22/06/2026
La gran mayoría de los países que han implementado padrones teléfonicos estrictos con o sin recabación de datos biométricos, no han logrado frenar la delincuencia; al contrario, abrieron la puerta a mercados negros de venta desmedida de chips ilegales y robo de identidad.
Y hay un par de casos que vale la pena destacar:
1.- China: es el ejemplo que el gobierno mexicano quisiera citar, pero que en una democracia es casi imposible y también indeseable replicar por el nivel de vigilancia estatal.
Desde 2019, este país implementó de manera obligatoria el reconocimiento facial para cualquier persona que compre un teléfono o contrate una línea. El proceso se realiza a través de un software que escanea el rostro y lo contrasta en tiempo real con la base de datos de identidad del Ministerio de Seguridad Pública, logrando que la línea quede amarrada al "crédito social" del ciudadano.
Sí redujo drásticamente el anonimato y dificultó las estafas telefónicas tradicionales dentro de sus fronteras pero con un costo alto: el control absoluto del Estado sobre las comunicaciones de los ciudadanos y la pérdida total de la privacidad.
2.- Pakistán: es tal vez el caso que más se asemeja a lo que busca México en cuanto a mercados masivos de prepago y problemas de extorsión.
Tras un grave atentado en 2014, el gobierno pakistaní ordenó que en menos de 90 días, todos los usuarios de telefonía móvil debían registrar sus huellas dactilares en quioscos biométricos conectados con la Autoridad Nacional de Bases de Datos (NADRA), logrando bloquear más de 25 millones de líneas que no se verificaron.
Y aunque, inicialmente hubo una baja de incidencia de grupos criminales que usaban chips desechables, aplaudible por la sociedad. Al poco tiempo, la delincuencia mutó y comenzaron a usar líneas e identidades robadas de ciudadanos, o realizar las extorsiones mediante llamadas VoIP saltándose la red telefónica celular. ¿Te suena conocido?
La Asociación Global de Operadores de Telefonía (GSMA) ha publicado múltiples estudios demostrando que no hay una correlación real entre la existencia de un padrón biométrico y la baja de los índices criminales.
Los delincuentes simplemente dejan de usar llamadas normales y migran a llamadas por WhatsApp, Telegram, números virtuales internacionales o chips extranjeros en roaming.
Al final, como puedes entender, el procedimiento solo termina complicándole la vida al ciudadano de a pie, dejándolo vulnerable a que le roben su identidad digital, mientras que la delincuencia organizada sigue operando con total impunidad.