05/02/2026
El matrimonio de Yiye Ávila es uno de esos testimonios silenciosos que sostuvieron un ministerio poderoso.❤️
Yiye se casó con Mirna Ávila, una mujer firme, discreta y profundamente entregada a Dios. Cuando él comenzó a predicar con intensidad por Puerto Rico y luego por toda América Latina, su vida se convirtió en viajes constantes, campañas multitudinarias y largas ausencias del hogar. Pero detrás del evangelista que llenaba estadios, había una esposa que oraba, cuidaba su casa y protegía la unidad familiar.
No fue un camino sin pruebas. Hubo momentos de presión, críticas, cansancio físico y espiritual. Yiye sufrió graves problemas de salud en su juventud que marcaron un antes y un después en su llamado ministerial. En todo eso, Mirna fue apoyo inquebrantable. Mientras él levantaba altares en las naciones, ella levantaba un altar de oración en casa.
Con los años, el matrimonio mostró algo muy poderoso: no solo se puede tener un ministerio grande, también se puede tener un matrimonio firme. Permanecieron juntos hasta la vejez, demostrando que el éxito público no sirve de nada si se pierde el hogar.
La gran enseñanza que nos dejó su matrimonio:
El ministerio no sustituye la familia.
El llamado de Dios nunca debe destruir el primer llamado: el hogar.
Detrás de un hombre de Dios hay una mujer que ora.
No siempre en la plataforma, pero siempre en el propósito.
La fidelidad en lo privado sostiene lo público.
La unción se ve en el altar, pero el carácter se prueba en casa.
El amor maduro se construye con sacrificio.
No fue emoción pasajera, fue pacto, compromiso y perseverancia.
Yiye predicó a multitudes sobre el arrepentimiento y la santidad, pero su matrimonio predicó otro mensaje igual de fuerte:
que servir a Dios y amar bien a tu cónyuge no son caminos separados, sino el mismo camino recorrido con fidelidad.