Bitácora Unison

Bitácora Unison Historias y personajes desde la Universidad de Sonora.

Bitácora de storytelling realizada por estudiantes del Eje de Comunicación Periodística de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

𝐃𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚 𝐯𝐢𝐛𝐫𝐚: 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐃𝐚𝐧𝐢𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫ó 𝐬𝐮 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧Por: Alejandro Quintero / Bitácora UnisonDaniel Lacarra T...
02/07/2025

𝐃𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚 𝐯𝐢𝐛𝐫𝐚: 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐃𝐚𝐧𝐢𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫ó 𝐬𝐮 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧

Por: Alejandro Quintero / Bitácora Unison

Daniel Lacarra Terán creció en una familia sin tradición musical, pero con mucho apoyo. Aunque nadie en casa se dedicaba a la música, sus padres siempre celebraron su deseo de aprender cosas nuevas.
Fue su hermano mayor quien, a los 12 años, le sembró el gusto por la guitarra y, sin saberlo, lo puso en el camino de una pasión que marcaría su vida.
“A mis padres siempre les gustó. Nunca les pareció mal, siempre les gustó que aprendiéramos cosas nuevas”, recordó el joven.
Originario de Caborca, durante su adolescencia, la música se volvió su afición principal. Participó en un mariachi local y formó una banda con amigos para pasar el rato.
Sin embargo, al llegar el momento de elegir una carrera, optó por lo que consideró una opción “más segura”: la ingeniería civil en la Universidad de Sonora. Aunque entusiasmado por el reto, en el fondo se preguntaba si había elegido el camino correcto.
“Cuando recién llegué, estaba muy enfocado en la Uni”, indicó, “no tenía muchos conocidos aún, pues tus amigos también están ocupados al llegar, pero igual no quise dejar la música”.

𝐋𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐲 𝐚𝐜𝐨𝐫𝐝𝐞𝐬 𝐠𝐚𝐧𝐚𝐧 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐞𝐧𝐨

La pandemia en 2020, lejos de apagar su inquietud artística, le dio el tiempo y el espacio para reconectarse con su pasión.
Volvió a practicar guitarra y bajo eléctrico con disciplina, y comenzó a hacerse una pregunta cada vez más insistente: “¿Y si me cambio a música?”
Al volver a clases presenciales, Daniel se integró a la Orquesta Juvenil de Hermosillo (Ojusson), donde descubrió el mundo de la música orquestal y su complejidad técnica. Paralelamente, inició un proyecto de metal llamado Brethania, explorando una faceta muy distinta de su talento musical.
“Un factor que influyó mucho”, subrayó, “fue conseguir una maestra particular de violín que me ayudó bastante, tanto en técnica como en confianza”.
Entre ensayos, presentaciones, clases y tareas, su rutina se volvió cada vez más demandante. La música fue ganando terreno en su vida diaria, mientras que la carrera en ingeniería —aunque la disfrutaba— comenzaba a pesarle más.
Las tareas se hacían cuesta arriba cuando su mente estaba en una nueva melodía, no en cálculos estructurales.
El conflicto interior creció hasta que, en un momento de claridad, se dijo a sí mismo:
“La música es lo que quiero”.
Aun así, decidió no dejar la ingeniería. Por compromiso, por responsabilidad, por temor a decepcionarse a sí mismo y a su familia, eligió concluir primero su carrera.
“Me gusta la carrera, pero no me apasiona. Algunas tareas me costaban mucho porque yo quería estar haciendo música”, aseguró con firmeza.

𝐃𝐨𝐬 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬

Hoy, a punto de egresar como ingeniero civil, Daniel sigue buscando el balance. Ha entendido que ambas disciplinas le han enseñado cosas distintas pero complementarias: la música, paciencia y calma; la universidad, a aceptar que hay cosas que escapan de nuestro control.
Mencionó que le “gustaría llegar a tocar en la Orquesta Filarmónica de Sonora. Y dar clases de matemáticas o física en una preparatoria”.
Con un futuro abierto, Daniel Lacarra continúa persiguiendo lo que lo hace sentir más completo: estar sobre un escenario, con un instrumento en las manos y la certeza de hace lo que siempre soñó: persiguiendo la meta de vivir de la música.

𝐅á𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐆𝐚𝐫𝐜í𝐚: 𝐦𝐚𝐦á, 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚 𝐲 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐭𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐫𝐚Por: Melissa Zúñiga / Bitácora UnisonFátima García Zazue...
16/06/2025

𝐅á𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐆𝐚𝐫𝐜í𝐚: 𝐦𝐚𝐦á, 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚 𝐲 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐞𝐭𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐫𝐚

Por: Melissa Zúñiga / Bitácora Unison

Fátima García Zazueta es parte del equipo del Bufete Jurídico de la Universidad de Sonora, estudiante de octavo semestre en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora y, además, mamá de tres niñas. Ella es testimonio de esfuerzo, constancia y entrega por sus seres queridos.

Su camino en la universidad comenzó en 2020, impulsada por el ejemplo de su madre, quien también trabaja en esta institución. Desde entonces, ha colaborado en distintas áreas, aunque ha encontrado en el Bufete Jurídico un espacio clave para su desarrollo profesional.

Ese mismo año tomó una de las decisiones más importantes de su vida: retomar sus estudios, que había pausado años atrás. Lo hizo con la meta clara de construir un mejor futuro para ella y sus hijas.

Eligió la carrera en Ciencias de la Comunicación por su interés en el periodismo, un campo que le despierta curiosidad y compromiso.

No ha sido sencillo equilibrar el trabajo, las clases y la crianza para Fátima, pero el respaldo de su familia —y sobre todo, de sus hijas— ha sido su mayor motor.

“Mis hijas, más que nada, son las que me mantienen así, son las que me dan fuerza”, confiesa.

Hoy que se encuentra cerca de concluir la carrera, tiene claro su propósito: ejercer su profesión, formar un patrimonio y ofrecer a sus pequeñas la estabilidad que tanto anhela.

“Todo se puede cuando realmente te gusta y estás haciendo lo que quieres. Aunque sea poco a poquito, las cosas van saliendo”, afirma con determinación.

Fátima es un ejemplo de resiliencia y entrega en la Unison. Una mujer que, entre tareas, trabajo y amor de familia, avanza con paso firme hacia sus sueños.

𝐄𝐧𝐬𝐞ñ𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝: 𝐥𝐚 𝐝𝐨𝐜𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬ú𝐬 𝐌𝐨𝐫𝐞𝐧𝐨 𝐃𝐮𝐫𝐚𝐳𝐨Por: Alejandro Quintero / Bitácora UnisonAl alba los gallos...
07/06/2025

𝐄𝐧𝐬𝐞ñ𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝: 𝐥𝐚 𝐝𝐨𝐜𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐉𝐞𝐬ú𝐬 𝐌𝐨𝐫𝐞𝐧𝐨 𝐃𝐮𝐫𝐚𝐳𝐨

Por: Alejandro Quintero / Bitácora Unison

Al alba los gallos cantan y los medios inician sus días. Junto con ellos, Jesús Moreno Durazo ya prepara sus apuntes para las materias que imparte en las Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora.

No trata solo de informarse en los mass media, sino también encontrar aquello que compartir con el deseo profundo de formar mentes críticas en el alumnado.

Desde su llegada como docente a la universidad, encontró un espacio que no solo le permitía enseñar, sino también reinventarse en cada clase.

Ser maestro nunca estuvo en sus primeros planes. Comunicólogo de carrera y periodista de vocación, Moreno Durazo dedicó años a recorrer regiones, tanto nacionales como internacionales; a entrevistar empresarios, a conocer los engranajes del estado desde el interior y exterior. Pero la universidad, con su pulso joven y vibrante, lo llamó de nuevo al origen del pensamiento libre y mentes abiertas.

“Aquí entendí que no solo se trata de transmitir conocimiento, sino de encender curiosidad”, dice con una sonrisa franca.

𝐔𝐧𝐚 𝐜á𝐭𝐞𝐝𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐮𝐭𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚

Cada grupo nuevo que llega a sus aulas es un recordatorio de por qué eligió este camino. Aunque siente en ocasiones el peso de la brecha generacional.

“Yo les hablo a mis alumnos de periódicos impresos, de largas jornadas de verificación de datos, y ellos piensan en TikTok”, bromea.

Pero lejos de contrariarse, Jesús busca los puentes. Encuentra en las nuevas formas de hacer periodismo, en los videos, en los podcasts, nuevas herramientas para acercarse sin sacrificar el rigor que siempre ha defendido.

Esto gracias a que se apoya de su experiencia en otras áreas de la comunicación, como lo aprendido como funcionario público, donde entendió la importancia de ver más allá del escritorio y la teoría.

“En la Secretaría de Economía tuve que visitar desde Cajeme hasta Nogales, ver cómo pensaban los empresarios, entender las verdaderas necesidades de la gente. La información debe tocar la vida real, si no, ¿de qué sirve?”, comenta el especialista.

Él no enseña únicamente técnicas de redacción o conceptos teóricos. Ilustra la vida detrás de las noticias. Relata cómo antes un reportero tenía que esperar horas para confirmar un dato, mientras ahora se sucumbe a la presión del clic inmediato.

“Publicarlo primero no es lo importante; publicarlo bien, sí”, recalca.

Desconoce si su estilo de docencia tendrá peso en las generaciones que enseñe; sin embargo, en estos momentos no se imagina en otro lugar. La universidad le ha dado más que un espacio laboral: le ha regalado la posibilidad de seguir aprendiendo, de seguir preguntándose, de no conformarse.

“A veces siento que aprendo más de ellos que ellos de mí”, reconoce.

Jesús Moreno camina cada día por los pasillos universitarios como quien camina por su propia historia. Cada salón de clases, cada conversación de pasillo, cada corrección de tarea es, para él, una nueva oportunidad de trascender.

“Mi legado no son los textos que he escrito, ni los cargos que he tenido. Mi legado es ellos: los estudiantes que entienden que el periodismo es, ante todo, un acto de responsabilidad social”, subraya con plenitud.

𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐅𝐞𝐫𝐧𝐚𝐧𝐝𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐨 𝐕𝐚𝐥𝐞𝐧𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚: 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢ó𝐥𝐨𝐠𝐚 𝐞𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐦á𝐬 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨Por: Karla María Amaya Mol...
03/06/2025

𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐅𝐞𝐫𝐧𝐚𝐧𝐝𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐞𝐥𝐨 𝐕𝐚𝐥𝐞𝐧𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚: 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢ó𝐥𝐨𝐠𝐚 𝐞𝐧 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐦á𝐬 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨

Por: Karla María Amaya Molina / Bitácora Unison

A sus 21 años, María Fernanda Castelo Valenzuela cursa la Licenciatura en Sociología con un objetivo claro: contribuir a una mejor sociedad. Cada paso que da en su formación es meticuloso, guiado por la firme intención de cumplir sus sueños.

Desde pequeña, María Fernanda ha observado el mundo con una mirada crítica, haciéndose preguntas sobre el porqué de las cosas. Aunque barajó varias opciones universitarias, fue la Sociología —y su capacidad de explicar cómo funciona la sociedad— la que terminó por conquistarla.

Uno de sus mayores intereses son los derechos humanos. Su motivación crece al ver que tanto instituciones públicas como privadas deben ser responsables de su respeto y garantía.

Un recuerdo que la define es el de su etapa en la preparatoria, cuando decidió teñirse el cabello de azul como acto de expresión personal, aún cuando el reglamento escolar lo prohibía. Aquella pequeña rebeldía fue su forma de decir: "soy libre", como una manifestación para que otras generaciones pudieran expresarse sin restricciones.

Fuera del aula, María Fernanda es una joven cercana a su familia. Le encanta pasar tiempo con sus hermanos, y como hermana mayor, desea dejarles un mundo más justo, donde las nuevas generaciones encuentren mejores oportunidades.

Durante su paso por la universidad ha sido una estudiante activa. Formó parte de la Sociedad de Alumnos de Sociología, ha participado en numerosas conferencias y ha sido ponente en varias de ellas. Para ella, este tipo de experiencias no solo enriquecen su formación, sino que fortalecen su portafolio profesional con miras a conseguir un empleo que le permita independizarse.

Hoy, en octavo semestre, María Fernanda estudia en Polonia como parte de un programa de intercambio académico. Aunque viajar también forma parte de sus planes de vida, su estancia tiene un propósito académico: busca enriquecer su tesis de licenciatura con una perspectiva internacional, apoyándose en profesores del extranjero para lograr un trabajo sólido que la lleve a titularse.

𝐄𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐭𝐫á𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬 𝐲 𝐭𝐚𝐫𝐞𝐚𝐬: 𝐀𝐧𝐠é𝐥𝐢𝐜𝐚, 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚Por: Alejandro Quintero / Bitácora UnisonDesde ...
26/05/2025

𝐄𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐭𝐫á𝐦𝐢𝐭𝐞𝐬 𝐲 𝐭𝐚𝐫𝐞𝐚𝐬: 𝐀𝐧𝐠é𝐥𝐢𝐜𝐚, 𝐮𝐧𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚

Por: Alejandro Quintero / Bitácora Unison

Desde su oficina como Asistente de la Dirección Administrativa del campus Hermosillo, Angélica María Martínez González mantiene en movimiento la vida universitaria: organiza agendas, coordina espacios para eventos y gestiona los oficios que hacen posible las actividades cotidianas.

Pero detrás de cada documento que redacta y cada evento que programa, hay una historia de perseverancia que comenzó en 1993, cuando era una joven estudiante de Administración de Empresas en nuestra alma mater.

Como suele ocurrir, la vida cambió sus planes sin avisar. La maternidad llegó, las responsabilidades se multiplicaron y Angélica tuvo que dejar su carrera con apenas doce materias pendientes.

“Fue como dejar una puerta entreabierta”, recuerda.

Hoy, con sus hijos recorriendo el mismo campus como estudiantes y con una carga familiar menos exigente, Angélica decidió saldar esa deuda personal: retomó la carrera de Administración, ahora con la madurez que le han dejado los años y la fuerza que le han dado las adversidades.

Su objetivo es claro: cerrar ese ciclo inconcluso y abrir nuevas oportunidades dentro de la institución que ha sido parte de su historia.

No ha sido fácil. Compartir tareas y exposiciones con jóvenes que podrían ser sus hijos ha sido más un reto emocional que académico.

“Lo más difícil ha sido adaptarme a trabajar en equipo con compañeros tan jóvenes”, admite.

Su regreso a las aulas también trajo consigo una anécdota entrañable que conecta pasado y presente:

“Cuando yo estaba jovencita, me acuerdo que entró un señor a estudiar, alguien de 50, como yo ahorita. Entonces nos sentamos todos, y él llegó, se rió y dijo: ‘No, no, chicos, soy compañero’, y se sentó con nosotros. Ahora que volví yo, llegué, se sentaron todos, y les dije: ‘Chicos, soy compañera’”.

𝐅𝐢𝐫𝐦𝐞 𝐞𝐧 𝐬𝐮𝐬 𝐦𝐞𝐭𝐚𝐬

En sus pocos ratos libres, Angélica enfrenta otro tipo de maratón: las labores del hogar.

“Los pendientes nunca terminan. Los sábados y domingos, aunque más relajados que entre semana, siguen siendo días de cosas acumuladas: siempre hay algo que organizar, algo que preparar para el lunes”.

A pesar del cansancio, sus ojos se iluminan al hablar de su trabajo, su familia y sus estudios. Para ella, concluir la licenciatura no es solo una meta académica: es una forma de reivindicar el esfuerzo de más de tres décadas. Es la prueba de que los sueños aplazados no tienen fecha de caducidad.

Entre la logística que coordina, las clases vespertinas y sus responsabilidades como madre, Angélica camina cada día por la Universidad de Sonora sabiendo que está más cerca de su meta.

En ese andar cotidiano, se ha convertido, sin proponérselo, en una inspiración silenciosa para quienes creen que los sueños, con trabajo y pasión, siempre encuentran el camino de regreso.

𝐉𝐨𝐬é 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐄𝐬𝐪𝐮𝐞𝐫 𝐋ó𝐩𝐞𝐳: 𝐞𝐥 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐢á𝐧 𝐝𝐞 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬Por Bárbara Encinas / Bitácora UnisonCon 64 años de v...
20/05/2025

𝐉𝐨𝐬é 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐄𝐬𝐪𝐮𝐞𝐫 𝐋ó𝐩𝐞𝐳: 𝐞𝐥 𝐠𝐮𝐚𝐫𝐝𝐢á𝐧 𝐝𝐞 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬

Por Bárbara Encinas / Bitácora Unison

Con 64 años de vida y una historia marcada por esfuerzo, migración y amor por la tierra, José María Esquer López ha aprendido de cada experiencia que la vida le ha puesto enfrente.

Originario de San Ignacio Río Mu**to, en el Valle del Yaqui, su pasión por la agricultura nació entre surcos y cosechas, pero su verdadero arraigo lo encontró lejos del campo: en la Universidad de Sonora, campus Hermosillo, donde ha dedicado más de cuatro décadas de servicio.

A los 15 años dejó su hogar por primera vez. Pasó por piscas de uvas, algodón y maíz en Estados Unidos, y hasta caminó durante cinco días por el desierto en busca de una vida mejor. A pesar de ese duro recorrido migrante, fue en la Unison donde halló su nuevo hogar, su comunidad y un espacio donde crecer.

Fue en la primera quincena de 1980 cuando José María cruzó por primera vez las puertas del alma mater. Inició como intendente, luego jardinero, más tarde guardia y, desde 1992, se convirtió en jefe de los vigilantes del turno nocturno. A lo largo de los años, ha sido testigo del paso de miles de estudiantes.

“Muchas experiencias aquí, muchos alumnos, muchos estudiantes, muy buenas personas”, recuerda con una sonrisa.

Aunque su vocación como vigilante lo ha llenado de satisfacción, nunca dejó de soñar con su amor por la agricultura. Siempre tuvo el deseo de estudiar Agronomía.

“Qué mejor que mezclar algo que te guste, con algo que te abre puertas, que es estudiar. Uno dice, por algo están aquí en la universidad, porque ellos quieren ser algo mejor en la vida; ya con una profesión tienen mejores oportunidades”, subraya.

Al hablar de los cambios generacionales, rememora una época particularmente radical: una etapa en la que tuvo que lidiar con un grupo conocido como “Los Micos”. De esa experiencia guarda el trago más amargo: ser golpeado en la nariz con un rifle por un grupo de jóvenes. Sin embargo, su compromiso nunca flaqueó.

Para José, sentirse parte de un lugar hace más valioso el recorrido. Por eso afirma con orgullo: “Es una felicidad y un orgullo trabajar aquí cuidando a toda una gama de conocimientos profesionales que representa la universidad”.

José María invita a reflexionar sobre la importancia del trabajo de quienes sostienen el funcionamiento diario de la universidad.

Aunque el personal es numeroso, reconoce que es el estudiante quien da vida a los pasillos. A su equipo siempre les aconseja: “Que se dirijan como deben ser: con honradez, con sencillez, con humildad. Con todos esos valores que una institución profesional te enseña”.

En la Universidad de Sonora, el aprendizaje no es exclusivo del aula. Seas alumno, maestro o trabajador, este es un espacio donde todos, como José María Esquer, pueden crecer como personas y como profesionales.

𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞 𝐆𝐢𝐨𝐯𝐚𝐧𝐧𝐢, 𝟑𝟓 𝐚ñ𝐨𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐒𝐨𝐧𝐨𝐫𝐚 Por Melissa Zúñiga / Bitácora UnisonHablar de los orígenes d...
14/05/2025

𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐞 𝐆𝐢𝐨𝐯𝐚𝐧𝐧𝐢, 𝟑𝟓 𝐚ñ𝐨𝐬 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐒𝐨𝐧𝐨𝐫𝐚

Por Melissa Zúñiga / Bitácora Unison

Hablar de los orígenes de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora es también hablar de Giovanni Mauricio Martínez Castillo, quien no solo fue testigo de su nacimiento, sino también protagonista de su consolidación.

Maestro desde hace 35 años en el campus Hermosillo, su nombre está ligado a la formación de decenas de generaciones que han pasado por las aulas de esta carrera.

Originario de la Ciudad de México y criado en Sonora, Giovanni relata que desde su adolescencia comenzó a trabajar en televisión por iniciativa propia, lo que lo llevó a inscribirse en la Universidad del Noroeste (UNO) para estudiar Comunicación.

Tiempo después, se enteró de una huelga de hambre organizada por alumnos de su misma licenciatura, quienes fueron expulsados por cuestionar el bajo nivel educativo y los elevados costos de la institución. Al sentirse también afectado por estas problemáticas, decidió unirse a la causa.

Así se integró al Taller Libre de Comunicación, una organización nacida en 1981 a partir de la expulsión de estudiantes de la UNO y que precedió a la mencionada huelga de hambre.

Como resultado de la presión estudiantil, el entonces gobernador Samuel Ocaña García se comprometió a abrir los programas de Psicología y Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, lo cual se concretó en 1982 con el respaldo de las autoridades universitarias.

Aunque Giovanni formó parte de las primeras generaciones en la Unison, comenta que le tomó tres intentos ingresar a la institución. Finalmente, gracias a su perseverancia, egresó como miembro de la tercera generación de la licenciatura.

Su talento en los medios y su desempeño académico le abrieron las puertas para trabajar en la televisión en Orlando, Florida, pero fue el amor lo que lo llevó a tomar una decisión diferente: quedarse en Hermosillo para convertirse en docente de la escuela de Comunicación.

Hoy, con más de tres décadas en la docencia, continúa enseñando los fundamentos de la comunicación, compartiendo su experiencia con generaciones de estudiantes locales e internacionales.

El profesor Giovanni Martínez representa no solo la memoria viva de esta licenciatura, sino también el compromiso, la pasión y la entrega que marcaron sus inicios. Su legado, sin duda, perdurará en la memoria de quienes alguna vez compartieron el aula con él.

Dirección

Reforma Y Navarrete
Hermosillo
83000

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Bitácora Unison publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir