02/07/2025
𝐃𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐦𝐚 𝐯𝐢𝐛𝐫𝐚: 𝐞𝐥 𝐥𝐮𝐠𝐚𝐫 𝐝𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐃𝐚𝐧𝐢𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫ó 𝐬𝐮 𝐯𝐨𝐜𝐚𝐜𝐢ó𝐧
Por: Alejandro Quintero / Bitácora Unison
Daniel Lacarra Terán creció en una familia sin tradición musical, pero con mucho apoyo. Aunque nadie en casa se dedicaba a la música, sus padres siempre celebraron su deseo de aprender cosas nuevas.
Fue su hermano mayor quien, a los 12 años, le sembró el gusto por la guitarra y, sin saberlo, lo puso en el camino de una pasión que marcaría su vida.
“A mis padres siempre les gustó. Nunca les pareció mal, siempre les gustó que aprendiéramos cosas nuevas”, recordó el joven.
Originario de Caborca, durante su adolescencia, la música se volvió su afición principal. Participó en un mariachi local y formó una banda con amigos para pasar el rato.
Sin embargo, al llegar el momento de elegir una carrera, optó por lo que consideró una opción “más segura”: la ingeniería civil en la Universidad de Sonora. Aunque entusiasmado por el reto, en el fondo se preguntaba si había elegido el camino correcto.
“Cuando recién llegué, estaba muy enfocado en la Uni”, indicó, “no tenía muchos conocidos aún, pues tus amigos también están ocupados al llegar, pero igual no quise dejar la música”.
𝐋𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬 𝐲 𝐚𝐜𝐨𝐫𝐝𝐞𝐬 𝐠𝐚𝐧𝐚𝐧 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐞𝐧𝐨
La pandemia en 2020, lejos de apagar su inquietud artística, le dio el tiempo y el espacio para reconectarse con su pasión.
Volvió a practicar guitarra y bajo eléctrico con disciplina, y comenzó a hacerse una pregunta cada vez más insistente: “¿Y si me cambio a música?”
Al volver a clases presenciales, Daniel se integró a la Orquesta Juvenil de Hermosillo (Ojusson), donde descubrió el mundo de la música orquestal y su complejidad técnica. Paralelamente, inició un proyecto de metal llamado Brethania, explorando una faceta muy distinta de su talento musical.
“Un factor que influyó mucho”, subrayó, “fue conseguir una maestra particular de violín que me ayudó bastante, tanto en técnica como en confianza”.
Entre ensayos, presentaciones, clases y tareas, su rutina se volvió cada vez más demandante. La música fue ganando terreno en su vida diaria, mientras que la carrera en ingeniería —aunque la disfrutaba— comenzaba a pesarle más.
Las tareas se hacían cuesta arriba cuando su mente estaba en una nueva melodía, no en cálculos estructurales.
El conflicto interior creció hasta que, en un momento de claridad, se dijo a sí mismo:
“La música es lo que quiero”.
Aun así, decidió no dejar la ingeniería. Por compromiso, por responsabilidad, por temor a decepcionarse a sí mismo y a su familia, eligió concluir primero su carrera.
“Me gusta la carrera, pero no me apasiona. Algunas tareas me costaban mucho porque yo quería estar haciendo música”, aseguró con firmeza.
𝐃𝐨𝐬 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐥𝐞𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬
Hoy, a punto de egresar como ingeniero civil, Daniel sigue buscando el balance. Ha entendido que ambas disciplinas le han enseñado cosas distintas pero complementarias: la música, paciencia y calma; la universidad, a aceptar que hay cosas que escapan de nuestro control.
Mencionó que le “gustaría llegar a tocar en la Orquesta Filarmónica de Sonora. Y dar clases de matemáticas o física en una preparatoria”.
Con un futuro abierto, Daniel Lacarra continúa persiguiendo lo que lo hace sentir más completo: estar sobre un escenario, con un instrumento en las manos y la certeza de hace lo que siempre soñó: persiguiendo la meta de vivir de la música.