20/08/2026
El valor de una mujer no está en si está soltera, casada, con hijos o sin hijos, si es divorciada, madre o esposa, ni en si decide quedarse en casa cuidando y criando.
Acabo de ver este documental y me duele en el alma. Me hizo pensar en cómo el vacío y el deseo de formar una familia, cuando dejan de ser un deseo natural y se convierten en una obsesión, pueden llevarnos a lugares muy oscuros.
Aunque formar una familia es algo que Dios diseñó, no todos tenemos el privilegio de vivirlo de la misma manera. Y existe tanta presión de la pareja, de la sociedad y hasta de la propia familia, que en este caso una mujer llegó al punto de cometer un crimen: robarse a una bebé para cumplir su deseo de ser madre de un hijo propio junto a su marido.
Ella incluso llega a fingir un embarazo. Come grandes cantidades de comida hasta hacer crecer su abdomen para que los demás crean que está embarazada. Todo esto muestra hasta dónde puede llevarnos la desesperación cuando sentimos que nuestra vida no cumple con lo que se supone que debería ser.
Después de pasar varios años en la cárcel, cuando ella sale, su esposo decide separarse porque ella acepta que no puede tener hijos. Él tiene una aventura y tiene un hijo con otra mujer. Después regresa con ella, casi como diciendo: “No me serviste para tener hijos, pero quiero estar contigo; déjame irme con otra para tener un hijo y después regreso contigo”. Y, lamentablemente, ella lo acepta y continúa su vida a su lado, ahora con el hijo que él tuvo con otra mujer.
Las mujeres no somos cosas. Tenemos un alma, tenemos deseos y tenemos sueños, pero no siempre las cosas van a suceder como las anhelamos.
Tenemos que aprender a aceptar nuestra realidad. Algunas no pueden tener hijos, otras pueden tenerlos pero tienen que atravesar procesos muy difíciles para lograrlo. Algunas tuvimos que aprender a ser madres solteras y sacar adelante a nuestros hijos. Algunas tuvimos que reconstruir nuestra vida y formar una familia restaurada y reconstruida. Otras simplemente están solas y son plenas y felices.
Y también hay mujeres que deciden no casarse ni tener hijos, sino ser empresarias, perseguir sus sueños, cumplir sus ambiciones y construir la vida que desean. Y eso tampoco está mal.
Cada mujer tiene una historia, una realidad y un camino diferente.
Ninguna de esas circunstancias nos hace menos ni más valiosas que las demás.
Nuestro valor no depende de nuestro estado civil, de nuestra maternidad, de tener una pareja, de formar una familia o de cumplir las expectativas de nadie. Nuestro valor está en quiénes somos.