06/07/2026
"¿Y si sí?"
Columna: El sociologo gradista.
06/07/2026.
No sé exactamente qué me dejó la derrota de México.
Llevo todo el día pensando que debería estar escribiendo sobre la FIFA, sobre el Mundial, sobre los gobiernos que aprovecharon el torneo para presumir obras que durante años no hicieron, sobre las colonias que taparon, sobre todo eso que llevo meses diciendo y repitiendo.
Pero la verdad es que no he podido pensar en nada de eso, hay otra cosa dándome vueltas en la cabeza, creo que hasta cierto punto me pone incómodo.
Antes del partido, durante la semana, vi videos de la gente intentando entrar al Fan Fest. Personas brincando vallas, empujándose, buscando cualquier forma de pasar. Los vi como "de lejitos" dirían.
Pero ayer, después de que México perdió, me sorprendí pensando una tontería, o quizá no es una tontería. Pensé que, si hubiera estado ahí, probablemente habría estado más cerca de brincar una de esas vallas que de acompañar a una madre buscadora en una jornada de búsqueda.
Cuando lo pensé, sentí como después de un chingazo en el estómago.
Porque llevo años leyendo sobre desaparecidos, he ido a conversatorios, he escrito sobre violencia, he compartido publicaciones, he tenido discusiones larguísimas sobre el tema. Y aun así, si soy completamente honesto al decir que, la emoción que me produjo el mundial estuvo mucho más cerca de moverme físicamente que muchas de las causas que supuestamente considero importantes.
No me gusta admitirlo, pero creo que es verdad.
Y quizá por eso también terminé escribiendo esta columna, porque hace mucho que no escribía algo así.
Hace mucho que no me sentaba frente a la computadora solamente para intentar entender una sensación.
Hubo un tiempo en que escribía constantemente. Sobre sociología, sobre fútbol, sobre la ciudad, genero, masculinidades, sobre cualquier cosa que me estuviera dando vueltas en la cabeza. Si, reconozco que también veía los números. Veía cuánta gente leía, compartía o discutía los textos. A veces pensaba que desde ahí podía existir algún tipo de incidencia.
Con el tiempo, como se dice en el medio, iba "cazando la nota" y al cubrir las protestas por el tarifazo con mi cámara, me fui acercando más a colectivos, organizaciones y espacios activistas. Y aunque aprendí muchísimo ahí, también creo que poco a poco fui dejando de escribir desde este lugar. Como si la acción fuera siempre más importante que la reflexión. Como si escribir fuera insuficiente.
Y ayer me pregunté si también me había dejado llevar por una especie de energía colectiva que confundí con organización cuando en realidad era otra cosa. Porque viendo a miles de personas reunidas alrededor del Mundial entendí que una parte de mí también extrañaba eso, la sensación de estar dentro de algo más grande, de una conversación compartida, de una emoción colectiva.
Muchas veces me pregunté si valía la pena seguir escribiendo, y me resulta curioso que haya sido una derrota de México la que me hiciera volver a sentarme frente al teclado.
No para explicar nada, ni para tener una postura super revolucionaria, sino porque había algo que no me podía sacar de encima.
Durante semanas vi gente organizándose para ver partidos, vi grupos enteros ponerse de acuerdo, vi familias reunirse, vi amigos que no se hablaban desde hace meses mandarse mensajes, vi gente salir antes del trabajo para alcanzar el juego.
Vi personas hacer filas enormes bajo el sol, a miles reunidos en una misma emoción, y lo raro es que yo también estaba ahí. Fíjense, nunca fui al fan fest, más por cansancio y flojera que por "postura política".
Porque sería muy fácil escribir esto como si estuviera hablando de otros, como si yo hubiera sido el observador crítico que todo lo analiza desde afuera y no me hubiera puesto a buscar los juegos en páginas de dudosa procedencia después de cerrar como 50 pestañas de anuncios sobre p***o y casinos.
*Es brazzino, el juego de esta...
Pero no.
Les digo que yo también andaba viendo horarios, revisando resultados.
Yo también me encontré haciendo cuentas absurdas sobre los rivales que venían después, yo también pensé, aunque fuera por momentos:
¿Y si sí?
Y eso es lo que me incomoda.
Porque siempre nos dicen que la gente no participa, que la gente no se organiza, que la gente no sale, que vivimos encerrados en nosotros mismos, luego ves miles de personas intentando entrar a un Fan Fest y entiendes que quizá el problema nunca fue la apatía.
La energía existe, las ganas de reunirse existen, la necesidad de sentir que uno forma parte de algo existe, eso está ahí.
Lo vimos todos, lo que no entiendo es por qué aparece con tanta fuerza para unas cosas y con tanta dificultad para otras. No tengo una respuesta, y tampoco quiero fingir que la tengo, porque además sería hipócrita. He conocido movimientos sociales llenos de gente admirable, y también he conocido espacios donde la gente se destruye entre sí. He visto solidaridad verdadera, y también he visto ego, castigos y pequeñas luchas de poder disfrazadas de causas nobles.
Por eso tampoco puedo refugiarme en la idea de que todo se resolvería si la gente dejara de ver fútbol y se fuera a marchar, no creo que funcione así.
Lo único que sé es que ayer vi a miles de personas emocionadas por algo que sabían que probablemente terminaría mal. Porque, seamos honestos, todos conocemos la historia, sabemos cómo suelen terminar estos torneos, quiénes suelen levantar la copa, quiénes tienen más dinero, mejores ligas, mejores estructuras.
Y aun así creemos, o por lo menos queremos creer, quizá por eso me pegó la eliminación, no porque pensara que México iba a ser campeón, ni porque realmente creyera que esta vez era diferente, me pegó porque durante unas semanas sentí algo que no aparece tan seguido.
La sensación de que mucha gente estaba mirando hacia el mismo lado y tú quieres voltear, aunque sea una vez.
Hoy sigo pensando en esas personas brincando las vallas del Fan Fest, y sigo pensando en mí, porque la verdad es que no estoy seguro de qué me dice eso sobre el país, pero sí me dice algo sobre mí.
Me dice que todavía necesito creer en algo, y que, por más discursos que uno tenga encima, por más lecturas, por más críticas, por más análisis, a veces termina corriendo detrás de la misma ilusión que corre todo el mundo.