18/05/2026
Muchas veces dejamos de pedir porque el miedo nos hace pensar que nada va a cambiar. Dejamos de buscar porque el cansancio nos convence de rendirnos. Y dejamos de tocar puertas porque creemos que nunca se abrirán. Pero este versículo recuerda algo poderoso: Dios no ignora a quien sigue creyendo incluso en medio de la espera. “Pedid, buscad y llamad” no es solo una frase, es una invitación a no detenerte. Porque las personas que siguen avanzando con fe terminan encontrando caminos donde antes solo veían oscuridad. Hay puertas que tardan en abrirse, no porque Dios no escuche, sino porque está preparando algo más grande de lo que imaginabas.