23/03/2026
AMOS: cuando el pasado persigue y el poder se vuelve refugio
En la política mexicana hay algo que nunca falla: los grupos que se resisten a desaparecer. Cambian de discurso, se reinventan, se acomodan… pero siguen ahí. Hoy, ese parece ser el caso del grupo AMOS, cuyos integrantes vuelven a aparecer en escena, no para rendir cuentas, sino —según señalamientos ciudadanos— para buscar refugio en el poder.
Porque cuando el pasado pesa, el poder protege. O al menos eso creen.
En Iztapalapa, cada vez son más las voces que advierten que personajes ligados a este grupo no sólo están activos, sino que ya estarían operando para incrustarse en las filas de Morena. No como un acto de convicción política, sino como una estrategia de supervivencia.
Los nombres se repiten: Eli Homero Aguilar y Jeanett Prieto Villalba. Hoy, curiosamente, se presentan —dicen— como figuras que cuestionan y señalan a otros. Como si el historial no existiera. Como si la memoria colectiva fuera corta.
Pero no lo es.
En el ambiente político local se habla —cada vez con más insistencia— de señalamientos que los persiguen, de versiones que apuntan a presuntas irregularidades, de historias que no han sido del todo aclaradas. No hay sentencias públicas que los condenen, es cierto. Pero tampoco hay explicaciones que convenzan.
Y no es para menos toda vez que en los Reyes La Paz siguen callendo agremiados de AMOS, esta ves Diego N, quien es reconocido por varias víctimas como el sujeto que los amenazó con un arma de fuego para el pago de 500 mil pesos a cambio de salirse de una propiedad privada e invadida por agremiados a AMOS, práctica que Jeanett Prieto a presumido a los cuatro vientos, según ella gracias a eso se hizo de su actual vivienda en Iztapalapa.
Y eso, en política, pesa.
Lo que más indigna no es sólo su reaparición, sino el papel que intentan jugar: el de árbitros morales. Decidir quién es corrupto y quién no, quién sirve y quién sobra. Una narrativa que, para muchos ciudadanos, resulta no sólo contradictoria, sino insultante.
Porque mientras se construyen esos discursos, en paralelo crece la sospecha de que el verdadero objetivo es otro: mantenerse cerca del poder para no quedar expuestos. Blindarse. Diluirse. Sobrevivir.
En ese escenario, también surge un nombre inevitable: la alcaldesa de Iztapalapa, Aleida Alavez Ruiz. Su administración comienza a ser señalada por permitir la cercanía o presencia de estos perfiles que a distancia se sabe son corruptos, ignorantes y malos servidores públicos, para muestra la dirección territorial de Acatitla Zaragoza, la cual está de cabeza y ahora sabemos porque, es por tantas manos metidas, tanto de Nezahualcóyotl, como de Chimalhuacán y Los Reyes, lo que abre una pregunta incómoda pero necesaria: ¿quién está filtrando a quién dentro del gobierno?
Porque si algo ha demostrado la historia política reciente, es que los grupos no desaparecen… se reciclan.
Y cuando eso ocurre sin transparencia, sin rendición de cuentas y sin memoria, el riesgo es claro: que las mismas prácticas regresen con otro nombre, otro partido y el mismo fondo.
Hoy, el grupo AMOS intenta escribir un nuevo capítulo. Pero la duda sigue ahí, creciendo en la conversación pública: ¿es un nuevo comienzo… o el mismo juego de siempre?
La ciudadanía, esa que ya no cree tan fácil, empieza a responder.
Y esta vez, parece que no está dispuesta a olvidar.
Aleida Alavez Ruiz Alcaldía Iztapalapa