05/09/2026
𝑫𝒆𝒍 𝑻𝒊𝒏𝒕𝒆𝒓𝒐...
𝐒𝐄 𝐌𝐄𝐓𝐈𝐄𝐑𝐎𝐍 𝐂𝐎𝐍 𝐏𝐀𝐂𝐎. 𝐏𝐄𝐑𝐎 𝐒𝐄 𝐋𝐄𝐒 𝐎𝐋𝐕𝐈𝐃Ó 𝐐𝐔𝐄 𝐄𝐒𝐓𝐀𝐁𝐀𝐍 𝐄𝐍 𝐉𝐔𝐂𝐇𝐈𝐓Á𝐍
𝑷𝒐𝒓 𝑴𝒂𝒓𝒕í𝒏 𝑮ó𝒎𝒆𝒛 𝑮.
Hay errores políticos.
Hay torpezas administrativas.
Y luego están esas maravillosas ocurrencias gubernamentales en las que alguien, cómodamente sentado detrás de un escritorio, toma una decisión sin tener la menor idea del avispero en el que está metiendo la mano.
Lo ocurrido este viernes en Juchitán de Zaragoza pertenece a esa última categoría.
Desde Oaxaca llegaron funcionarios del Heroico Cuerpo de Bomberos con documentos para separar de su responsabilidad a Francisco “Paco” Vázquez Jiménez y a otro elemento de la corporación.
En el papel seguramente se veía perfecto: Llegar, notificar, mover algunas piezas del organigrama y regresar a Oaxaca con la satisfacción del deber cumplido.
Olvidaron un pequeño detalle: se les olvidó que estaban en Juchitán.
Y eso resulta particularmente extraño porque no hace mucho el propio gobernador de Oaxaca soltó una frase que define bastante bien la relación de esa ciudad con el poder:
“A Juchitán se le cuece aparte”.
Pues parece que el viernes, por algunas horas, en el Gobierno del Estado se les olvidó hasta dónde habían guardado la olla.
Porque Juchitán es Juchitán.
Una ciudad profundamente zapoteca, orgullosa de su identidad, que oficialmente no se gobierna mediante usos y costumbres, pero donde existe algo que ninguna ley electoral consigue explicar del todo: el juchiteco difícilmente acepta que alguien llegue desde fuera a imponerle aquello que considera injusto.
En el Istmo eso se aprende rápido.
Cuando una comunidad considera que una autoridad se pasó de la raya, primero reclama. Después protesta. Luego aparece una carretera cerrada.
Y si el funcionario todavía piensa que está tratando con gente que mansamente esperará respuesta dentro de treinta días hábiles, probablemente aún no comprende en qué parte de Oaxaca se encuentra.
Los bloqueos en la Transístmica se han convertido, para bien o para mal, en una especie de idioma regional para decirle al poder: “Ahora sí me vas a escuchar”.
Y este viernes decidieron meterse con algo particularmente delicado: Sus bomberos.
Pero, sobre todo, se metieron con Paco Vázquez. Y para entender el tamaño del error hay que conocer la historia.
Paco no llegó a administrar una estación que alguien le hubiera entregado funcionando. Paco tuvo la iniciativa y, sobre todo, tuvo los arrestos para comenzar el esfuerzo de crear el Heroico Cuerpo de Bomberos de Juchitán.
Porque ideas tenemos todos. Lo difícil es levantarse de la silla y hacerlas realidad.
A finales de la primera década de este siglo, cuando la necesidad de contar con bomberos propios comenzó a tomar forma, Paco asumió el reto, encabezó esfuerzos, buscó recursos, gestionó apoyos y tocó puertas.
No había estación.
No había una flotilla esperando.
No había presupuesto abundante.
Lo que sí había era una necesidad y alguien dispuesto a echarse el problema encima.
Y así comenzó una historia que tiene una de esas imágenes capaces de resumirlo todo: los primeros bomberos de Juchitán llegaron a operar prácticamente bajo la sombra de un árbol de huanacaxtle.
Desde ahí atendían servicios.
Desde ahí salían cuando alguien necesitaba ayuda.
Después vinieron instalaciones.
Vehículos.
Ambulancias.
Equipo.
Capacitación.
Más elementos.
Y una corporación que terminó siendo referencia para buena parte del Istmo.
Nada de eso apareció por generación espontánea.
Hubo gente detrás.
Hubo ciudadanos.
Hubo apoyos.
Y hubo un hombre empujando aquel proyecto desde su nacimiento: Francisco Vázquez Jiménez.
Por eso resulta hasta cómico imaginar que alguien pensó que bastaba llegar muchos años después con un oficio para explicarles a los juchitecos quién debía encabezar aquello que ellos mismos habían visto nacer.
Yo conocí a Paco durante mi paso por el Istmo de Tehuantepec como reportero de TV Azteca. No necesito que nadie me cuente quién es.
Es trabajador.
Responsable.
Formal.
Un buen hombre.
Pero existe una cualidad que puedo afirmar por encima de todas las demás y sin titubeos: Paco Vázquez es un tipo hecho de una sola pieza y esa pieza se llama honestidad.
Y por esa afirmación sí metería las manos al fuego sin dudarlo.
Seguramente habrá algunas cuantas voces -muy pocas- diciendo lo contrario.
Siempre aparecen.
Después de todo, la ignorancia también tiene acceso a Facebook.
Yo hablo de lo que conozco.
Y a Paco lo conozco.
Por eso resulta todavía más absurdo observar cómo una trayectoria así estuvo a punto de reducirse a un procedimiento administrativo cuya explicación pública nunca estuvo a la altura del conflicto que provocó.
Paco señaló desde el principio las inconsistencias del procedimiento y sostuvo que detrás de aquellas decisiones existía la intención de retirarlo de la corporación.
También puso sobre la mesa una pregunta bastante incómoda:
si desde Oaxaca existe tanto interés en ejercer autoridad sobre Bomberos Juchitán, ¿dónde aparece esa misma autoridad cuando hay que resolver combustible, mantenimiento, reparaciones y las necesidades cotidianas de la estación?
Porque para mandar siempre aparece alguien.
Para pagar la gasolina, misteriosamente se reduce la fila.
Para firmar un oficio sobran funcionarios.
Para conseguir una ambulancia ya no levantan tantos la mano.
Pero el viernes ocurrió algo que cualquier funcionario con un poquito de conocimiento del Istmo habría podido anticipar:
Juchitán cerró filas.
Llegó la gente.
Llegaron ciudadanos.
Llegaron sectores de la sociedad.
Los bomberos se mantuvieron firmes.
Hubo funcionarios estatales que permanecieron dentro de la estación.
Aparecieron los bloqueos.
La Transístmica volvió a convertirse en mesa de negociación, porque por estos rumbos algunas veces el diálogo institucional curiosamente comienza cuando dejan de circular los tráileres.
¿Está bien?
¿Está mal?
Esa discusión merece otra columna.
Lo relevante es que así se manifiesta muchas veces la resistencia social en el Istmo, y pretender intervenir en una institución tan arraigada sin entender dónde se estaban metiendo fue una torpeza monumental.
Y aquí es donde vuelven a cobrar sentido aquellas palabras del propio gobernador:
“A Juchitán se le cuece aparte”.
Tenía razón.
El problema es que el viernes por la mañana aparentemente a su propio gobierno se le olvidó.
Pasaron las horas.
Creció la tensión.
Las carreteras permanecieron bloqueadas.
La gente no cedió.
Los bomberos tampoco.
Y entonces empezó a caer la noche.
Después llegó la madrugada.
Y alrededor de la una de la mañana de este sábado 5 de septiembre, parece que en algún lugar del Gobierno del Estado ocurrió un fenómeno extraordinario:
Alguien recuperó la memoria.
Recordaron que era Juchitán.
Recordaron aquello de que “se le cuece aparte”.
Y echaron reversa.
Finalmente fueron entregados los oficios mediante los cuales quedaron confirmados nuevamente Paco Vázquez y el otro elemento cuya separación había detonado todo el conflicto.
Después de horas de tensión.
Después de bloqueos.
Después de funcionarios retenidos.
Después de tener a una ciudad encabronada.
Después de poner a una corporación de emergencia en medio de una crisis.
Terminaron prácticamente donde habían comenzado.
Eso sí es dar una vuelta completa para descubrir que la puerta estaba enfrente.
Quizá la próxima vez podrían recurrir antes a una novedosa herramienta administrativa.
Se llama: diálogo.
Porque aquí nunca estuvo en discusión que las instituciones deban tener reglas.
Claro que deben tenerlas.
Ni que una persona deba permanecer eternamente en un cargo.
Nadie permanece para siempre.
El asunto es otro.
Hay formas.
Hay historia.
Hay contextos.
Y existen personas cuya trayectoria merece, por lo menos, que antes de intentar quitarlas mediante un oficio alguien se tome la molestia de averiguar qué hicieron para que esa institución exista.
Paco no recibió Bomberos Juchitán terminado y con las llaves puestas.
Ayudó a crearlo.
Lo empujó.
Lo gestionó.
Lo vio crecer desde cuando prácticamente tenía como techo las ramas de un huanacaxtle.
Y muchos años después alguien creyó que podía llegar desde Oaxaca con unos papeles a resolver su historia en unos cuantos minutos.
No conocían a Paco.
Pero, sobre todo, no calcularon a Juchitán.
El gobernador sí lo sabía.
Él mismo lo había dicho: “A Juchitán se le cuece aparte”.
El viernes por la mañana a su gobierno se le olvidó.
Para la madrugada... ya se había acordado.
Padiuxhi mbale.