06/01/2026
La infidelidad también es una forma de olvidarte de ti 🌹
Ella se llama Ana, y a los veinte años se enamoró del hombre que todas miraban.
Gabriel, el que no era el más guapo, pero sí el más magnético. El que no prometía nada y aun así lo ofrecía todo con la mirada. Un Don Juan sin esfuerzo.
Fue amor a primera vista o algo que se le parecía mucho. Atracción, fuego, urgencia... Como si el tiempo no alcanzara para sentirlo todo.
Se casaron rápido, demasiado rápido, antes de que la euforia se calmara, antes de que Ana pudiera preguntarse por qué necesitaba tanto ser deseada para sentirse viva.
Porque eso era lo que nadie veía, Ana no buscaba amor, buscaba confirmación. Sentirse atractiva era su oxígeno. Sentirse elegida, su refugio. Y cuando la rutina apagó la adrenalina, empezó a buscarla fuera… sin importar el hogar, la promesa, la familia.
No era maldad. Era vacío.
De su infancia se sabía poco ya que venía de otro estado... De otro silencio. De un lugar donde algo esencial no fue nombrado.
Esa carencia la perseguía como sombra. La empujaba a una doble vida que Gabriel conocía.
Diez años de miradas que evitaban el espejo. Diez años de acuerdos no hablados. Cada noche, Ana se hacía la misma pregunta: “¿Por qué no me deja y se va de una vez?”
Tal vez porque él también había aprendido a quedarse donde algo faltaba.
Tal vez porque idealizar una familia a veces pesa más que habitarla. Y entonces la verdad apareció, no como grito, sino como cansancio. Ana entendió algo tarde, pero claro: uno puede perderse intentando sostener una vida correcta. Porque el problema nunca fue Gabriel, ni el deseo, ni el matrimonio. El verdadero abandono fue interno.
Y hoy, por primera vez, Ana se hace otra pregunta: No si la van a dejar…sino cuándo va a volver a ella.
Tal vez esta historia no habla solo de Ana.
Tal vez habla de ti. De todas las veces que buscaste afuera lo que no estabas pudiendo darte dentro.
De cuando te adaptaste tanto a una vida, a una relación, a una idea de familia, que empezaste a desaparecer sin darte cuenta.
No siempre nos olvidamos de nosotras por alguien más. A veces nos olvidamos de nosotras por miedo, por costumbre, por encajar.