12/09/2026
Ponemos a su disposición por una iniciativa y voluntad de nuestro seguidor.
Alfredo Aguilera Saldaña
Su libro:
Escribir Sobre El Agua.
Descripción y link en la transcripción de su invitación y texto completo.
Hay decisiones que no se toman con la lógica y los afanes de la imprenta, sino con el lenguaje sereno de la gratitud.
A diferencia de mis novelas anteriores, cuyos tomos de papel salen a buscar lectores a través del peso físico del libro encuadernado y las vitrinas de las librerías, "Escribir sobre el agua" nace bajo una vocación distinta: no se imprimirá en tinta ni se resguardará en estantes. Este libro ha sido concebido para volar libre, en formato digital, al alcance de un solo clic, sin fronteras ni costos, disolviéndose en la red para llegar exactamente a donde pertenece.
Deseo que este texto viaje rápido y en libertad como un río intangible. Quiero que llegue a las manos y a las pantallas de mis excompañeros de la licenciatura en la Universidad Michoacana, en aquella Morelia inolvidable cuyos patios de cantera y aulas de San Nicolás nos vieron formular las primeras preguntas sobre el ser y el destino; que alcance a quienes compartieron conmigo las aulas, las galerías y los desvelos del posgrado en la Universidad de Guanajuato, donde terminamos de templar el pensamiento; y que halle a mis maestros de la vida y de la cátedra —a los que aún nos acompañan en este plano y a quienes desde el recuerdo siguen guiando nuestro juicio—, así como a los amigos, colegas, familiares, alumnos y ex alumnos que estén en la geografía que estén.
"Escribir sobre el agua" es, en el fondo, una reflexión sobre la educación a través del tiempo. Es el testimonio de cómo quince, treinta o cuarenta años de vocación no se miden en el metal frío de un nombramiento ni en las actas de una oficina administrativa, sino en la huella invisible que una palabra empeñada deja en la conciencia del otro. El título no evoca la fragilidad de lo que se borra, sino la fluidez de lo que jamás se puede aprisionar: la verdad, la docencia honesta y la luz del pensamiento no se graban en mármol para la vanidad de los hombres; se escriben sobre el agua de la memoria viva para nutrir a quienes vienen detrás.
Esta entrega en formato PDF es una carta abierta, un abrazo a la distancia y un tributo a cada una de las almas que cruzaron su camino con el mío en Morelia, en Guanajuato y en Irapuato. Que este libro navegue en el éter y encuentre su puerto en la quietud de sus lecturas, recordando que, mientras la búsqueda del bien, la belleza y la verdad siga encendida entre nosotros, la llama del magisterio y de la vida jamás habrá de apagarse.
Alfredo
LINK;
https://drive.google.com/file/d/1j86roT1LLEZHe36AVkGMkMhHbwVeniwL/view?usp=drive_link
Sinopsis y atmósfera general
Entre 1975 y 1990, el corredor del Bajío fue escenario de una transformación silenciosa pero profunda. Era un tiempo suspendido entre dos mundos: todavía persistían los rituales, las jerarquías y las formas de una sociedad acostumbrada a la permanencia, mientras comenzaban a irrumpir, casi sin anunciarse, las primeras señales de una modernidad que habría de modificarlo todo.
Morelia conservaba la sobriedad señorial de sus edificios, la disciplina de sus instituciones y el aire académico de una ciudad que parecía observar el paso del tiempo con cierta distancia. Guanajuato capital, en cambio, respiraba una energía distinta: política, universitaria, artística y rebelde; una ciudad de callejones, escalinatas y conversaciones que podían prolongarse hasta la madrugada. Irapuato tenía otro pulso: el de la tierra fértil, los campos, el comercio, la actividad agrícola y el crecimiento de una ciudad que comenzaba a mirar hacia un futuro cada vez más industrial.
Entre esas tres geografías se despliega la vida de una generación que aprendió a transitar entre certezas antiguas y nuevas incertidumbres.
Eran los años de las máquinas de escribir mecánicas, de las hojas de papel que acumulaban tachaduras y correcciones, de las cartas que exigían tiempo y paciencia. Las Olivetti acompañaban oficinas, aulas y despachos; las peñas de trova reunían voces, guitarras y conversaciones; las universidades se convertían en espacios de discusión y confrontación; las instituciones eran escenarios donde se cruzaban las ambiciones personales, las convicciones intelectuales y los intereses del poder. Y, como una sombra periódica sobre la vida cotidiana, estaban las devaluaciones, las crisis económicas y la sensación de que aquello que parecía estable podía desaparecer de un momento a otro.
En medio de ese mundo transita una mujer de inteligencia serena y mirada incisiva.
No necesita levantar la voz para comprender lo que ocurre a su alrededor. Observa. Escucha. Aprende a reconocer aquello que se dice y, sobre todo, aquello que se calla. Su recorrido la lleva por las aulas, los espacios académicos, los pasillos de las instituciones, los círculos sociales y los territorios discretos donde se ejerce el poder.
A través de ella, la novela no pretende reconstruir una época como quien levanta un inventario de acontecimientos, sino recuperar su atmósfera: los gestos, las conversaciones, los silencios, las lealtades, las pequeñas traiciones, las ilusiones y las renuncias de quienes vivieron aquellos años.
Los personajes que la acompañan son figuras reales veladas por la ficción. En ellos se reconoce una generación que enseñó, estudió, escribió, gobernó, obedeció, cuestionó y volvió a comenzar. Hombres y mujeres que, mientras cambiaban las instituciones y se transformaban las universidades, descubrieron que el poder tiene fecha de caducidad, que los cargos terminan, que los decretos se olvidan y que incluso las estructuras aparentemente más sólidas terminan cediendo ante el tiempo.
Pero hay algo que permanece.
La historia es, en el fondo, una reflexión sobre la libertad interior.
Mientras el mundo exterior cambia —las ciudades, las instituciones, la economía, las ideas y las relaciones de poder— la protagonista emprende otra transformación, mucho más íntima: aprender a no quedar atrapada por aquello que pretende definirla.
Porque hay una forma de libertad que no depende de abandonar un lugar, de vencer a un adversario o de conquistar una posición. Es una libertad más silenciosa: la capacidad de conservarse a uno mismo mientras todo alrededor cambia.
Por eso, la escritura se convierte en una de las imágenes secretas de la novela. Escribir sobre el papel deja huella; escribir sobre el agua no. Sin embargo, ambas acciones nacen del mismo impulso: dejar constancia de que algo ocurrió, aunque el tiempo termine borrando sus formas.
Entre Morelia, Guanajuato e Irapuato, entre las aulas y los pasillos del poder, entre la música de las peñas y el sonido seco de una máquina de escribir, se construye así el retrato íntimo de una época y de una mujer que aprende a atravesarla sin perderse en ella.
Una historia sobre el poder y su fugacidad, sobre la memoria y sus silencios, sobre una generación que vio cambiar el mundo sin comprender del todo que también estaba cambiando con él.
Y, sobre todo, sobre la búsqueda de un lugar interior donde la dignidad pueda permanecer intacta.
Un lugar que, como las palabras escritas sobre el agua, nunca puede ser poseído por completo.
Alfredo