20/08/2026
Encontramos algo enterrado y todo cambió en nuestra casa
Hola, Pepe. Soy Franco, tengo 32 años y soy de Pilar, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Lo que voy a contarte ocurrió cuando tenía entre 8 y 12 años. La casa de mis padres, donde actualmente vivo, está cerca del centro de Pilar. En aquella época, aunque estábamos cerca de la ciudad, había pocas casas, las calles eran de tierra y por las noches todo quedaba prácticamente en silencio.
Fue entonces cuando comenzaron a suceder cosas extrañas.
Durante la noche escuchábamos pasos dentro y fuera de la casa. Al levantarnos, encontrábamos objetos fuera de su lugar y otros simplemente desaparecían: llaves, medias, juguetes y cosas pequeñas.
Una tarde, mi hermana menor estaba jugando sola en el patio cuando entró corriendo, llorando y completamente aterrada.
—¡Vi un duende!
Mi mamá tenía un enorme jarrón de barro colocado en el techo de la casa. Tiempo después llegaron unas personas de la religión umbanda para realizar una limpieza. Según nos dijeron, había duendes rondando nuestra casa y, por alguna razón, aquel jarrón los atraía.
Después de la limpieza, los pasos dejaron de escucharse y, poco a poco, comenzaron a aparecer algunos de los objetos que habíamos perdido.
Pensamos que todo había terminado, pero años después ocurrió algo todavía más inquietante.
Somos diez hermanos, y cuando uno de mis hermanos mayores comenzó a limpiar una parte del terreno de mis padres, al remover la tierra encontró fotografías, velas de colores, anillos, cadenas de oro y plata e incluso lo que parecían ser huesos humanos.
Todo fue retirado y tirado a la basura.
A partir de ese momento, el ambiente de nuestra casa cambió. Se sentía una energía muy pesada y comenzaron a presentarse problemas económicos y de salud.
Finalmente llamamos a un sacerdote para que bendijera la propiedad. Al terminar, salió de la casa y nos dijo algo que todavía recuerdo:
Tenía que prepararse, porque ahí había demasiada energía negativa y varias entidades.
Tiempo después regresó y realizó la limpieza.
Desde entonces, jamás volvimos a experimentar algo extraño en esa casa.
Hoy tengo 32 años, sigo viviendo ahí y puedo decir que todo permanece tranquilo. Pero aquellas noches, los objetos desaparecidos y lo que encontramos enterrado en el terreno son recuerdos que nunca voy a olvidar. Terror en palabras autor !!