30/09/2026
A los 6 meses de embarazo, Lucía Ferrer descubrió que su marido no solo quería divorciarse de ella: necesitaba su firma antes de que alguien descubriera lo que había hecho con la empresa de su familia.
La cena debía celebrar su 7.º aniversario de boda en un reservado de un elegante restaurante frente al Retiro, en Madrid.
La reserva era a las 20:00.
A las 20:37, Álvaro Montes apareció con un traje oscuro y un sobre bajo el brazo.
No la besó.
Ni siquiera miró el pequeño regalo que Lucía había dejado junto a su plato.
Se sentó, abrió el sobre y deslizó unos documentos hacia ella.
—Firma.
Lucía leyó la primera página.
SOLICITUD DE DIVORCIO.
Instintivamente, apoyó una mano sobre su vientre.
—Estoy embarazada de 6 meses.
Álvaro se sirvió una copa de cava.
—Lo sé.
—Este hijo lo buscamos juntos.
—Buscamos salvar un matrimonio que ya estaba mu**to.
Lucía pasó las páginas con los dedos temblando.
Tenía 10 días para abandonar el ático donde vivían.
Había cláusulas de confidencialidad, renuncias patrimoniales y una sección interminable sobre activos vinculados a Grupo Ferrer Atlántico, la compañía fundada por el padre de Lucía.
—¿Quieres echarme de casa en 10 días?
—No es tu casa. Pertenece al grupo.
—Llevamos 3 años viviendo allí.
Álvaro bebió tranquilamente.
—Claudia lo necesita.
Lucía dejó de respirar durante un instante.
—¿Claudia Serrano?
El silencio de Álvaro fue suficiente.
Claudia era asesora externa del grupo.
Y, desde hacía meses, Lucía sospechaba que también era su amante.
—¿Vas a instalarla en nuestra casa?
—No montes un espectáculo.
Álvaro colocó una pluma junto a los documentos.
—Firma y acabemos con esto civilizadamente.
Lucía la tomó.
Entonces la puerta del reservado se abrió de golpe.
Rafael Ferrer, su padre, entró acompañado por Irene Vidal, abogada externa del consejo de administración.
Álvaro se puso en pie.
—¿Qué demonios hacéis aquí?
Rafael dejó una carpeta sellada encima del convenio de divorcio.
—Vengo a preguntarte por qué das 10 días a mi hija embarazada para desaparecer.
—Esto es privado.
Irene negó con la cabeza.
—Dejó de serlo cuando mezclaste el divorcio con operaciones de la empresa.
Álvaro palideció.
Rafael abrió la carpeta.
Álvaro intentó arrebatársela.
—¡No abras eso!
Demasiado tarde.
La primera hoja mostraba transferencias a una consultora llamada Serrano Integración Estratégica.
Total abonado:
3.180.000 €.
Lucía dejó lentamente la pluma sobre la mesa.
Pero Irene sacó otro documento.
Era la página 29 del acuerdo de divorcio.
Había una cláusula marcada en rojo.
—Lucía —dijo—, esto no pretende únicamente terminar tu matrimonio.
Álvaro se quedó inmóvil.
Irene levantó la vista.
—Tu firma eliminaría uno de los últimos obstáculos para una operación de 112.000.000 €.
Y entonces Lucía comprendió algo aterrador.
Álvaro no había elegido aquella noche para abandonarla por casualidad.
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