deportiva. No le quites ese sueño por un momento de adrenalina. No le quites un padre a alguien por querer tocar rodilla en una foto. No arruines el viaje de una familia por andar de farol.
Si quieren competir y ver quién es el más rápido, háganlo en un espacio controlado. Para eso existen los autódromos.
Dejen de manchar la imagen de los bikers que sí respetamos, que sí entendemos lo que significa ser parte de esta hermandad.
Si llegaste hasta aquí, gracias.
Cuídate.
Y que tengas siempre buenas y seguras rutas.