22/05/2026
En Baja California Sur ya no basta con denunciar daños ambientales. Ahora, hacerlo también puede significar ponerse en riesgo. Así lo advirtió la activista Elizabeth Álvarez Rosas, quien denunció amenazas después de exhibir sobrevuelos de helicópteros y presuntas afectaciones en la reserva de la Sierra La Laguna.
“Yo estoy en peligro”, dijo públicamente. Una frase que, en cualquier democracia funcional, encendería alarmas institucionales. Pero en México suele perderse entre comunicados tibios y silencios convenientes.
La activista responsabilizó políticamente al llamado “Niño Verde”, el senador Manuel Velasco Coello, de las presiones contra el movimiento ambiental que se opone a proyectos y actividades dentro de una de las reservas ecológicas más importantes del país.
¿Y qué está en juego? Nada menos que el agua. Porque la Sierra La Laguna no es solo paisaje para folletos turísticos: es el principal pulmón y una de las mayores zonas de recarga hídrica para La Paz y Los Cabos. Ambientalistas advierten que permitir desarrollos o intervenciones de alto impacto podría abrir la puerta a contaminación de acuíferos, deforestación y presión inmobiliaria sobre una región ya golpeada por el estrés hídrico.
Mientras tanto, el discurso oficial sigue hablando de sustentabilidad. El mismo gobierno que presume agenda verde enfrenta ahora acusaciones de intimidación contra quienes defienden el territorio. Ironías de la política mexicana: los ambientalistas terminan sintiéndose más perseguidos que protegidos.
Ante el clima de tensión, colectivos convocaron a una mega marcha este 31 de mayo en La Paz para exigir la defensa de la Sierra y del agua. Porque en Baja California Sur la pregunta ya no es solo quién quiere explotar la reserva… sino quién está dispuesto a callar a quienes la defienden.