14/07/2026
Pensé que era una simple etiqueta vieja dentro de mi tacón izquierdo , hasta que leí la primera línea y el aire se me fue del pecho.
Metí los dedos dentro de mi zapato izquierdo buscando qué me lastimaba y sentí la plantilla extrañamente despegada. Era sábado por la mañana , mi esposo Fernando se había ido a Monterrey y yo estaba sola probándome su regalo de cumpleaños: unos tacones negros muy elegantes. Al levantar la plantilla por completo, encontré un papelito arrugado y doblado en cuatro partes. Primero creí que era una simple nota de la fábrica , pero al leer la primera línea, sentí que el aire se me iba del pecho. La letra era temblorosa, escrita con una prisa desesperada. Decía claramente: "Auxilio. Me tienen encerrada. Me obligan a atender hombres".
Leí esas palabras una y otra vez, con las manos temblando sobre la orilla de la cama. Abajo, en la sala, se escuchaba la televisión donde mi suegra doña Carmen veía las noticias con su café, ajena a la pesadilla que yo tenía entre las manos. El mensaje incluía una dirección en un sótano y un nombre: Luz Elena Vargas. No era una broma de chamacos, se sentía como el último aliento de alguien que ya no tenía cómo pedir ayuda. Guardé el papelito en mi bolsa con el corazón golpeándome las costillas. El ruido del televisor seguía sonando, pero mi mente ya estaba atorada en esa dirección prohibida.
FUI LA ÚNICA QUE ESCUCHÓ ESE GRITO DE AUXILIO Y ESO ESTUVO A PUNTO DE COSTARME LA VIDA.
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