01/09/2026
EL DISCO QUE SE CONVIERTE EN MEMORIA
ÁLBUM: Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes
AÑO: 1990
INTÉRPRETE: Juan Gabriel
El pasado 28 de agosto, el Divo de Juárez cumplió diez años de haber dejado este mundo para convertirse, como sucede con los grandes, en parte de la memoria colectiva. Juan Gabriel dejó un legado enorme y, con el paso del tiempo, su música ha terminado ocupando ese lugar reservado para los clásicos de un México que poco a poco se nos fue.
Para conmemorar esta década de su ausencia, Sony Music reeditó aquella histórica presentación en el Palacio de Bellas Artes, un álbum doble que el próximo 20 de diciembre cumplirá 36 años de su primera edición.
Y este disco tiene una historia que va mucho más allá de las cuatro fechas consecutivas que Juan Gabriel ofreció en mayo de 1990, o de aquella polémica que provocó que un artista popular pisara uno de los escenarios culturales más importantes de nuestro país. Hubo quienes lo consideraron una profanación, otros lo vieron como un insulto, Juan Gabriel simplemente hizo lo que mejor sabía hacer: cantar, y el tiempo terminó poniendo las cosas en su lugar.
Pero yo no puedo escuchar este disco sin llevarlo a otro territorio. El mío.
Porque cuando me pregunto qué significa Juan Gabriel para los mexicanos, no sé qué respondería el resto de mis paisanos. En mi caso, la respuesta comienza en la infancia y tiene una historia familiar de por medio.
Esta presentación me recuerda una época en la que mis padres atravesaban una separación. De hecho, existía un cassette de esta misma presentación, también doble, y terminó ocurriendo algo que hoy me parece casi simbólico: se lo dividieron para que cada quien se quedara con un pedazo de historia. Una cinta partida en dos, como aquella familia. Quizá por eso algunas canciones nunca son solamente canciones.
Años después, aquel medley de casi media hora terminó formando parte de uno de los CD recopilatorios que yo mismo armaba cuando todavía quemábamos discos. Era otra etapa importante de mi vida. Trabajaba en Gigante, aquella cadena de tiendas de autoservicio que hoy ya desapareció, y buena parte del soundtrack de aquellos días estaba compuesto por las canciones de aquel hombre nacido en Parácuaro, Michoacán.
Cuando encontré aquella presentación en CD no dudé en comprarla, después hizo lo suyo la melomanía. Llegó el vinilo de época, llegaron las cintas y, recientemente, esta nueva edición con sus surcos en color constelación dorado translúcido, publicada para conmemorar los diez años de su partida.
Y aquí estoy otra vez.
Frente a una tornamesa, escuchando la misma historia desde otro formato, primero fue un cassette dividido entre dos personas, después un CD armado en una computadora, ás tarde un vinilo buscado como pieza de colección y ahora una nueva edición que vuelve a poner aquella música sobre el surco.
Eso es lo maravilloso de los discos, que pueden acompañarte durante distintas versiones de tu propia vida, los formatos cambian, las personas cambian, las familias cambian, las ciudades cambian, pero algunas canciones permanecen.
Y quizá por eso Juan Gabriel seguirá siendo parte importante de nuestra vida. No solamente porque haya dejado una obra enorme, sino porque cada uno de nosotros tiene una canción suya asociada a algún momento que no queremos (o no podemos) olvidar. Hay discos que forman parte de una colección y hay discos que forman parte de una vida. Este, definitivamente, es de los segundos. Dale play.
Ahí vamos…