08/06/2026
Después de leer los comentarios de la publicación donde decía que "No todos los alumnos inscritos en CAM tenían que está en CAM" encontré testimonios que merecen ser escuchados. Familias agradecidas con los CAM porque ahí encontraron el apoyo que sus hijos necesitaban. Otras que narran experiencias exitosas en escuelas regulares. Y muchas más que describen algo que se repite una y otra vez: el problema no siempre es la discapacidad, sino las barreras que seguimos construyendo alrededor de ella.
Hay alumnos que requieren una atención especializada y para ellos los CAM representan una respuesta educativa invaluable. Pero también hay estudiantes que, por el simple hecho de tener una discapacidad, son vistos desde el primer momento como alumnos que "deberían estar en otro lugar".
Y es ahí donde debemos detenernos a reflexionar.
Porque no toda discapacidad implica que un alumno requiera educación especial. Tampoco toda escuela regular está preparada para responder a la diversidad de estudiantes que recibe. Sin embargo, la solución no puede seguir siendo trasladar la responsabilidad al alumno.
Durante años hemos escuchado frases como:
"Yo no estoy preparado."
"Es que yo soy maestro de primaria regular."
"Es que a mí no me enseñaron a trabajar con estos alumnos."
Y quizá sea momento de hacernos una pregunta más profunda:
¿Por qué seguimos formando docentes para una escuela que ya no existe?
Si sabemos que la diversidad forma parte de cualquier aula, entonces la formación inicial docente debe replantearse. No basta con agregar un tema sobre inclusión en un programa de estudios. Se necesita construir una mirada distinta sobre la enseñanza, una mirada que reconozca que la diversidad no es una excepción, sino una realidad cotidiana.
Necesitamos docentes que conozcan estrategias, sí. Pero también docentes que desarrollen empatía, sensibilidad, capacidad de escucha y disposición para buscar alternativas cuando un alumno aprende de manera diferente.
Porque ningún maestro puede estar preparado para cada situación específica que encontrará en su carrera. Pero sí puede estar preparado para aprender, adaptarse y responder profesionalmente a la diversidad humana.
Tal vez el verdadero cambio no comienza preguntándonos dónde debe estudiar un alumno.
Tal vez comienza preguntándonos si estamos formando docentes capaces de ver primero a la persona y después a la condición.
Porque cuando conocemos las capacidades de un estudiante, muchas veces descubrimos que los límites no estaban en él, sino en las expectativas que habíamos puesto sobre él.