17/06/2026
Ixtapan de la Sal: mucho más que aguas termales
Cuando hablamos de Ixtapan de la Sal, no sólo hablamos de balnearios, clima agradable o descanso. Hablamos de una historia antigua, nacida de la relación entre la tierra, el agua y la sal.
Desde época prehispánica, esta región fue reconocida por sus manantiales salinos. El agua, al evaporarse, dejaba cristales de sal que fueron aprovechados por sus habitantes mediante procesos artesanales. Esta sal no era un producto cualquiera: servía para el intercambio, el consumo y también formó parte de las redes tributarias del México antiguo.
Las fuentes históricas señalan que Ixtapan estuvo habitado principalmente por grupos matlatzincas; sin embargo, conviene decirlo con cuidado: no existe una fecha exacta plenamente comprobada para afirmar que “llegaron en el siglo XIII” específicamente a Ixtapan de la Sal. Lo más responsable es hablar de una presencia matlatzinca en la región dentro del amplio contexto prehispánico del Valle de Toluca y sus zonas vecinas.
Un dato muy importante es que la antigua provincia tributaria encabezada por Ocuilan, de la cual formaban parte pueblos de esta región salinera, entregaba grandes cantidades de sal como tributo. En el Códice Mendocino se menciona la entrega de 2,000 cántaros o panes de sal, producto considerado blanco, refinado y valioso.
Por eso, Ixtapan de la Sal no debe entenderse únicamente como destino turístico. Su nombre, su paisaje y su memoria nacen de una actividad ancestral: la producción de sal.
La sal dio nombre, comercio, identidad y raíz a nuestro pueblo.
Fuentes consultadas: FOEM, Ixtapan de la Sal, Pueblo Mágico; INAH, “La sal en la época prehispánica”; Arqueología Mexicana, “Ocuilan, Estado de México”; Códice Mendocino, lámina tributaria de Ocuilan.
Isma Medina