22/08/2026
Jueves 20 de agosto | Lección 8
LA VICTORIA FINAL SOBRE LA MUERTE
Lee 1 Corintios 15: 54-57. ¿Qué nos dice este pasaje acerca de nuestra victoria definitiva sobre la muerte?
1Co 15:54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.
1Co 15:55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
1Co 15:56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.
1Co 15:57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Pablo comienza el último párrafo de 1 Corintios 15 con una afirmación intrigante: «La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios» (1 Cor. 15: 50). Muchos lectores de la Biblia utilizan esta declaración para decir que Pablo defiende una existencia inmaterial en el cielo. Pero el contexto indica lo contrario. La estructura de 1 Corintios 15: 50 sugiere que el binomio «carne y sangre» es paralelo a «corrupción», del mismo modo que «el reino de Dios» es paralelo a «incorrupción». Al igual que en 1 Corintios 15: 42-49, aquí también Pablo contrasta el cuerpo actual (o incluso el cadáver) con el cuerpo resucitado. El cuerpo sepultado está marcado por la corrupción y la mortalidad, mientras que el cuerpo resucitado se caracteriza por la incorrupción y la inmortalidad (1 Cor. 15: 50, 53-54). En pocas palabras, Pablo está diciendo que nuestros cuerpos deben sufrir una transformación radical para poder heredar el cielo.
En resumen, Pablo utiliza las ideas de corrupción y mortalidad para referirse a nuestra naturaleza pecaminosa. La expresión «carne y sangre» se refiere a la humanidad caída, por lo que nuestros cuerpos deben ser transformados y purgados de toda imperfección en ocasión del regreso de Cristo.
Solo cuando nuestra naturaleza pecaminosa sea eliminada (1 Cor. 15: 54) y pasemos por la experiencia de la glorificación (1 Cor. 15: 51-53; 1 Tes. 4: 13-17) se cumplirá la proclamación: «La muerte ha sido devorada por la victoria» (1 Cor. 15: 54, NVI). Entonces se cantará este himno audaz y desafiante: «Muerte, ¿dónde está tu aguijón? Sepulcro, ¿dónde está tu victoria?» (1 Cor. 15: 55). Todo esto tendrá lugar cuando Cristo regrese (1 Cor. 15: 51-52).
Piénsalo: cerramos los ojos al morir, y lo siguiente que experimentaremos será la segunda venida de Jesús, cuando nos resucite de entre los mu**tos. No importa cuándo haya mu**to un creyente, incluso hace miles de años, «en un instante, en un abrir de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los mu**tos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados» (1 Cor. 15: 52).
¿Quién no se ha lamentado de lo rápido que pasa la vida? Así de rápida nos parecerá la segunda venida de Jesús si morimos antes de que ocurra. Quizá nuestro primer pensamiento al abrir nuevamente nuestros ojos será: «¡Vaya, Señor, ¡tu segunda venida ocurrió realmente pronto!». ¿Cómo nos ayuda esta idea a aceptar mejor lo que algunos consideran un retraso?