27/08/2026
El hedor de la milpa
El aire al pie de la sierra de Tekax se volvía denso y sofocante al filo de las tres de la mañana. Beatriz sospechaba de Doña Chona, una vecina solitaria cuya parcela parecía consumida por una peste a heces y putrefacción que ninguna quema lograbar borrar.
Atraída por el llanto de un recién nacido que resonaba en la milpa, Beatriz avanzó entre los elotes altos con la garganta seca. Al abrirse paso entre los tallos, la luz de la luna nueva iluminó a la mujer mayor parada en el centro de un círculo de ceniza.
Doña Chona comenzó a vomitar borbotones de plumas negras y grasa coagulada mientras su cuello se estiraba de manera antinatural, girando en ángulos de trescientos sesenta grados con el sonido de vértebras molidas entre sí.
Su piel arrugada se volvió escamosa, secándose al instante como la textura de un cadáver expuesto al sol de mayo, mientras la boca se le rasgaba hasta las orejas para transformarse en un pico filoso y chorreante de baba espesa. Convertida en un Way Kot, un ave grotesca de tamaño descomunal con rostro vagamente antropomorfo.
Desplegó unas alas deshilachadas que despedían un polvo tóxico sobre el rostro de Beatriz. La criatura abrió el pico, emitiendo una risa chillona con el tono exacto de Doña Chona, y levantó el vuelo en un aleteo pesado que apagó la linterna de Beatriz, dejándola en una oscuridad absoluta mientras las garras rozaban su cabello.
Recopilación de historias de los municipios de Yucatán