28/07/2026
I La red transexenal de corrupción: el gobierno paralelo en Yucatán
En Yucatán, la política oficial ha convivido durante más de una década con un entramado invisible de poder. Una red de funcionarios, asesores y empresarios que, al margen de los partidos y de los gobernadores en turno, ha operado un gobierno paralelo basado en la práctica de los “moches”: desvío de recursos públicos mediante proyectos simulados o inconclusos. Lo que comenzó en la administración priista de Ivonne Ortega Pacheco (2007-2012) se consolidó a lo largo de cuatro gubernaturas, hasta convertirse en un poder económico y político con capacidad de decidir el rumbo del estado.
El arquitecto inicial fue Ulises Carrillo Cabrera, secretario técnico y luego titular de Planeación y Presupuesto. Bajo su conducción, se diseñó un sistema para gestionar recursos federales mediante expedientes maquillados y obras fantasma. El mecanismo pronto atrajo a empresarios del ramo de la construcción, como los hermanos Millet Encalada, quienes se convirtieron en piezas clave al simular proyectos y entregar sobornos.
La red se sostuvo gracias a funcionarios estratégicos que garantizaron continuidad transexenal:
● Víctor José López Martínez: operador en Ciudad de México, enlace con legisladores y gestor de proyectos ante dependencias federales.
● Juan Gabriel Sánchez Álvarez: responsable de Administración y Finanzas, encargado de priorizar proyectos y blindar el flujo de recursos.
● Lorenzo Albertos Chayt Tur: subsecretario de Presupuesto, facilitador de expedientes autorizados por Carrillo.
● Gaspar Daniel Alemañy Ortiz: consejero jurídico, encargado de dar forma legal a las operaciones y asegurar su viabilidad administrativa.
Cada uno cumplió un rol específico para que los recursos federales llegaran a Yucatán y fueran desviados sin supervisión efectiva.
El esquema se fortaleció con la participación de los legisladores entonces priístas William Sosa Altamira y Liborio Vidal Aguilar, quienes presentaban proyectos federales gestionados por López Martínez. Estos expedientes, aunque muchas veces nunca se materializaban en obras, permitían liberar millones de pesos. Con el tiempo, los Millet Encalada se convirtieron en los principales beneficiarios, acumulando poder económico y capacidad de financiar campañas políticas.
La red sobrevivió a los cambios de partido en el poder:
● Con Rolando Zapata Bello (PRI), Sánchez Álvarez mantuvo el control de Planeación y los desvíos escalaron a nivel macro.
● Con Mauricio Vila Dosal (PAN), los Millet se consolidaron como “reyes del moche”, financiando campañas municipales y estatales.
● Con Joaquín Díaz Mena (Morena), la Secretaría de Finanzas siguió bajo la influencia de Sánchez Álvarez y sus operadores, mientras el gobernador quedó marginado de las decisiones financieras.
El resultado fue un poder paralelo capaz de condicionar políticas públicas y controlar la obra pública en Mérida y otras ciudades clave.
El papel de Gaspar Alemañy fue decisivo: desde distintas posiciones en Planeación, Desarrollo Urbano, el Tribunal de Justicia Administrativa y el Congreso Local, se encargó de dar sustento jurídico a los expedientes y contratos. Su cercanía con Carrillo Cabrera garantizó que los “moches” tuvieran apariencia de legalidad.
La red transexenal no solo desvió recursos millonarios, sino que alteró la dinámica democrática del estado. Al financiar campañas y controlar presupuestos, los operadores del “moche” se convirtieron en árbitros de la política local. Los gobernadores, sin poder real en áreas clave, quedaron reducidos a figuras decorativas frente a un gobierno paralelo con influencia total en decisiones estratégicas.
El caso de Yucatán revela cómo la corrupción puede institucionalizarse y trascender partidos, gobiernos y coyunturas electorales. La red de “moches” muestra que, más allá de los discursos oficiales, existe un poder oculto que condiciona la vida política y económica del estado. Su permanencia durante cuatro administraciones evidencia la fragilidad de los mecanismos de control y la urgencia de una rendición de cuentas real.