12/03/2026
Y en verdad se preguntan ¿por qué siempre estoy hablando de arte, de música, de fotografías o de gente que parece habitar otro ritmo del mundo?
Porque en algún momento alguien se atrevió a crear algo que rompiera la monotonía de los días idénticos. Algo que no estuviera hecho para cumplir horarios, llenar reportes o justificar presupuestos, sino simplemente para existir.
La historia de mis artistas favoritos no comienza conmigo. Comienza mucho antes, con personas que seguramente también se sintieron extrañas en medio de la normalidad obligatoria del mundo. Personas que encontraron en el arte una especie de válvula de escape para la presión absurda de la existencia moderna.
Y entre todos esos universos creativos aparece Ximena Cooper, canta autora —aunque debo confesar que odio esa palabra, porque suena más a etiqueta de catálogo que a una vocación real—. Ximena es, en esencia, un gran diamante en bruto. De esos que todavía no han sido domesticados por la industria ni por los discursos de marketing. Sus canciones tienen esa honestidad rara que parece salir directamente del pecho, sin pasar primero por la oficina de corrección política.
Luego está Sam Skyler.
Gran fotógrafa, jugadora de PC —lo cual ya de por sí dice mucho del carácter de una persona— y narradora de historias anormales. Porque algunas personas cuentan historias para entretener… y otras lo hacen para abrir pequeñas grietas en la realidad. Sam pertenece a esa segunda categoría. Sus fotografías tienen algo inquietante, como si cada imagen fuera un documento de algo que ocurrió justo antes de que el mundo volviera a fingir normalidad.
Después aparece Alex Davulcü, que además de ser un gran ser humano —lo cual ya es un mérito enorme en estos tiempos de egos inflados y biografías ficticias— tiene una fotografía que se parece mucho a lo que en mi cabeza sonaría como un mercurio delgado y salvaje. Algo brillante, inquieto, impredecible. Sus imágenes no buscan agradar; buscan quedarse rondando en la memoria.
Y si hablamos de música, hay que mencionar a Ave Ikez, baterista de Feather Crow y una gran maestra del ritmo. Porque tocar la batería no es simplemente golpear tambores; es construir la columna vertebral de una canción, el pulso que mantiene viva a la criatura musical mientras todo lo demás flota encima.
En esa misma constelación aparece Enessy Von Terim, una de esas voces que parecen capturar el espíritu de una época. No solo canta: interpreta, respira y atraviesa las canciones con una guitarra que suena como si estuviera conversando con el tiempo mismo.
Luego está Sofi Lara, a quien bien podríamos llamar la Gertrude Stein de esta época. Escritora talentosa, voz de oro y una intérprete extraordinaria. Hay personas que dominan una disciplina; Sofi parece moverse con naturalidad entre varias, como si todas formaran parte de una misma conversación artística.
En otro rincón del universo creativo aparece Ledo Danae. Su amor por su revista —y por el acto casi romántico de sostener un proyecto editorial contra todo pronóstico— me hace recordar aquella gran pasión por la literatura que marcó al siglo XX. Esa época en la que editar, publicar y escribir era casi una forma de resistencia cultural.
Después encontramos a Elena Invierno.
El arte hecha mujer. Sus trazos tienen algo escultórico, algo que recuerda inevitablemente a lo que haría Rodin si hubiera decidido cambiar el mármol por el papel. Sus líneas parecen moverse incluso cuando el dibujo está quieto.
Y finalmente está Estela Verde, que con sus chambres y chambritas —palabras que parecen sacadas de una conversación de otra época— se ha convertido en una fotógrafa capaz de cambiar vidas. Porque hay fotografías que solo registran momentos… y otras que transforman la forma en que alguien se ve a sí mismo.
Todos ellos forman parte de esa extraña constelación de artistas que hacen que el mundo cotidiano, ese mundo lleno de burocracia, ruido digital y conversaciones vacías, tenga todavía pequeños espacios donde respirar.
Porque al final el arte sirve para algo muy simple.
Para recordarnos que, a pesar del tráfico, los impuestos, las malas noticias y los días que parecen repetirse como un disco rayado… todavía existen personas capaces de crear belleza en medio del caos.
-Ricardo “Amory”-